28 Julio 2002 Seguir en 
El dinero no tiene patria, ni religión ni sentimientos. El mundo de los negocios es así: busca rentabilidad y eficiencia, y castiga a los que se desvían de sus reglas. Por eso la presión internacional sobre la economía argentina es demoledora y no tiene piedad.
La Argentina no pagó, no aclara si va a pagar, no adelanta cuándo pagará y no tiene planes. Sus acreedores no van a permitir que el mal ejemplo se extienda a otros países, en una lección que Tucumán debe tener en cuenta. Nadie va a mover un dedo para ayudar al que quedó en default, aunque la gente toque fondo, hasta que los operadores internacionales estén seguros de que la Argentina es capaz de armar un plan coherente.
Todos esos desacoples están afectando a la economía provincial. El mensaje imperial de los Estados Unidos es nítido, cuando reclamó un programa sustentable y advirtió que la Argentina "es lo que quiere ser, no sabe producir ni exportar". Para verguenza del país, hasta se encargó a cuatro semidioses que decidan cuál es la salida, porque advierten que la clase política es incapaz de aportar soluciones.
Desentendidos de que el país está fuera del mundo, los políticos tucumanos no comprenden que si no se adaptan a las exigencias, como la prohibición de emitir Bocade, la provincia sufrirá las consecuencias. Las empresas también soportan los errores de Duhalde y en algunos casos optan por venderse al mejor postor, como Perez Companc, porque no pueden pagar sus deuda en dólares y están cerrados todos los mercados de crédito.
Datos que alarman
A lo largo y ancho de Tucumán, más de 1.300 PyME cerraron sus puertas en estas últimas semanas y a nadie se le mueve un pelo.
Los dirigentes deben entender que el poder central está en retirada, en medio de una fenomenal confusión. El desconcierto es terrible y por eso la plata no aparece. Tucumán necesita un plan razonable para ordenar el Estado, cobrar impuestos, atender a los carecientes y destinar incentivos a la actividad privada.
El panorama no es alentador, porque el dinero desapareció o se va con rapidez al dólar. Nadie se anima a poner un peso en los bancos y eso significa que no hay recursos para prestar. Las entidades financieras se limitan a tratar de cobrar los créditos pendientes y no facilitan un peso a ninguna empresa o persona, aunque llore.
En medio de tantas tensiones, el gobierno mirandista tiene dificultades para pagar los sueldos y para cumplir sus promesas sobre la Operatoria FET, de canje de Bocade. Decenas de empresas que están "embonadas" no recibieron efectivo, en medio de reiteradas mentiras gubernamentales, lo que dificulta la toma de decisiones empresarias.
Estos son corralitos especiales que sufren los tucumanos y de los que necesariamente habrá que salir algún día para que la vida se normalice. Abruman la falta de trabajo, el desencanto de la juventud y de muchos adultos, la marginalidad, los bonos, la depresión de la economía y la escasez de ideas para impulsar nuevos emprendimientos.
El mirandismo quedó durante varios días en default, frente a la demora del ministro Lavagna en enviar los fondos comprometidos y nuevamente hubo que ir a mendigar ante el poder central.
Pero la economía y el "bonicidio" son, a pesar de todo, noticias de segundo nivel para los políticos tucumanos. Están desesperados por presionar a Miranda para que les facilite la reelección. Les preocupan más las internas partidarias, el cronograma electoral y los esfuerzos para reformar la Constitución, que dedicar todas sus energías a salvar a la provincia del derrumbe.
La Argentina no pagó, no aclara si va a pagar, no adelanta cuándo pagará y no tiene planes. Sus acreedores no van a permitir que el mal ejemplo se extienda a otros países, en una lección que Tucumán debe tener en cuenta. Nadie va a mover un dedo para ayudar al que quedó en default, aunque la gente toque fondo, hasta que los operadores internacionales estén seguros de que la Argentina es capaz de armar un plan coherente.
Todos esos desacoples están afectando a la economía provincial. El mensaje imperial de los Estados Unidos es nítido, cuando reclamó un programa sustentable y advirtió que la Argentina "es lo que quiere ser, no sabe producir ni exportar". Para verguenza del país, hasta se encargó a cuatro semidioses que decidan cuál es la salida, porque advierten que la clase política es incapaz de aportar soluciones.
Desentendidos de que el país está fuera del mundo, los políticos tucumanos no comprenden que si no se adaptan a las exigencias, como la prohibición de emitir Bocade, la provincia sufrirá las consecuencias. Las empresas también soportan los errores de Duhalde y en algunos casos optan por venderse al mejor postor, como Perez Companc, porque no pueden pagar sus deuda en dólares y están cerrados todos los mercados de crédito.
Datos que alarman
A lo largo y ancho de Tucumán, más de 1.300 PyME cerraron sus puertas en estas últimas semanas y a nadie se le mueve un pelo.
Los dirigentes deben entender que el poder central está en retirada, en medio de una fenomenal confusión. El desconcierto es terrible y por eso la plata no aparece. Tucumán necesita un plan razonable para ordenar el Estado, cobrar impuestos, atender a los carecientes y destinar incentivos a la actividad privada.
El panorama no es alentador, porque el dinero desapareció o se va con rapidez al dólar. Nadie se anima a poner un peso en los bancos y eso significa que no hay recursos para prestar. Las entidades financieras se limitan a tratar de cobrar los créditos pendientes y no facilitan un peso a ninguna empresa o persona, aunque llore.
En medio de tantas tensiones, el gobierno mirandista tiene dificultades para pagar los sueldos y para cumplir sus promesas sobre la Operatoria FET, de canje de Bocade. Decenas de empresas que están "embonadas" no recibieron efectivo, en medio de reiteradas mentiras gubernamentales, lo que dificulta la toma de decisiones empresarias.
Estos son corralitos especiales que sufren los tucumanos y de los que necesariamente habrá que salir algún día para que la vida se normalice. Abruman la falta de trabajo, el desencanto de la juventud y de muchos adultos, la marginalidad, los bonos, la depresión de la economía y la escasez de ideas para impulsar nuevos emprendimientos.
El mirandismo quedó durante varios días en default, frente a la demora del ministro Lavagna en enviar los fondos comprometidos y nuevamente hubo que ir a mendigar ante el poder central.
Pero la economía y el "bonicidio" son, a pesar de todo, noticias de segundo nivel para los políticos tucumanos. Están desesperados por presionar a Miranda para que les facilite la reelección. Les preocupan más las internas partidarias, el cronograma electoral y los esfuerzos para reformar la Constitución, que dedicar todas sus energías a salvar a la provincia del derrumbe.







