31 Julio 2005 Seguir en 
Los únicos imputados por el crimen de Daniel Agüero, ocurrido en una bailanta de Alderete, terminaron siendo beneficiados por las declaraciones que realizaron los testigos en la primera etapa del juicio oral.
En marzo de 2003, el joven había concurrido a la bailanta "El Mundo es mío" junto con un grupo de amigos. En un momento del baile se cruzaron en una pelea con los patovicas. A la salida, según la denuncia de las víctimas, después de que abordaron un automóvil, estos les dispararon con armas de fuego. Agüero recibió dos disparos en la cabeza que le provocaron la muerte; Daniel Orlando Hernández terminó herido y Juan Carlos Melián, el conductor del vehículo, salió ileso.
Por el caso quedó detenido Carlos Alberto Castaño, imputado por homicidio, y José "PC" Eduardo Rivas, acusado de portación ilegal y abuso de armas de fuego. Ambos declararon que, en realidad, ellos se defendieron de los disparos que efectuó el grupo de amigos. Esta versión quedó confirmada al dar positivo un test de parafina que se le practicó a Melián.
Durante el debate oral quedó en claro que las actuaciones policiales que se realizaron por el crimen ocurrido en el local, que era propiedad de Rubén Ale, no se hicieron bien. Luciana Pereyra y Vanesa Piccinetti, consideradas testigos clave, reconocieron que ellas no individualizaron a los atacantes, ni, muchos menos, firmaron el acta donde se constataron estos dichos.
El oficial Cristian Peralta y el subcomisario Jorge Urueña, los que desarrollaron las primeras investigaciones del caso, cometieron varias irregularidades, entre las que se destaca el reconocimiento de Urueña de que el acta fue firmada por un subalterno por pedido suyo.
Daniel Alberto Velázquez, que en el momento del hecho estaba con la víctima, reconoció a los dos acusados y a las armas que estos utilizaron en el ataque, aunque desmintió que ellos hayan disparado. Sin embargo, reconoció que en el automóvil se trasladaban siete personas y no tres, como figura en la causa.Juan Lamas, en su declaración, reconoció que Rivas y Castaño dispararon sus armas, aunque aclaró que él también vio que desde el vehículo se efectuaron disparos.
Por ese motivo el Tribunal, compuesto por Pedro Roldán Vázquez (presidente), Carlos Norry y Julio Espíndola Aráoz, dispuso para mañana un careo entre ambos testigos.
En marzo de 2003, el joven había concurrido a la bailanta "El Mundo es mío" junto con un grupo de amigos. En un momento del baile se cruzaron en una pelea con los patovicas. A la salida, según la denuncia de las víctimas, después de que abordaron un automóvil, estos les dispararon con armas de fuego. Agüero recibió dos disparos en la cabeza que le provocaron la muerte; Daniel Orlando Hernández terminó herido y Juan Carlos Melián, el conductor del vehículo, salió ileso.
Por el caso quedó detenido Carlos Alberto Castaño, imputado por homicidio, y José "PC" Eduardo Rivas, acusado de portación ilegal y abuso de armas de fuego. Ambos declararon que, en realidad, ellos se defendieron de los disparos que efectuó el grupo de amigos. Esta versión quedó confirmada al dar positivo un test de parafina que se le practicó a Melián.
Durante el debate oral quedó en claro que las actuaciones policiales que se realizaron por el crimen ocurrido en el local, que era propiedad de Rubén Ale, no se hicieron bien. Luciana Pereyra y Vanesa Piccinetti, consideradas testigos clave, reconocieron que ellas no individualizaron a los atacantes, ni, muchos menos, firmaron el acta donde se constataron estos dichos.
El oficial Cristian Peralta y el subcomisario Jorge Urueña, los que desarrollaron las primeras investigaciones del caso, cometieron varias irregularidades, entre las que se destaca el reconocimiento de Urueña de que el acta fue firmada por un subalterno por pedido suyo.
Daniel Alberto Velázquez, que en el momento del hecho estaba con la víctima, reconoció a los dos acusados y a las armas que estos utilizaron en el ataque, aunque desmintió que ellos hayan disparado. Sin embargo, reconoció que en el automóvil se trasladaban siete personas y no tres, como figura en la causa.Juan Lamas, en su declaración, reconoció que Rivas y Castaño dispararon sus armas, aunque aclaró que él también vio que desde el vehículo se efectuaron disparos.
Por ese motivo el Tribunal, compuesto por Pedro Roldán Vázquez (presidente), Carlos Norry y Julio Espíndola Aráoz, dispuso para mañana un careo entre ambos testigos.







