Hasta hace poco se pensaba que las empresas más exitosas a nivel internacional se ubicaban en aquellos lugares que les permitía minimizar costos con respecto a sus competidores. Sin embargo, en las últimas décadas se ha verificado que no sólo el nivel de costos influye en la determinación del éxito de una empresa en el ámbito mundial, sino que la productividad ha cobrado un papel crucial, a través de cómo se utilizan los recursos humanos, naturales y de capital, generando mayor valor a los productos y servicios. Por ejemplo el acceso a mano de obra calificada, las condiciones climáticas y del suelo, la inversión en investigación y desarrollo, las redes de empresas proveedoras, la existencia de clientes sofisticados e industrias de apoyo.
Esto requiere que muchas operaciones necesarias se concentren en un sólo lugar y que las empresas se agrupen en espacios geográficos determinados. Esta tendencia ha sido corroborada empíricamente por investigaciones conducidas por el profesor Michael Porter de la Universidad de Harvard, concluyendo que las industrias exitosas se concentran en áreas geográficas específicas.
Tales áreas tienen características comunes como calidad y especialización de los factores, competencia basada en la inversión, mejoras sostenidas con rivales a nivel local, clientes locales sofisticados y exigentes, presencia de proveedores locales capaces, compañías en las áreas relacionadas y un sector público que facilite el desarrollo. Esto es lo que Porter llamó cluster (racimo, en inglés) o aglomerado. De esta manera un cluster es una concentración geográfica de compañías interconectadas e instituciones asociadas a un campo particular.
Pueden adoptar diferentes formas dependiendo del grado de sofisticación del cluster, pero en su gran mayoría están compuestos por compañías de bienes o servicios, proveedores de insumos y maquinaria, empresas distribuidoras o de logística, instituciones financieras, industrias complementarias, universidades, centros de investigación, instituciones que brindan apoyo técnico, gobierno, fundaciones, ONG, gremios, etcétera.Este fenómeno de clusters competitivos se presenta en diferentes industrias y países. Algunos ejemplos significativos son: insulina en Dinamarca, flores en Holanda, zapatos en Italia, corcho en Portugal, vinos en los Valles de Napa y en Sonoma en California, Estados Unidos, frutas frescas en el Valle Central de Chile, lácteos en Nueva Zelanda, turismo en Costa Rica, tecnologías de información en Silicon Valley etcétera.
Un cluster competitivo impulsa el aumento de la productividad, la innovación y la formación de nuevas industrias relacionadas. Por lo tanto, la identificación de sectores con potencialidades y la implementación de acciones tendientes a promover la formación o fortalecimiento de estos clusters en nuestra región es crucial para el crecimiento y la mejora del nivel de vida (riqueza) de los habitantes. Ahora bien, no se puede aspirar a ser competitivo en todas las industrias de una determinada región. De ahí que el gran desafío para el NOA es identificar cuáles son estos clusters y centrar las acciones en las condiciones que le permitan ser más productivos. Para ello es necesario un compromiso y trabajo conjunto del sector privado y público, fijándose metas medibles y verificables tanto de corto como de largo plazo.
20 Noviembre 2005 Seguir en 







