Peligro en el Paraná: se soltó un "barco fantasma" de 107 metros y quedó a la deriva tras el feroz temporal en Corrientes

Las intensas lluvias en el Litoral desamarraron al "Uros-Z", una gigante mole de hierro sin terminar que lleva más de 25 años en un limbo burocrático y hoy representa un serio peligro para la navegación en Corrientes.

El Uros-Z permanece varado frente a los barrios Quilmes y Los Astilleros en la capital correntina, sin luces ni boyas que adviertan su presencia a los navegantes
El Uros-Z permanece varado frente a los barrios Quilmes y Los Astilleros en la capital correntina, sin luces ni boyas que adviertan su presencia a los navegantes Imagen: Infobae

Resumen para apurados

  • Por un fuerte temporal, el buque abandonado Uros-Z se soltó el pasado fin de semana en Corrientes y quedó varado a la deriva en el río Paraná tras recorrer dos kilómetros.
  • La mole de 107 metros lleva 25 años abandonada por trabas burocráticas tras quebrar su fabricante; en 2018 ya se había desprendido y navegado 60 kilómetros sin control.
  • Al carecer de luces y señalización en una ruta clave de navegación, el casco representa un grave riesgo de accidentes fluviales mientras se define la responsabilidad estatal.
Resumen generado con IA

Las lluvias torrenciales en la región del Litoral removieron la historia y lograron sacarla a flote. Inutilizado e inmovilizado por dos décadas en el dique seco de un astillero, el Uros-Z logró desembarazarse de sus ataduras impulsado por la ferocidad y la brutalidad con la que el fenómeno de El Niño azota a la zona del Noreste argentino. Librado a su suerte, el “barco fantasma” de 107 metros que nunca había llegado a navegar logró desplazarse casi dos kilómetros a la deriva entre las fuertes crecidas del río Paraná.

El fin de semana pasado, las precipitaciones torrenciales fueron suficientes para arrancar de sus amarras a una estructura de hierro de 14,5 metros de manga o ancho y 6,70 metros de puntal (altura). Debido a una fuerte crecida del río Paraná en la región de Corrientes, el “buque fantasma” Uros-Z logró deshacerse de sus estachas en el Astillero Corrientes S.A. para navegar dos kilómetros río abajo a la deriva y quedar alojado frente a los barrios Quilmes y Los Astilleros, donde permanece sin señalización y a oscuras.

Una mole a la deriva en una ruta clave de pescadores

El buque fantasma Uros-Z logró desatarse en el fin de semana del 18 y 19 de octubre por el temporal que afecta al Litoral. La fuerza de la corriente del río Paraná, potenciada por el aumento del caudal, fue suficiente para soltar de su seguro a la embarcación gigante. Según informaron fuentes locales, el casco se movió sin rumbo fijo hasta quedar encallado en un sector donde habitualmente circulan pescadores y embarcaciones de menor porte.

El buque quedó varado en un área de habitual tránsito, lo que representa riesgos para la navegación fluvial, donde la falta absoluta de señalización se vuelve cada vez más apremiante. La nave no cuenta con luces, boyas ni elementos de advertencia visual que permitan a los navegantes detectarlo a tiempo en medio de la oscuridad. El hecho encendió de inmediato las alarmas en la ciudad, convirtiendo a la gigante estructura de hierro en un verdadero obstáculo sin control para todo aquel que transite por ese tramo del cauce.

Décadas de abandono y un limbo administrativo

El buque Uros-Z, ahora denominado “barco fantasma”, había permanecido amarrado y sin terminar desde hace más de dos décadas en la costa correntina. Su historia se remonta a principios de la década de 1990, cuando fue diseñado como un buque tanque químico con bodegas de acero inoxidable diseñadas para transportar productos de esa industria.

Su construcción fue encargada por una firma privada al Astillero Corrientes, un establecimiento que por entonces gozaba de prestigio en el rubro: había exportado, incluso, dos plataformas submarinas de perforación a Estados Unidos, luego de conseguir financiamiento del Fondo Nacional de la Marina Mercante. Sin embargo, a mediados de esa década la compañía contratante entró en concurso de acreedores. El resultado fue un acuerdo con el Gobierno nacional mediante el cual el Estado se quedó con la embarcación a cambio de hacerse cargo de las deudas.

Promesas y una odisea burocrática

Desde entonces, el barco quedó en un limbo administrativo. No tiene matrícula oficial —porque nunca se terminó de construir— y tampoco hay claridad sobre qué organismo tiene jurisdicción sobre él. Miguel Gutnisky, dueño de Astilleros Corrientes S.A., relató a la prensa en 2018 la odisea burocrática que atravesó durante años. “Fuimos a la oficina de Bienes del Estado, y nos dijeron que no les correspondía, porque no era un inmueble. Después, en otra oficina encargada de los barcos, nos aclararon que en realidad era un barco en construcción, porque no tiene matrícula, por lo que tampoco tenían jurisdicción”, contó el empresario. Incluso, según su testimonio, llegó a entregarle una carta al entonces ministro del Interior, Rogelio Frigerio, quien se mostró interesado, pero nunca avanzó con una solución.   

En el año 2000, durante el gobierno de Fernando de la Rúa, el astillero firmó un acuerdo con el Ministerio de Economía que establecía un plazo máximo de 60 días para retirar la estructura. Esa promesa, como tantas otras, quedó en la nada. El buque siguió a la intemperie, oxidándose frente a la costa correntina, y los vecinos de la zona terminaron por bautizarlo como “el barco fantasma del Paraná”.

La historia que se repite ocho años después

Lo cierto es que este episodio no es el primero. Ya en 2018, una creciente rompió los cabos del Uros-Z y el casco recorrió entonces casi 60 kilómetros a la deriva sobre el río Paraná. En aquella oportunidad, según relató Gutnisky al mismo portal, tuvieron que contratar un barco para remolcarlo hasta el puerto de Empedrado, pero la nave volvió a soltarse y fue la Prefectura Naval la que terminó custodiándola mientras advertía a otras embarcaciones que no se acercaran. “Si algún gobierno cumplía, esto no hubiera pasado”, lamentó en aquel momento el empresario.

Ocho años después, la situación se repite con un agravante: el deterioro acumulado por más de 25 años de abandono es todavía mayor. Según publicaron medios de Corrientes, el Uros-Z permanece estancado en un sitio sin vigilancia y sin que hasta el momento se haya definido un plan concreto para asegurarlo, señalizarlo o retirarlo del río.

Un tesoro de millones de dólares 

Gutnisky había señalado que la nave aún tenía valor económico. “Se puede continuar la construcción o venderlo así como está. Tiene un motor nuevo y como iba a ser un buque químico, tiene las bodegas de acero inoxidable, que son carísimas. Todo eso vale millones, es plata del Estado que perfectamente se podría recuperar”, afirmó a la publicación. Solo el motor con la caja, estimó, en ese momento tenía un valor cercano a los U$S 2 millones.

Hasta ahora, el casco de hierro sigue varado frente a Quilmes y Los Astilleros, en plena zona de tránsito fluvial. No está claro qué organismo asumirá la responsabilidad ni qué medidas se adoptarán en lo inmediato. Lo único que se mantiene igual, después de más de dos décadas, es la presencia del “barco fantasma” sobre las aguas del Paraná.

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