Resumen para apurados
- Cientos de corredores completaron la cuarta edición de los 21K LA GACETA en Tucumán movilizados por promesas, homenajes familiares y desafíos de superación personal.
- La prueba incluyó hitos como el debut del atleta adaptado Facundo Álvarez Villamil y veteranos de salud que reemplazaron tratamientos médicos gracias al atletismo.
- La competencia consolida su valor social al inspirar a personas con discapacidad a sumarse al deporte y promover el bienestar integral más allá de los cronómetros.
Más allá de los podios y los tiempos oficiales, la cuarta edición de los 21K LA GACETA dejó postales marcadas por las motivaciones personales de quienes se animaron a largar. Para muchos, cruzar la meta significó cerrar una promesa, recordar a un ser querido o lograr un cambio rotundo en su calidad de vida.
Dejar la insulina
A sus 64 años, tras cruzar el arco de llegada, Miguel Galarce tenía una mueca de satisfacción. Veterano de Malvinas, suma entre 80 y 90 kilómetros semanales de entrenamiento, pero su mayor logro empezó con un diagnóstico médico.
“Esto es un trabajo de todos los días, un sacrificio... me gusta por la calidad de vida que da el atletismo. Empecé a correr hace 17 años, me acerqué por la diabetes. Me trataba con insulina y ahora la dejé y estoy con pastillas. Mejoró sustancialmente mi vida gracias a esto”.
En la charla, también se hizo un espacio para recordar: “Por supuesto, las Malvinas son argentinas. Un saludo para todos los compañeros que están en Tucumán”. Y cerró con una dedicatoria especial: “Esta carrera es para mi familia y para mi entrenador Juan Pablo Juárez”.
“Esta carrera fue dedicada a él”, contó al concluir la prueba. “A principios de año tuvimos una noticia muy fea: le diagnosticaron cáncer. Hace unas semanas tuvo la segunda cirugía, en la que había más posibilidades de muerte que de vida. Pero gracias a Dios, con mucha fe y esperanza, pudo salir de la operación y hoy está bien. Esta fue una promesa que hice: quería que me acompañe en esta carrera”.
Una promesa cumplida
Con 23 años, Gonzalo Contreras debutó en los 21K con la imagen de su primo, Hernán Ferreira, impresa en el pecho.
Antes de la largada le mandó un video a su familia en el que mostraba la remera: “Le dije que lo quiero mucho y que esta carrera fue para él. No corremos juntos, pero siempre quiero estar cerca de mi familia. Fue una ofrenda”.
El cierre de la prueba le exigió al máximo: “Pensé muchas cosas: en el esfuerzo que estaba haciendo, en que no sabía si iba a llegar. Se me plantearon un par de dudas en el kilómetro 18; quería ver si pasaba esa barrera porque nunca había pasado ese límite. Cuando llegué a la avenida dije ‘gracias a Dios estamos llegando’, así que empecé a apretar y apretar”. En el final lo esperaban su mamá, su novia y su padrastro: “Agradezco muchísimo a mi familia que me bancó”.
El legado familiar
Para los Barabani, el atletismo ya es una tradición. Pablo, su hermano Carlos y el joven Santino se repartieron entre los 5K y los 21K. “Es mi cable a tierra, igual que para mi hermano, y correr con mi familia es lo mejor que hay; nos hace bien”, señaló Pablo.
A su lado, Carlos sumó: “Gracias a Dios pude llevar a mi hijo por el buen camino y que todos podamos correr y disfrutar. Siempre buscamos el bienestar y la salud. Es una satisfacción enorme que puedan seguir y acompañar”. Santino, que debutó en los 5K, fue claro: “Sigo el ejemplo de mi papá”.
La jornada tuvo además un homenaje especial: corrieron con indumentaria dedicada a un nene de 10 años que falleció a causa del cáncer. “Queremos mandar un saludo para el papá de Bautista Meroi, que nos obsequió gorrita y remera para que él hoy pueda estar presente”, contó Carlos, y agregó: “Bauti era un nene que jugaba al rugby como lo hace mi hijo, ayer estuvimos en un torneo en honor a él. Hoy lo sentimos y quisimos correr junto a él, por eso el homenaje”.
Superar los límites
El cierre de la mañana dejó una de las escenas más conmovedoras con el arribo de Facundo Álvarez Villamil. El deportista adaptado desafió el circuito en su silla de ruedas, impulsado a pura fuerza de brazos. El año anterior ya había completado los 10 kilómetros, pero ahora se había propuesto dar el salto y animarse a los 21K.
“La verdad que es muy linda la sensación de llegar así, con todos aplaudiendo, con las bocinas. Siento mucha emoción”, valoró. A lo largo del recorrido, el aliento de los vecinos y automovilistas lo ayudó a sostener el ritmo: “Los autos que pasaban, la gente que estaba parada, todos te alentaban: ‘¡Vamos, sos un genio!’, me decían”.
Apenas detuvo la marcha y recibió su medalla, la adrenalina dio paso a un abrazo junto a sus padres, Eduardo Álvarez y Viviana Villamil, sus hermanos y sobrinos. “Se largaron a llorar y yo también”, reconoció Facundo, profundamente agradecido con los suyos: “Les agradezco porque me acompañan en cada carrera y están ahí; siguen siempre dándome el empujón y alentándome”.
“El deporte para mí es vida, es algo que te ayuda a seguir adelante, te ayuda a salir de los problemas”, reflexionó, y coronó su logro con un mensaje para toda la comunidad: “Quiero que las personas con discapacidad se animen a hacer cualquier deporte, ya sea correr o cualquier otro, porque te ayuda muchísimo mental y físicamente”. A su lado, su papá Eduardo agregó: “Tiene el apoyo incondicional nuestro para hacer las cosas que quiera hacer. Nos llena de emoción y de gozo que sea así”. En sintonía, su mamá Viviana cerró: “Todos apoyamos: los hermanos, los sobrinos, todos. Es importante esto, porque chicos que se creen que no pueden... lo logran”.
El cronómetro midió horas, minutos y segundos, pero fue incapaz de registrar la magnitud de cada historia. En el parque 9 de Julio, más que una competencia, los 21K dejaron una certeza: cuando una meta se cruza con el corazón, no hay reloj en el mundo que alcance para medir semejante triunfo.









