17 Junio 2005 Seguir en 
Pánico. Lágrimas. Corridas. Los clientes y los empleados del supermercado céntrico Vea vivieron momentos angustiantes anoche, después de que una mujer dejó en un casillero una granada de gas lacrimógeno activada. Tuvieron que dejar sus carros llenos de mercadería y salir en medio del humo, mientras sentían que se asfixiaban. A pesar de que no hubo heridos, una mujer asmática tuvo que ser auxiliada. El local y toda la cuadra de Córdoba al 600 (donde se encuentra el negocio) fueron desalojados.
Nadie lo podía creer. A las 20.38, una mujer vestida de celeste ingresó al negocio, abrió la casilla número 37 y colocó una caja de zapatos. Sin cerrar la puerta, salió caminando. Nadie advirtió nada. Pero a los 10 segundos, una nube tóxica cubrió las instalaciones. "Pensé que se estaba quemando algo. De repente comencé a sentir un fuerte ardor en la garganta y no podía ver nada, porque los ojos me lloraban", relató la cajera Cecilia Carabajal. Edgardo Scheuermann paseaba por las góndolas cuando vio que todos los clientes se colocaban pañuelos en la cara y lloraban. "Pensé: cuánta gente se ha enfermado. Pero enseguida empecé a sentirme mal", relató.La guardia privada del súper ordenó el desalojo por el depósito trasero, que desemboca en la calle San Juan al 600. Mucha gente no quería dejar su mercadería. "Hubo personas muy imprudentes que no querían salir", comentó la empleada Fernanda Chaile. En tanto, un guardia empujó el casillero donde estaba la granada hasta la vereda y lo dejó al borde de la calle. Luego llegaron los Bomberos y verificaron que no había peligro. El agresor dejó sólo el arma, sin mensaje alguno.Los más afectados fueron algunos empleados que estaban en el primer piso del local, ya que el gas ascendió hasta allí. "No podían salir; la escalera estaba llena de humo y tuvieron que romper los vidrios para poder respirar", contó Marcos Sardina.El gerente de la empresa, Carlos Muso, destacó que el desalojo fue ordenado y se hizo en dos minutos. Subrayó que no hubo heridos y dijo que se podrá identificar a la autora del atentado gracias a un sistema de vigilancia con cámaras, que posee el negocio. Una mujer que sufría de asma tuvo que ser auxiliada en una farmacia de la zona. Algunos comerciantes cerraron sus puertas por miedo, mientras que otros ayudaron a la gente que salía descompuesta. Le proporcionaban agua y refugio, ya que en ese momento caía una fina lluvia.
La chaveta
El bombero Daniel Fuelle comentó que la granada se activó después de que se le arrancó una chaveta. Agregó que esa arma despide un gas muy agresivo que daña la vista y el sistema respiratorio. Edgardo Valera, de la empresa de seguridad del súper, dijo que se trata de un explosivo antitumulto, que es elaborado por Fabricaciones Militares y que no cualquiera puede conseguirlo. Rodolfo Amaya, jefe de Bomberos, opinó que la agresora sería una experta, que conocía que al activar el arma, dentro de una caja, esta demoraría en despedir el humo.
Hasta anoche se desconocían las causas del atentado. "Es la primera vez que ocurre algo así", comentó Muso. "No creo que alguien haya robado algo porque la gente corrió desesperada para proteger su salud", agregó Valera.
En la vereda del supermercado, clientes, empleados y policías tejían diversas hipótesis acerca del hecho. "Podría tratarse de un atentado o de un ataque para distraer a las personas y producir un robo", explicó una agente de la Patrulla Urbana. "Yo diría que fue un acto de algún chistoso o enfermo", concluyó Muso.
Nadie lo podía creer. A las 20.38, una mujer vestida de celeste ingresó al negocio, abrió la casilla número 37 y colocó una caja de zapatos. Sin cerrar la puerta, salió caminando. Nadie advirtió nada. Pero a los 10 segundos, una nube tóxica cubrió las instalaciones. "Pensé que se estaba quemando algo. De repente comencé a sentir un fuerte ardor en la garganta y no podía ver nada, porque los ojos me lloraban", relató la cajera Cecilia Carabajal. Edgardo Scheuermann paseaba por las góndolas cuando vio que todos los clientes se colocaban pañuelos en la cara y lloraban. "Pensé: cuánta gente se ha enfermado. Pero enseguida empecé a sentirme mal", relató.La guardia privada del súper ordenó el desalojo por el depósito trasero, que desemboca en la calle San Juan al 600. Mucha gente no quería dejar su mercadería. "Hubo personas muy imprudentes que no querían salir", comentó la empleada Fernanda Chaile. En tanto, un guardia empujó el casillero donde estaba la granada hasta la vereda y lo dejó al borde de la calle. Luego llegaron los Bomberos y verificaron que no había peligro. El agresor dejó sólo el arma, sin mensaje alguno.Los más afectados fueron algunos empleados que estaban en el primer piso del local, ya que el gas ascendió hasta allí. "No podían salir; la escalera estaba llena de humo y tuvieron que romper los vidrios para poder respirar", contó Marcos Sardina.El gerente de la empresa, Carlos Muso, destacó que el desalojo fue ordenado y se hizo en dos minutos. Subrayó que no hubo heridos y dijo que se podrá identificar a la autora del atentado gracias a un sistema de vigilancia con cámaras, que posee el negocio. Una mujer que sufría de asma tuvo que ser auxiliada en una farmacia de la zona. Algunos comerciantes cerraron sus puertas por miedo, mientras que otros ayudaron a la gente que salía descompuesta. Le proporcionaban agua y refugio, ya que en ese momento caía una fina lluvia.
La chaveta
El bombero Daniel Fuelle comentó que la granada se activó después de que se le arrancó una chaveta. Agregó que esa arma despide un gas muy agresivo que daña la vista y el sistema respiratorio. Edgardo Valera, de la empresa de seguridad del súper, dijo que se trata de un explosivo antitumulto, que es elaborado por Fabricaciones Militares y que no cualquiera puede conseguirlo. Rodolfo Amaya, jefe de Bomberos, opinó que la agresora sería una experta, que conocía que al activar el arma, dentro de una caja, esta demoraría en despedir el humo.
Hasta anoche se desconocían las causas del atentado. "Es la primera vez que ocurre algo así", comentó Muso. "No creo que alguien haya robado algo porque la gente corrió desesperada para proteger su salud", agregó Valera.
En la vereda del supermercado, clientes, empleados y policías tejían diversas hipótesis acerca del hecho. "Podría tratarse de un atentado o de un ataque para distraer a las personas y producir un robo", explicó una agente de la Patrulla Urbana. "Yo diría que fue un acto de algún chistoso o enfermo", concluyó Muso.






