Buenos Aires.- El recalentamiento de precios logró sacar de las casillas al ministro Roberto Lavagna, porque sospecha que detrás de algunas subas existen sectores interesados en torcer el rumbo del programa económico. Tal vez esa preocupación explique la reacción, para algunos desmedida, que el jefe de la Economía tuvo contra las industrias alimenticias, que salieron a criticar su decisión de eliminar reintegros a exportaciones del sector.La misma sospecha pareció invadir a Lavagna cuando castigó duro al líder cegetista Hugo Moyano por las medidas de fuerza que viene realizando el gremio de los camioneros. Aquí las sospechas del ministro parecen tener otros orígenes, ya que Lavagna tiene claro que Moyano viene trabajando desde antes de las elecciones para sacarlo del gabinete, o al menos acotar su margen de maniobra. "Llegó la hora de iniciar una nueva etapa, basada en la redistribución del ingreso, con o sin Lavagna", comentó a sus compañeros de ruta de la CGT el líder camionero, en un mensaje que también le habría insinuado al presidente Néstor Kirchner, sin eco alguno. No son pocos los hombres cercanos al kirchnerismo que consideran que se puede hacer más en materia de redistribución del ingreso, pero el presidente parece más inclinado a seguir confiando en el gradualismo aconsejado por Lavagna.
Por eso, el Presidente machaca destacando la creación de 5 millones de puestos de trabajo que, según las cifras oficiales, permitió el plan aplicado en dos años y medio de gestión.
En el último encuentro que mantuvieron en la Rosada, Kirchner y Lavagna volvieron a analizar la evolución de los precios, y coincidieron en que continúa siendo el flanco más débil de la política económica. Por eso, Lavagna pidió a su equipo seguir buceando en medidas para frenar una escalada que se acentúa ante la proximidad de las Fiestas de fin de año, y que para noviembre amenaza con un aumento cercano al 1 por ciento del costo de vida. En los próximos días, el ministro podría anunciar una nueva suba de las retenciones a exportaciones de carne, a riesgo de terminar de romper lanzas con las entidades ruralistas, que ya salieron a cruzarlo duro en los últimos días. Parece peligrosa la estrategia de Lavagna de abrir tantos frentes de debate, pero en parte se explica porque el ministro considera muy fortalecida su posición tras las elecciones de octubre. La economía está creciendo al 9%, un nivel que ni siquiera imaginaban los cálculos más optimistas, y la industria sube a un ritmo aún mayor.
Perspectivas alentadoras
Lavagna tiene datos, además, de que en 2006 se fortalecerán los proyectos de inversión, una variable que considera indispensable para fortalecer el programa económico. En medio de los cruces que van subiendo de tono, los industriales prefirieron no poner más piedras en el camino de Lavagna, con quien tomaron contacto y quedaron en mantener encuentros cara a cara para analizar ya no sólo el comportamiento de los precios, sino también el anunciado proyecto de riesgos del trabajo que el Ejecutivo enviaría a fin de mes al Congreso. La UIA tiene un proyecto propio que quiere compartir con Lavagna, y que busca garantizar a los empleadores los montos que deben pagar en casos de accidentes.
¿Y el gasto? Entre la maraña de aumentos de precios que ponen piedras en el camino, Kirchner y Lavagna analizaron un tema que interesa a quienes deben tomar decisiones de fondo en materia económica: la contención del gasto. El gobierno habla poco del tema, pero los niveles de gasto crecieron fuerte en los últimos dos años, aunque los especialistas no se pongan de acuerdo sobre la magnitud de ese aumento. Lo cierto es que Lavagna coincide en que hacen falta más señales de austeridad en el manejo de las finanzas públicas, y está incómodo con el manejo de grandes fondos públicos que tiene su colega en el gabinete, Julio De Vido, a cargo de las obras públicas. Desde la lógica que parte del Palacio de Hacienda, haría falta revisar algunas políticas en materia de inversión pública, a riesgo de desatar una "guerra" en el gabinete.
En los últimos días también hubo fuertes movimientos en la plaza cambiaria, con un dólar en baja que debió ser apuntalado por un Banco Central dotado de fuerte liquidez. Desde la autoridad monetaria explicaron que sus fuertes intervenciones de los últimos días obedecieron a la decisión de un banco de salir a vender divisas en grandes cantidades. Lavagna no está dispuesto a permitir que el dólar baje de los $ 2,97, y esa opinión la comparte con el presidente del BCRA, Martín Redrado.
Entre tanto movimiento doméstico, continúan las dudas sobre cuándo la Argentina retomará negociaciones con el FMI. "Esperamos una conversación útil", dijo Lavagna, pero reiteró que la Argentina no aceptará imposiciones que pongan en riesgo el programa económico vigente. (NA)







