Acusan a una patota de una salvaje agresión

El padre de un adolescente de otra provincia anunció que vendrá a Tucumán a ratificar la denuncia. El ataque se habría producido en julio, a la puerta de un boliche. El agresor habría utilizado una manopla para golpear a la víctima en la boca. Lenta recuperación.

13 Noviembre 2005
Era lo que la Justicia estaba buscando desde hace tiempo, para poner coto a las acciones de "La banda del quiosquito". En los próximos días, el padre de un menor que reside en otra provincia llegará a Tucumán para acusar al líder de la patota de adolescentes que aterrorizó durante meses a Barrio Norte.
El hecho, según confirmó el denunciante -que pidió expresamente que no se difundiera su identidad ni la de su hijo de 16 años-, se produjo en julio pasado, cuando el menor visitó Tucumán. El ataque se habría concretado a la puerta de un conocido boliche de esta ciudad. Este sería el primer caso en el que se lograría identificar al máximo cabecilla de la banda como responsable del ataque.
Según explicó, el adolescente concurrió al centro nocturno acompañado por otros amigos. Se quedó en la puerta, y alguien le habría tocado el hombro. Cuando se dio vuelta, recibió un golpe de puño en la boca. "El agresor tenía puesta una manopla", explicó.
El padre del menor agredido confirmó que su hijo sufrió fractura de maxilar derecho; desplazamiento de tres dientes y un profundo corte en sus labios. "Estuvo con un peine metálico durante 45 días por la lesión ósea. Además, le hicieron una cirugía estética para tratar de reconstruirle todo el labio, que le quedó hecho una desgracia", relató. Hasta el momento, el fiscal Carlos Albaca, que desarrolló la investigación, no contaba con los datos suficientes como para imputarles los cargos a los integrantes de la banda. Sólo había recibido denuncias en las que se comprobaba la existencia de "La banda del quiosquito", pero ninguna era lo suficientemente precisa y categórica como para formular una acusación.
Cuando una comisión policial, al mando del comisario Jorge Urueña y supervisada por el titular de la Dirección de Investigaciones, Alfredo Jiménez, pidió medidas para dar con los supuestos líderes del grupo, se presentaron cuatro adolescentes acompañados por sus padres. Sólo uno de ellos reconoció ser integrante de la banda y dijo que sólo se habían peleado con otros grupos de jóvenes en la vía pública.
Los demás, dijeron, en cambio, que sólo la conocían por su nombre y que nunca habían participado en su accionar.

Explicaciones
"Cuando mi hijo me contó cómo eran los integrantes de esa patota, no podía creer que en Tucumán haya tanta impunidad. Luego, cuando leí todos los informes que se habían escrito en LA GACETA, decidí no quedarme de brazos cruzados", comentó el denunciante.
El padre del menor reconoció que el caso fue denunciado en el hospital -adonde fue atendido su hijo- por los propietarios de la vivienda donde estaba alojado, pero jamás la ratificaron, puesto que la víctima del violento ataque volvió a su provincia natal horas después de haber sido agredido.Ahora, con más elementos en su poder, el denunciante aclaró que ya se encuentra realizando contactos con estudios jurídicos de esta provincia para analizar cuándo vendrá a Tucumán con el único propósito de exponer su caso ante la Justicia.
"Si no hice nada antes fue porque me dijeron que los integrantes de la banda eran hijos de gente de mucho poder. Ese era el único miedo que tenía. La verdad es que todavía me cuesta entender que estos chicos hayan hecho tanto daño y que sigan caminando como si nada hubiera pasado", concluyó.

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