Por Alejandro Urueña / Ética e Inteligencia Artificial (IA) - Founder & CEO Clever Hans Diseño de Arquitectura y Soluciones en Inteligencia Artificial. Magister en Inteligencia Artificial.
Amnistía Internacional hizo en Brasil algo que cualquiera podría hacer desde su casa: le pagó a Facebook anuncios con mentiras electorales y esperó a ver quién la frenaba. Presentó 15 anuncios en portugués dirigidos a brasileños en edad de votar. Catorce tenían desinformación y uno era neutro. El revisor no es un empleado con lupa, es una máquina: Meta utiliza inteligencia artificial para identificar de forma proactiva los anuncios que podrían violar sus políticas. El resultado fue que Facebook aprobó ocho anuncios con desinformación, entre ellos tres de cada cuatro que pedían que el Ejército tomara el poder. Nadie los vio porque la publicación se fijó para una fecha futura y Amnistía los canceló antes.
Lo revelador está en los siete que no pasaron. Fueron frenados, incluido el neutro, por tratarse de anuncios sobre temas sociales, elecciones o política, no por su contenido. Traducido: la inteligencia artificial no lee si lo que decís es verdad, mira de qué hablás. Es un patovica que te pide el DNI si tenés pinta de candidato, pero no revisa la mochila. Y ni siquiera mira de dónde venís: los investigadores estaban fuera de Brasil y no usaron una VPN. No hace falta una conspiración para entenderlo, alcanza con ver la caja: el 98% de los ingresos de Meta en el primer trimestre de 2026 vino de la publicidad. El anuncio dudoso también paga.
Ahora, a casa
El 9 de mayo de 2027 Tucumán elige gobernador, 49 legisladores, 19 intendentes, 284 concejales y 93 comisionados comunales, con acoples y la tradicional boleta papel. Además, se estima que habrá alrededor de un centenar de partidos habilitados. O sea, cientos de anunciantes chicos que segmentan por barrio. Y ahí entra la otra inteligencia artificial, la que no modera sino que produce. Con una herramienta generativa, cualquier sello armado a último momento puede fabricar doscientas versiones de la misma mentira en una tarde, cada una con el nombre de una comuna distinta. Un filtro que en Brasil no distinguió al golpista del votante difícilmente distinga doscientos acoples que dicen lo mismo con distinta foto.
La mentira útil en Tucumán no necesita tanques. Alcanza con “tu acople se bajó”, “cambiaron tu escuela” o “esa boleta es nula”, dirigida a una comuna de tres mil votantes por menos de lo que cuesta un asado. Brasil al menos tiene árbitro: en marzo de 2026 una resolución del tribunal electoral fijó qué contenidos deben eliminar las plataformas y prohibió el uso de IA generativa para priorizar candidaturas, y aun así el filtro falló. Acá, la campaña arranca el 9 de abril y la veda empieza el 7 de mayo. Pero para un algoritmo que no sabe en qué provincia está, la veda es apenas una costumbre local y ajena.
Lo estratégico no es indignarse con Meta, que ya mostró que su negocio es el espacio y no la verdad. Lo estratégico es asumir que la verificación la vamos a tener que hacer nosotros: partidos que vigilen la biblioteca de anuncios, medios que repitan el experimento en castellano tucumano antes del 9 de abril, y una Junta Electoral con un canal oficial para desmentir rápido. Si nadie mira, ya sabemos cómo termina: la máquina sigue pidiendo DNI y las mochilas pasan.
Cuidemos la democracia. Que el poder tecnológico rinda cuentas ante la ciudadanía. Peter Thiel escribió sin vueltas en 2009: «Ya no creo que la libertad y la democracia sean compatibles» -segundo párrafo de su ensayo en Cato Unbound-. Esa posición merece una respuesta: defender la libertad de pensar, la intimidad y el control democrático sobre quienes acumulan poder. Nuestros derechos merecen algo más que un botón de “aceptar”.











