BUENOS AIRES.- A pesar del amplio respaldo que consiguió la administración de Néstor Kirchner en las elecciones legislativas, el Gobierno no logra articular políticas que le permitan corresponder ese masivo apoyo. La lentitud en la falta de respuestas y las demandas de la población parecen eclipsar los objetivos trazados. La realidad parece borrar esos objetivos y el Gobierno no alcanza a galvanizar las demandas populares con las posibilidades reales de cambiar el rumbo.
En los últimos días, la Casa Rosada ha recibido señales indelebles de la velocidad con que la realidad ha despertado al elenco gubernativo del sueño electoral.
La inflación continúa siendo una pesadilla y la falta de inversiones configura el escenario sobre el cual los aumentos de precios van a reflejar el agotamiento de la capacidad productiva del país.
En realidad, la inflación está marcando el límite de la recuperación de la economía después del desastre devaluador del tándem Duhalde-Kirchner. En otros términos, la inflación puso fin al rebote de la actividad y de aquí en adelante o se aumenta la inversión o el fuego inflacionario se va a devorar el bolsillo de la población. Estériles acuerdos con sectores productivos no alcanzan para frenar la escalada de precios, lo cual demuestra la impotencia del gobierno para defender la moneda y el poder de compra del salario.
De donde provendrá la inversión no está claro, en particular, la vinculada con la infraestructura básica. La inversión privada está retenida a la espera de mejores señales por parte del Gobierno. El clima social y la notoria parálisis oficial a la hora de restablecer el orden público contribuyen a demorar aún más la llegada de inversores.
La respuesta del Gobierno a limitar el gasto presupuestario es también un límite a la inversión porque desde la liturgia oficial, las inversiones en infraestructura básica saldrán de las arcas del Tesoro.
Semanas atrás hablábamos de las llamativas características levantinas que estaban tomando los conflictos sociales, algo que por estas horas parece estar absolutamente fuera de cauce.
Si algo faltaba para colegir esta visión, los episodios ocurridos en la estación de Haedo eximen de mayores comentarios. Sin embargo, y más allá de la gravedad de los hechos, quedan al descubierto las falencias y las debilidades del sistema por lo cual habrá que revisar la política de inversiones. El infierno de Haedo rubrica que la política de subsidios a las concesiones ferroviarias es un fracaso rotundo y una fuente de sospechas sobre el manejo de los recursos públicos. Millones y millones de dólares volcados a mantener un servicio que cada día es más ineficiente y que se convierte en una amenaza para la integridad de la población. ¿Dónde están las inversiones que prometió hacer el Estado? ¿Cómo se aplicaron los recursos que el Tesoro giró al concesionario? Nadie brinda explicaciones y lo que es peor aún, nadie las pide, lo que demuestra la enorme debilidad institucional de la democracia argentina. Al igual que con la inflación, en obras y servicios públicos la desorientación es un signo de la administración regente.Pero si algo caracteriza al rumbo oficial es, sin dudas, la falta de inserción de la Argentina en el mundo.¿Cuál es la geopolítica argentina? El Mercosur se ha transformado en un ambiente hostil. Brasilia haciendo su propio juego y negociando a espaldas de Buenos Aires; Asunción, con un nítido giro hacia Washington y Montevideo, mirando de reojo una eventual oferta de la Casa Blanca para cerrar un acuerdo, son una muestra de la crisis diplomática argentina.
El rechazo del gobierno al ALCA es una muestra de la desorientación. Si lo que se buscó era presionar a la Casa Blanca, el intento resultó infructuoso. Desde el presidente George W. Bush hasta el secretario Lino Gutiérrez el mensaje es unívoco: los Estados Unidos se van a abrir a los bienes argentinos cuando la Argentina se abra a los productos norteamericanos. Los países que lo hicieron salieron beneficiados desde que acordaron con Washington un tratado de libre comercio. Con el Nafta, Canadá creció el 42%, México, el 40%, Chile, no detiene su marcha. Ahora es el turno de los centroamericanos con el Cafta y Colombia, Perú, Ecuador Uruguay y Paraguay, están en lista de espera, ansiosos de acordar. ¿La Argentina? Perdida en el nihilismo del Mercosur y coqueteando con el anacronismo de La Habana y de Caracas. El mensaje de Washington a Buenos Aires es claro: más tarde o más temprano habrá ALCA. Si no es a nivel continental, se hará con acuerdos bilaterales. Por ahora, seguí participando y mirando de afuera... (DYN)
06 Noviembre 2005 Seguir en 







