De Tafí Viejo a los pies de Leónidas: la odisea de Luciano López en el Spartathlon y su mensaje para los 21K de LA GACETA

Tras completar los 246 kilómetros más legendarios del mundo en casi 35 horas, el atleta tucumano repasa repasa la batalla física en la montaña griega, las marcas del dolor y el orgullo de alentar a sus alumnos este domingo en la gran fiesta tucumana.

HAZAÑA. Tras más de 240 kilómetros, Luciano López cruzó la meta y dejó a Tucumán en lo más alto del ultrafondo mundial.
HAZAÑA. Tras más de 240 kilómetros, Luciano López cruzó la meta y dejó a Tucumán en lo más alto del ultrafondo mundial.
Por Gonzalo Vera 10 Octubre 2026

Resumen para apurados

  • El atleta tucumano Luciano López completó recientemente en Grecia el legendario Spartathlon de 246 km tras correr casi 35 horas por superación personal.
  • Sin patrocinadores, financió el viaje con rifas y entrenó de noche; durante la prueba superó el clima adverso, el extravío de valijas y severas heridas físicas.
  • Tras su hazaña en Europa, el corredor tucumano busca inspirar a sus alumnos del grupo Lemon Team y a los participantes de la próxima media maratón local.
Resumen generado con IA

Llegar a Esparta es cruzar una frontera física y mental donde la realidad empieza a confundirse con el delirio. Cuando el taficeño Luciano López vio aparecer entre la multitud la figura de bronce del rey Leónidas, ya no sentía las piernas: llevaba la bandera argentina sobre la espalda, las zapatillas teñidas de sangre y la certeza de haber vencido al reloj y al dolor. De regreso en Tucumán, con las marcas de la batalla todavía cicatrizando en la piel, el atleta revive una gesta que pocos en el mundo pueden contar.

El Spartathlon no es una carrera más; es el templo del ultrafondo internacional. Inspirada en la travesía que realizó el mensajero Filípides en el 490 a.C. para pedir auxilio militar frente a la invasión persa, la prueba une la Acrópolis de Atenas con la mítica Esparta a lo largo de 246 extenuantes kilómetros. Con un tiempo límite de 36 horas y puestos de control que van eliminando a quienes no cumplen los parciales exigidos, el trazado combina asfalto caliente, caminos rurales y senderos de montaña.

En esta edición, el nivel fue sobrehumano: el húngaro Tamás Bódis se coronó con un registro de 19 horas y 40 minutos. Para Luciano, el triunfo tuvo un significado distinto: el de la supervivencia pura, tras cruzar la el arco de llegada en 34 horas y 56 minutos. De los casi 400 corredores de elite de todo el globo que iniciaron la competecia, solo el 60 % logró completar el trayecto. En ese lote selecto dejó su huella la Legión Argentina: de los 14 deportistas nacionales que partieron desde Atenas, 11 completaron el extenuante desafío, con Tucumán presente.

Rutina de madrugada

Presentarse en la línea de partida en Europa no fue sencillo. Para entrar al Spartathlon es obligatorio clasificar previamente con marcas mínimas en competencias oficiales, y López encaró el proyecto a puro pulmón.

Sin sponsors ni apoyo económico, costeó los pasajes, la inscripción y el hospedaje organizando rifas y con la ayuda de familiares y amigos. Además, tuvo que hacer malabares con la rutina: trabaja como jefe de área de Higiene y Seguridad en una fábrica de papel, cría a sus hijos y entrena tres veces por semana a los alumnos de su grupo de running, “Lemon Team”.

"Fueron seis meses de preparación específica muy duros, metiendo entre 140 y 170 kilómetros semanales de trote más cinco días de gimnasio. No había margen para excusas: muchas veces salía a entrenar a las 11 de la noche, terminaba a la 1 de la mañana y a las 5.30 ya estaba arriba para ir a trabajar", recuerda. Ese desgaste diario terminó jugándole a favor: "Estoy tan acostumbrado a dormir poco que eso me ayudó a no sentir el sueño durante la carrera".

Noche en la montaña

Los contratiempos arrancaron antes de pisar suelo helénico. En la escala en España, la aerolínea le perdió la valija: "Se quedó en el aeropuerto de Madrid con toda mi indumentaria, los suplementos y el calzado. Yo ya estaba en Atenas desesperado, con unos nervios terribles. Por suerte apareció dos días antes de la largada", confiesa.

EMOCIÓN. Luego de completar la prueba, el taficeño llegó a los pies de la estatua del Rey Leónidas. EMOCIÓN. Luego de completar la prueba, el taficeño llegó a los pies de la estatua del Rey Leónidas.

En plena prueba, el primer golpe anímico no tardó en aparecer: a los 50 kilómetros las piernas ya le pesaban. "Pensaba: si estoy así ahora, ¿cómo voy a hacer para los 200 que faltan? Ahí la clave fue fraccionar la cabeza. El circuito tiene 75 puestos de control, uno cada cinco kilómetros aproximadamente. Me propuse no pensar en el final, sino parar en cada puesto, tomar agua caminando y seguir. Así, al kilómetro 75 ya me sentía pleno otra vez".

El tramo más bravo llegó de noche y en la altura. Cerca del kilómetro 170 debió encarar el ascenso al monte Partenio, una pendiente comparable a la subida al cerro San Javier, pero con lluvia torrencial, barro, piedras sueltas, viento helado y cornisas a oscuras: "Arriba hacía un frío que te congelaba. Tomé un café caliente en el puesto y tuve que empezar a bajar de inmediato porque si te quedabas quieto no lo contabas", relata.

Zapatillas con sangre

Al superar los 200 kilómetros, la fricción de la ropa mojada y el barro le pasaron factura con laceraciones en la piel: "Tenía las zapatillas teñidas de rojo por la sangre que bajaba y ampollas en los pies, pero jamás se me cruzó por la mente abandonar".

Para no aflojar, se aferró a lo íntimo: en el calzado llevaba grabados los nombres de sus hijos y en la memoria una promesa para su papá, quien falleció pocos días antes de que él empezara a buscar la marca de clasificación.

En el tramo decisivo, el cansancio acumulado lo puso al límite físico: "Hay momentos en los que vas dormido. De golpe te despertás y te das cuenta de que seguís corriendo. Los últimos cinco kilómetros los hice con el corazón en la mano; ya no entraba comida, el estómago estaba cerrado y no coordinaba el ritmo, pero ver a la gente alentando y arribar a los pies de Leónidas con la bandera argentina fue exactamente lo que soñé durante años".

Presente en los 21K

A dos semanas de la hazaña y mientras continúa curando sus heridas, Luciano ya volvió al trote suave. Este domingo no estará compitiendo en el circuito, pero dirá presente en el parque para acompañar a los integrantes del Lemon Team, que se prepararon durante meses para la media maratón.

"La de LA GACETA es para mí la mejor carrera de la provincia, fui a todas las ediciones. Me emociona profundamente ver a miles de personas listas para largar. El running dejó de ser una moda hace rato; se instaló porque es salud y porque lo único que necesitás para empezar es un par de zapatillas y las ganas", asegura.

Con la mirada puesta en quienes debutarán o buscarán mejorar sus marcas este domingo, el atleta taficeño deja un mensaje que define su propia historia: "Correr es un cable a tierra. Salís con problemas del trabajo o de la casa y volvés renovado, con la cabeza limpia. Este deporte demuestra que no hay límites cuando hay constancia y sacrificio. Hace cinco años veía el Spartathlon como algo reservado para superdotados, y hoy la medalla está en casa".

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