Líder, una palabra inglesa devenida internacional, significaba en inglés antiguo "conducir a los viajeros por el camino". El liderazgo, la conducción de personas a través de situaciones impredecibles, de incertidumbre y de riesgo, sigue manteniendo el significado original. Hay consideraciones sobre el liderazgo que contradicen la percepción personal: no se lidera en la seguridad, no se lidera en la comodidad, no se lidera con la certeza; el liderazgo es un ejercicio que requiere capacidad para manejarse con tranquilidad en la inseguridad y en la ambigüedad, agravado en los últimos tiempos con el aumento de velocidad de los cambios que se dan en el mundo, y sobre todo en el mundo de las organizaciones. Los líderes se denominan también coordinadores, o facilitadores, y en los últimos tiempos una palabra inglesa está sonando con un plus de significado: el couch, que es un liderazgo especial, con connotaciones personalizadas.
El líder, a diferencia del jefe, necesita cumplir dos premisas: debe realizar la tarea, y debe hacerlo con personas que están a su cargo. Si la tarea está hecha, pero es el jefe quien la hizo, hay una dificultad de liderazgo; si las personas están conformes, pero la tarea pasa a segundo plano, es un buen amigo, pero sus condiciones de jefatura son pobres.
Para realizar estas dos condiciones, el líder debe plantearse cumplir con cuatro procesos básicos:
1. Supervisión de la tarea
2. Integración de equipos
3. Manejo de cambios
4. Manejo del conflicto
Y esto requiere del manejo de ciertas habilidades que se convierten en herramientas imprescindibles de un líder:
1. Comunicar
2. Capacitar
3. Involucrar
4. Decidir
5. Delegar
6. Negociar
De éstas, lo que no está desarrollado, lo que no se ejerce o se hace mal, genera espacios vacíos que, de acuerdo a su importancia, a veces son llenados por otra persona, y a veces por el descontento, la apatía o la violencia encubierta. Una característica definida del liderazgo es el ejercicio del poder, que se define como la capacidad que tiene una persona de influir en el comportamiento de otra, de manera que ésta haga cosas que de otra manera no haría. El poder genera dependencia, pero hay varios grados de poder, y de igual manera, grados de eficiencia de ese poder.
Todos están de acuerdo en que el ejercicio del poder en forma autoritaria genera más disconformidad, más resistencia y menos respeto por parte de los seguidores: los empleados obedecen, pero sólo cuando el jefe está presente, y cuando las amenazas que esgrime pueden resultar reales: es el poder coercitivo, de resultados aparentemente aceptables en el corto tiempo, pero realmente desastrosos en el mediano plazo. El segundo nivel está dado por el poder de recompensar, distribuir beneficios positivos. Puede movilizar a la gente en la medida de su interés, pero también caduca cuando el bien apetecido se obtiene, y hay que renovar otra vez el compromiso. En el tercer escalón está el poder legítimo, que es el que otorga la empresa, un cargo, una jerarquía.
Valores que generan respeto
Es respetado en la medida que sea sostenido por dos condiciones, que son los dos niveles restantes: el poder de expertos, la capacidad técnica, conocimientos y habilidades para la tarea, y por último, el poder de referencia, la admiración que uno siente por una persona y el deseo de ser como ella, los valores éticos personales que conforman un comportamiento aceptable en términos personales y laborales. Las dos últimas formas de poder generan respeto hacia el jefe como persona, no por su cargo, que tiene importancia relativa, y que a veces puede convertirse en una pesada mochila si no está sostenida con estas dos condiciones.
Por eso la gran diferencia entre ser jefe y ser líder: el jefe puede aspirar, como máximo, a ser obedecido, pero a costa de empujar constantemente, mientras que el líder es seguido voluntariamente. El jefe está gerenciando el orden, administrando recursos, planificando, poniendo metas, etapas, organizando, instrumentando, y finalmente monitoreando en un proceso de control que lo vuelve al objetivo de la tarea.
El líder es un pensador estratégico, capaz de enrolar a su gente en un proceso de cambio, sostenida por una visión, fijando rumbos, orientando, comunicando, motivando, y creando siempre en su gente la posibilidad de desarrollo personal y profesional a partir de la motivación, con buen nivel de autoestima y autonomía. No parece fácil, pero puede serlo; el secreto es el constante trabajo sobre uno mismo, para ser el líder que todos soñamos tener, y la constancia en el propósito que nos permita continuar persiguiendo el objetivo, aun cuando parezca que todo está en contra.
La verdadera gran fortaleza del líder está en su capacidad de tomar decisiones correctas, y eso no se logra con información incorrecta, tergiversada, incompleta o desviada con el propósito de hacerla aceptable. El liderazgo, en síntesis, es un camino, no una estación de llegada, y requiere capacitación mutua, disciplina, buena disposición, mucha confianza y un alto sentido de interdependencia. Es una tarea de perfeccionamiento personal de tiempo completo, a veces exigente en tiempo y tareas, pero a cambio resulta ser un instrumento magnífico de desarrollo del potencial propio y de los seguidores. Y los felices seres que viven en estos equipos de alto desempeño, ocupados en su mejoramiento propio y en el del equipo, liderados por un jefe respetable y respetado, ya han descubierto que es el mejor lugar para trabajar.







