Política económica con la impronta "K"

PANORAMA ECONOMICO por José Calero. Será más difícil para Kirchner adjudicarse los éxitos y endilgar a Miceli los fracasos.

04 Diciembre 2005

BUENOS AIRES.- Néstor Kirchner se convenció tras el éxito electoral de que su administración tenía el oxígeno necesario para borrar el último vestigio de duhaldismo que le quedaba en el gabinete y disciplinar la política económica en torno a su figura.
La audaz jugada de desplazar a Roberto Lavagna brindaría, a largo plazo, el ya indisimulado objetivo de alcanzar la reelección en 2007, pero encierra riesgos vinculados a los tropezones que puede sufrir la Argentina en materia económica.
Si bien Felisa Miceli seguirá siendo, como el resto del gabinete, un fusible del presidente de la Nación, queda más evidente en esta nueva etapa que las decisiones económicas las adoptará el propio Kirchner.
Es decir, será más difícil para el Presidente adjudicarse el padrinazgo de los éxitos y endilgar a su ministra de Economía los fracasos, como pareció hacerlo con Lavagna, que tras batallar con hitos clave como la renegociación de la deuda, parece, según la óptica de algunos funcionarios del "riñón K", que debió irse por no acertar en poner en caja la inflación.
Es cierto que al ex ministro de Economía le complicó su gestión el alza de precios de los últimos meses, pero también lo es que el año cerrará con un costo de vida del 11%, en línea con los recálculos presupuestarios.
Es obvio que hubo algo más que eventuales desaciertos en la lucha contra la inflación en la partida de Lavagna, quien a mediano plazo podía convertirse en un competidor político de Kirchner.
Como clara señal de que no apelará a espectacularidades en su gestión, Miceli buscó dar claras señales de continuidad en la conformación del gabinete económico.
En un hecho inédito, ratificó a cuatro secretarios de su antecesor, incluido a quien en algún momento jugó el rol de viceministro, el titular de Política Económica, Oscar Tangelson, un hombre de sólido diálogo con los organismos internacionales.
También confirmó a Miguel Peirano en el área de Industria, un hombre que supo tender canales de diálogo propios con el mismísimo Kirchner y que tiene un respaldo sin fisuras entre las huestes fabriles.
La continuidad de Carlos Mosse en la Secretaría de Hacienda refleja que el Gobierno está conforme con el manejo de las cuentas públicas, y que se continuará en el camino de consolidar el superávit fiscal.
Más discutida estuvo la decisión de confirmar a Miguel Campos en la Secretaría de Agricultura, pero finalmente Miceli optó por no complicarse en ese terreno donde habrá mucho que batallar con los sectores cárnicos y los productores del agro.
Para que le maneje la parte legal, Miceli optó por una mujer de su estrecha confianza, Estela Palomeque, mientras que para la estratégica secretaría de Finanzas escuchó el consejo de Kirchner y la aceptación del mercado, al nombrar a Alfredo Mac Laughlin, quien deberá lidiar con el FMI.
El acuerdo que le arrancaron a SanCor y el apoyo que ya habían obtenido de La Serenísima le permite a la nueva ministra iniciar con el pie derecho su gestión en el será su principal objetivo: poner a raya los precios.
Quedó claro que Kirchner se involucrará directamente en este tema y respaldará a su ministra, a tal punto de participar codo a codo en esas reuniones con empresarios, que continuarán con otros sectores de la economía, como el de las carnes.
Otra de las patas en las que se asentará la política económica será el apoyo financiero para fortalecer el aparato productivo, donde Miceli trabajará codo a codo con Ricardo Lospinnato, nuevo titular del Banco Nación y tal vez el hombre más cercano al pensamiento de la nueva ministra.
Miceli cree que aún hay mucha tela para cortar en materia de medidas para apoyar al aparato productivo, y hacia allí apuntará con fuerza.
El otro gran objetivo será seguir acumulando reservas, una idea en la que existiría sintonía entre Miceli y el titular del Banco Central, Martín Redrado, aunque habrá que ver si las urgencias políticas del presidente son las mismas que los "tiempos técnicos" de la autoridad monetaria.
Es que Kirchner está obsesionado con la idea de deshacerse del Fondo pagando la deuda que, en la actualidad, asciende a U$S 9.000 millones.Constituiría un espaldarazo extraordinario para su gestión, ya que sería la primera vez que la Argentina deja de deberle plata al FMI en los últimos 35 años. (NA)

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