Cerca de las 15 de ayer, Facundo jugaba con un grupo de amigos, en la esquina de pasaje Brasil y Paraguay, cuando lo alcanzó una bala perdida. Al parecer, el proyectil fue disparado desde dos cuadras de distancia adonde la Policía había ido a reprimir un incidente. Fabiana Brizuela, la madre del niño, se desvaneció cuando sus vecinos le informaron lo ocurrido. Su abuelo no podía parar de llorar.
Los vecinos del niño, en pasaje Brasil al 300 del barrio El Palomar (Banda del Río Salí), sostienen que el proyectil partió del arma de un efectivo de la comisaría Güemes, ubicada a cinco cuadras de donde cayó herido Facundo.
"Había una pelea y alguien llamó a la Policía. Dos ?milicos? se bajaron del móvil y empezaron a repartir latigazos. La gente comenzó a tirar piedras. Uno de los policías sacó el arma e hizo por lo menos seis tiros al aire. No eran balas de goma, eran plomos", indicó Miguel Andrada, quien dijo haber visto todo el incidente.
"Escuchamos los disparos y nos fuimos corriendo. Pero después volvimos a la esquina. Ahí empezaron los balazos de nuevo. A mí me pasó un disparo cerca de la oreja", contó la niña Mabel Guzmán, que jugaba con Facundo cuando se produjo la tragedia.
"La bala pegó primero en una morera y después le dio a Facundo. Cayó al piso y ahí se quedó hasta que lo vinieron a levantar para llevarlo al hospital", agregó Jonathan González, también amigo del niño. "Estuvo más de 10 minutos tirado, hasta que alguien reaccionó y fue a buscar un auto", contó otra vecina. A metros de la escuela República del Perú quedó un manchón de sangre.
En la comisaría dijeron que el móvil respondió a la denuncia hecha desde una casa contra la que un grupo de personas estaba tirando piedras. "Cuando llegó el móvil, lo atacaron a pedradas. Los agentes hicieron tiros al aire con postas de goma", dijo el policía César Díaz. Según el comisario Jesús Brito, segundo jefe de la Regional Este, se identificó a cuatro hombres que habrían participado de los incidentes, tres de las cuales -dijo- portaban revólveres calibre 38.
Por orden del fiscal Alejandro Noguera, a los policías se les secuestraron las armas, se les hicieron pruebas de guante de parafina y dosajes de alcohol en la sangre.
Malestar entre los vecinos
"La Policía entra al barrio como si fuéramos todos delincuentes. Se escuchan disparos todo el tiempo. No les importa que este lugar está lleno de chicos que juegan en la calle", dijo indignada una vecina del barrio El Palomar. Ayer a la siesta, en el pasaje Brasil y Paraguay, de ese barrio un niño de 11 años cayó herido por una bala perdida.
El barrio está asentado sobre la orilla del Salí. Las calles de tierra bajan hasta la vera del río y siempre están pobladas de niños de todas las edades.
Aunque la Policía lo niega, varios testigos aseguran que el proyectil partió del arma reglamentaria de un agente de la comisaría Güemes. Anoche, el malestar entre los vecinos era enorme, y había versiones de que se organizaba una protesta frente a la comisaría. Un grupo de policías con bastones y cascos llegó a las 18.30 para reforzar la guardia en el lugar, que normalmente cuenta con tres efectivos.
Luciana Arias, una de las personas que acudió a socorrer al niño Facundo Varela Brizuela, contó que los enfrentamientos entre los policías y los delincuentes son algo frecuente en la zona.
"Saben quiénes son los ?gatos? -dijo otra mujer-. Pero en vez de agarrarlos a ellos, pasan haciendo tiros por la calle, entre las casas".
La versión de la Policía es otra. "Es una zona peligrosa, entre el barrio Antena y El Palomar, pero de ninguna manera los efectivos andan haciendo tiros por placer", sostuvo Jesús Brito, el segundo jefe de la Regional Este, de la cual depende la comisaría Güemes.







