Regresó la tucumana que había viajado a Ucrania en misión solidaria
Los tucumanos Mercedes Melián de Caram, Ernesto Caram (h), Matías Zermoglio y Gonzalo Brito integraron una misión humanitaria de la Fundación del Convento Santa Clara, que encabeza sor Lucía Caram. Melián contó cómo fue entregar ambulancias en la frontera ucraniana.
La tucumana Mercedes Melián de Caram regresó el lunes a Barcelona, desde Ucrania. Hasta allí había viajado como parte de una misión humanitaria que llevaba donaciones en el marco de la guerra contra Rusia, que ya superó los cuatro años y medio. Ella, en particular, fue una conductora voluntaria, encargada de manejar hasta Ucrania uno de los vehículos -en este caso, una ambulancia- que entregaron al ejército ucraniano. Ayer contó la experiencia en una entrevista que dio a los periodistas Carolina Servetto y Guillermo Monti, para el ciclo Conexión Play, de LGPlay. “Agradezco que LA GACETA se haga eco de esto, porque muchos piensan que ya pasó. Se dejó de hablar de la guerra en Ucrania, y es muy importante que esto no se olvide, porque necesitan mucho de nuestra solidaridad”, advirtió.
Melián de Caram integró el corredor humanitario de la Fundación del Convento Santa Clara, que encabeza sor Lucía Caram, y llevó a Ucrania ambulancias, vehículos de evacuación, medicamentos y generadores eléctricos. La misión reunió a 23 conductores y voluntarios, entre ellos cinco tucumanos: la propia sor Lucía; Melián de Caram; su hijo, Ernesto Caram (h); Matías Zermoglio, y Gonzalo Brito.
Melián de Caram vive en Tucumán y está casada con el hermano de la religiosa. Viajó especialmente para acompañarla en la caravana. Su hijo, radicado en Barcelona, donde fue a hacer una maestría y obtuvo un trabajo en una firma multinacional, tiene a su cargo la logística y la organización del corredor, según explicó. Este, añadió, se repite cada uno o dos meses, y suma 48 acciones desde el inicio de la guerra. La fundación, precisó, cuenta con más de 300 voluntarios.
En esta ocasión, precisó, llevaron dos ambulancias donadas por la Policía y por particulares. Tras recorrer unos 3.000 kilómetros por Francia, Alemania y Polonia, ingresaron a Ucrania al cuarto día y entregaron los vehículos a los soldados de la frontera. Las fuerzas de seguridad y el Ejército los recibieron en una ceremonia muy emotiva, en la cual el conductor entrega la llave del vehículo a un oficial, que luego lo usará para trasladar heridos o evacuar civiles.
Melián de Caram contó que los vehículos -usados, pero en buen estado- no suelen durar más de un mes en el frente; más o menos en ese tiempo, un dron o alguna acción bélica los destruye. “Qué aventuras tendrá para contar ese autito chiquitito, si es que nos volvemos a ver, cosa que no creo”, contó que pensaba al momento de la entrega.
También donaron un rosario del papa León XIV -de quien dijo que estaba muy involucrado en la ayuda humanitaria- y baterías portátiles para celulares que duran al menos dos días y se envían al frente. “Las comunicaciones son muy importantes, y más de una vez un celular con batería salvó vidas”, remarcó.
País rico y pujante
Contó que Ucrania era un país rico y pujante, comparable con la Argentina -“el granero de Europa”-; y que hoy, debido a la guerra, falta agua, electricidad, elementos esenciales en los supermercados y, en ocasiones, medicamentos básicos en los hospitales. Si bien no se adentraron en la zona bélica, dijo que bordearon la frontera unos 30 kilómetros hasta el otro puesto fronterizo. Durante ese recorrido pudieron ver personas caminando y chicos en bicicleta. “Entrás ahí y sentís esa tristeza en el aire; y mucho silencio... las casas cerradas, como un día domingo”, describió.
Lograron comunicarse con los oficiales gracias a la inteligencia artificial. “Muchos chicos muy jóvenes, la mayoría, que deberían estar en la universidad o practicando algún deporte, están en el frente. Y de acuerdo a una estadística, un 40% de estos muere en acciones de combate. Yo recé muchísimo para que el chico al cual le entregué la ambulancia tenga la posibilidad de sobrevivir esta guerra”, dijo Melián de Caram.
Recordó que los oficiales y los soldados los agasajaron con una comida abundante, que incluyó el borsch, una sopa de remolachas. “En un lugar en guerra donde todo escasea ellos nos ofrecieron esa comida como gesto de agradecimiento. ¡Y el cariño con el que la cocinera nos entregaba la comida! Yo probé de todo un poquito, porque te están ofreciendo manjares; entonces, comé, sonreí, agradecé. Es su forma de entregarte todo su cariño”, señaló.
Melián de Caram explicó, también, cómo se puede ayudar desde la distancia: “Cuando está por haber un corredor humanitario, la familia Caram empieza a invitar a allegados o familiares. Además, cuando se está por hacer una campaña, en las redes de Sor Lucía salen los datos bancarios, y se puede depositar dinero. Es todo supertransparente. Y si conocen gente en España, que se comuniquen con el convento. Es una experiencia muy movilizante”.
Más allá de la condición de religiosa de sor Lucía, su cuñada explicó que no es necesario profesar ninguna fe para ser voluntario. “Entre los voluntarios, un montón ni siquiera son de católicos. Nos mueve otra cosa: la humanidad, querer ayudar. En una de sus conferencias sor Lucía dijo que Dios no tiene manos, que nosotros somos las manos de Dios. Con esa reflexión me dije a ver si estas manitos pueden ser un ratito las manitos de Dios. Y cuando te vas adentrando te das cuenta de que tal vez indirectamente estás salvando una vida. Y entonces ahí el manejo no pesa, dormir poco no pesa, comer mal no pesa. Ahí es donde decís, si estas ‘manitos de Dios’ salvan a alguien, entonces es misión cumplida”, dijo.









