12 Noviembre 2005 Seguir en 
Tres delincuentes asaltaron ayer por la tarde el hotel Garden, ubicado en calle Crisóstomo Alvarez al 600, de donde se llevaron $ 40.000, además de algunas joyas y de un teléfono celular.
A las 15.30, los asaltantes ingresaron al local juntos y a cara descubierta, amenazaron con un arma de fuego a la recepcionista, María Laura Abregú y le quitaron las llaves de la caja y sus joyas. Luego, la encerraron en un cuarto próximo a la sala de entrada, junto con el dueño del establecimiento, Augusto Severino, y con la encargada del hotel, Roxana Tévez. En el momento en que los ladrones y las víctimas se encontraban en esa sala, llegó al hotel un matrimonio proveniente de Concepción. "Vinimos a la capital a hacer compras y, como se hizo tarde para volver, decidimos hospedarnos acá. No había nadie atendiendo cuando llegamos, por lo que comencé a llamar a Laurita (la recepcionista), a quien ya conocemos", comentó el hombre, quien pidió que se mantenga en reserva su identidad. Al escuchar voces, uno de los delincuentes salió, le apuntó al pasajero por la espalda y, tras advertirle que se quedara quieto, encerró también a la pareja. "Fue todo muy rápido; creo que estuvimos cinco minutos adentro", calculó la víctima. Una vez en el cuarto, los malhechores arrancaron las cadenas de oro y los anillos que llevaban las mujeres. Hay distintas versiones acerca del lugar exacto de donde sustrajeron el dinero. Lo cierto es que la cifra robada ascendía a $ 40.000, entre cheques y efectivo.
En silencio
Los delincuentes actuaron sigilosamente. Tanto, que ni las mucamas que ordenaban los dormitorios ni los encargados de los locales vecinos al hotel detectaron anormalidad alguna. "Sólo nos dimos cuenta de que algo había pasado cuando escuchamos los gritos de las víctimas. Los ladrones ya se habían escapado y dejaron a la gente bajo llave", contó Miriam Sosa, que trabaja en el lugar. Los empleados rompieron la puerta del cuarto para liberar a las cinco personas. Los testigos coincidieron en que se trataba de tres personas jóvenes. "El mayor tendría 35 o 40 años", contó el matrimonio. El oficial Marcelo Salas, que estuvo supervisado por el comisario general Alfredo Jiménez, de Dirección de Investigaciones, adelantó que, luego de la descripción que hicieron las víctimas, tienen un sospechoso, aunque no podía confirmar de quién se trataba.
A las 15.30, los asaltantes ingresaron al local juntos y a cara descubierta, amenazaron con un arma de fuego a la recepcionista, María Laura Abregú y le quitaron las llaves de la caja y sus joyas. Luego, la encerraron en un cuarto próximo a la sala de entrada, junto con el dueño del establecimiento, Augusto Severino, y con la encargada del hotel, Roxana Tévez. En el momento en que los ladrones y las víctimas se encontraban en esa sala, llegó al hotel un matrimonio proveniente de Concepción. "Vinimos a la capital a hacer compras y, como se hizo tarde para volver, decidimos hospedarnos acá. No había nadie atendiendo cuando llegamos, por lo que comencé a llamar a Laurita (la recepcionista), a quien ya conocemos", comentó el hombre, quien pidió que se mantenga en reserva su identidad. Al escuchar voces, uno de los delincuentes salió, le apuntó al pasajero por la espalda y, tras advertirle que se quedara quieto, encerró también a la pareja. "Fue todo muy rápido; creo que estuvimos cinco minutos adentro", calculó la víctima. Una vez en el cuarto, los malhechores arrancaron las cadenas de oro y los anillos que llevaban las mujeres. Hay distintas versiones acerca del lugar exacto de donde sustrajeron el dinero. Lo cierto es que la cifra robada ascendía a $ 40.000, entre cheques y efectivo.
En silencio
Los delincuentes actuaron sigilosamente. Tanto, que ni las mucamas que ordenaban los dormitorios ni los encargados de los locales vecinos al hotel detectaron anormalidad alguna. "Sólo nos dimos cuenta de que algo había pasado cuando escuchamos los gritos de las víctimas. Los ladrones ya se habían escapado y dejaron a la gente bajo llave", contó Miriam Sosa, que trabaja en el lugar. Los empleados rompieron la puerta del cuarto para liberar a las cinco personas. Los testigos coincidieron en que se trataba de tres personas jóvenes. "El mayor tendría 35 o 40 años", contó el matrimonio. El oficial Marcelo Salas, que estuvo supervisado por el comisario general Alfredo Jiménez, de Dirección de Investigaciones, adelantó que, luego de la descripción que hicieron las víctimas, tienen un sospechoso, aunque no podía confirmar de quién se trataba.







