17 Septiembre 2005 Seguir en 
Se convirtieron en la pesadilla de los choferes de ómnibus y de cuanto extraño camine por la zona. Transitar por allí es muy difícil. El barrio San Ramón, ubicado al noreste de San Miguel de Tucumán, está sitiado y muchos de los vecinos advierten que la única forma de vivir allí es armado.
El jueves, Carlos Castillo, chofer de la línea 11, fue desfigurado por dos delincuentes que, a la altura de la avenida San Ramón al 600, lo atacaron cuando conducía una unidad. Varios compañeros de la víctima afirmaron que es la zona más peligrosa por la que deben transitar, y que por la inseguridad que sufren están pensando seriamente en no prestar más servicio allí.
Lo extraño es que los mismos vecinos aseguran que la presencia policial es constante. Pero, según advierten, los ladrones esperan a que pasen, y entonces salen a robar. Una mujer lo graficó haciendo referencia a un viejo divertimiento: "juegan al gato y al ratón". "Se esconden y se persiguen constantemente", comentó Marisa Gutiérrez, en San Ramón al 500.
Esta avenida es de tierra; comienza en la avenida de Circunvalación y llega hasta Juan B. Justo, en El Colmenar. De un lado, corresponde a la Municipalidad de Las Talitas, y del otro, a San Miguel de Tucumán.
Es una zona muy humilde. Las rejas y las puertas reforzadas son constantes. Ayer, una docente que trabaja en la escuela fue golpeada por asaltantes, a los que todos los vecinos conocen. Pero parece que los delincuentes, salvo algunas excepciones, no se meten con quienes viven allí.
Amenazas
"Gracias a Dios, a mí nunca me pasó nada. Pero no puedo decir que no hay asaltos.
Es más, hay todos los días", afirmó Gladys, quien pidió, detrás del mostrador de su almacén, expresa reserva del apellido.
"¿Ve usted ese que va ahí? Bueno, una vez le gatillé tres veces, pero no salieron los tiros. Sabe que si pretende hacerme algo a mí o a mi familia, será boleta", dice, sentado a la puerta de su casa, don Carlos, quien también tiene un comercio. Los vecinos afirman que los delincuentes son todos jóvenes, que están siempre drogados.
"Lo que pasa es que para conseguir la droga tienen que tener dinero, y por eso los colectiveros son blanco fácil", indicó Pedro Marcelo, mientras esperaba el ómnibus. Los delincuentes dan el golpe y corren hacia algunos de los asentamientos que están en la zona. Son rapidísimos y muy difíciles de atrapar.
José Luis Delgado cree que la situación no tiene solución. "¿Qué más podemos pedir? La Policía pasa constantemente, pero los ?choros? se esconden, y después salen de nuevo", dijo, resignado.
El jueves, Carlos Castillo, chofer de la línea 11, fue desfigurado por dos delincuentes que, a la altura de la avenida San Ramón al 600, lo atacaron cuando conducía una unidad. Varios compañeros de la víctima afirmaron que es la zona más peligrosa por la que deben transitar, y que por la inseguridad que sufren están pensando seriamente en no prestar más servicio allí.
Lo extraño es que los mismos vecinos aseguran que la presencia policial es constante. Pero, según advierten, los ladrones esperan a que pasen, y entonces salen a robar. Una mujer lo graficó haciendo referencia a un viejo divertimiento: "juegan al gato y al ratón". "Se esconden y se persiguen constantemente", comentó Marisa Gutiérrez, en San Ramón al 500.
Esta avenida es de tierra; comienza en la avenida de Circunvalación y llega hasta Juan B. Justo, en El Colmenar. De un lado, corresponde a la Municipalidad de Las Talitas, y del otro, a San Miguel de Tucumán.
Es una zona muy humilde. Las rejas y las puertas reforzadas son constantes. Ayer, una docente que trabaja en la escuela fue golpeada por asaltantes, a los que todos los vecinos conocen. Pero parece que los delincuentes, salvo algunas excepciones, no se meten con quienes viven allí.
Amenazas
"Gracias a Dios, a mí nunca me pasó nada. Pero no puedo decir que no hay asaltos.
Es más, hay todos los días", afirmó Gladys, quien pidió, detrás del mostrador de su almacén, expresa reserva del apellido.
"¿Ve usted ese que va ahí? Bueno, una vez le gatillé tres veces, pero no salieron los tiros. Sabe que si pretende hacerme algo a mí o a mi familia, será boleta", dice, sentado a la puerta de su casa, don Carlos, quien también tiene un comercio. Los vecinos afirman que los delincuentes son todos jóvenes, que están siempre drogados.
"Lo que pasa es que para conseguir la droga tienen que tener dinero, y por eso los colectiveros son blanco fácil", indicó Pedro Marcelo, mientras esperaba el ómnibus. Los delincuentes dan el golpe y corren hacia algunos de los asentamientos que están en la zona. Son rapidísimos y muy difíciles de atrapar.
José Luis Delgado cree que la situación no tiene solución. "¿Qué más podemos pedir? La Policía pasa constantemente, pero los ?choros? se esconden, y después salen de nuevo", dijo, resignado.







