De nunca acabar

Análisis. Por Juan Manuel Montero. Desde hace 10 años los choferes son blanco predilecto de los delincuentes.

DOLORIDO. Ariel González está hospitalizado en el Padilla. LA GACETA / ANTONIO FERRONI
DOLORIDO. Ariel González está hospitalizado en el Padilla. LA GACETA / ANTONIO FERRONI
16 Septiembre 2005
Poner un policía en cada taxi, remise o colectivo. Esa sería la única solución para evitar la inseguridad. Pero es imposible. Desde hace 10 años los choferes son los blancos predilectos de los delincuentes. Son un blanco fácil. Por eso, se debe insistir en la prevención. Ya está visto que los controles, tanto fijos como móviles de la Policía, ayudan, pero están lejos de ser la solución.
Los choferes también se quejan de que, cuando se detiene a un asaltante, este sale a los pocos días. Tienen razón. Y en este caso la culpa es compartida por la Policía y por la Justicia. Muchas veces, los primeros realizan una pésima investigación, que termina beneficiando al sospechoso.
La pena mínima para el robo con armas es de 5 años de prisión -no es excarcelable-. Pero muchas veces, los fiscales lo tipifican como robo en grado de tentativa, y terminan dándoles la libertad. Es un círculo vicioso.