Resumen para apurados
- Philip Morris debatió en Buenos Aires la transición hacia productos sin humo para reducir el daño a la salud, durante el evento Technovation realizado este octubre.
- Con una inversión de USD 16.000 millones desde 2016, el sector impulsa opciones libres de humo tras la reciente apertura legal en Argentina frente al comercio ilícito.
- El sector proyecta sustituir el cigarrillo tradicional combinando regulación y educación, buscando reducir el impacto sanitario en ocho millones de fumadores argentinos.
Futuro. Transformación. Oportunidad. Alternativas. Ciencia. No humo (no se pudo separar el concepto del prefijo negativo). Salud. Innovación. Reducción de daño (tampoco fue posible revertir esta construcción sustantiva). Hábitos. Estrategia. Regulación. Clandestinidad. Riesgos. Desafío. Inteligencia Artificial. Y, por supuesto, tabaco. Todos estos vocablos estuvieron repiqueteando durante las más de seis horas en las que una decena de expositores conversaron en Technovation. El encuentro, que también se hizo en Estocolmo (Suecia) y en Washington (Estados Unidos), fue organizado por Philip Morris.
Las conversaciones en los pasillos del salón Origami en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires eran en inglés y en las más variadas tonadas de castellano, acompañadas por espectadores de toda Latinoamérica, de las principales provincias tabacaleras de la Argentina.
En los distintos paneles se repitió el concepto: Si no fumás, no empieces. Si fumás, dejalo. Y si no lo dejás, cambiá por productos alternativos. Al mismo tiempo que el debate se iba concentrando en la decisión de transformarse de una industria que dañaba la salud en una industria sin humo, en forma paralela, tomaba cuerpo la idea de transformación. La discusión que siempre quedó dando vueltas -especialmente en las charlas de pasillos- es cómo afrontar los desafíos de reconvertir una industria. De adaptarse. Para ayudar a pensar sobre eso, Diego Rivas, CEO de Banco de Galicia y Andrés Carfagna, director comercial de General Motors, se ocuparon de contar cómo se fue transformando la actividad bancaria y la automotriz.
En ese mismo panel, Matías Farrel, responsable de Asuntos Corporativos de Philip Morris, explicó que se busca que el consumidor de cigarrillos actual pase a los productos alternativos que son menos dañinos y que ahora se pueden empezar a consumir en la Argentina desde hace muy poco, desde mayo. Antes había trabas legales para que se pudiera acceder a estos productos sin humo y, en cambio, como suele ocurrir con las prohibiciones, proliferaron los vapeadores ilegales que generan otros perjuicios a la salud.
Tres productos
Fue el italiano Tomasso Di Giovanni, vicepresidente de la empresa tabacalera, quien comentó que en 2016 se tomó el impulso fuerte de transformación. Por aquel entonces, fue el CEO André Calantzopoulos quien sentenció que el futuro era ser una empresa sin humo. Y, desde entonces se empezó un proceso que hoy derivó en tres productos principales.
Suena muy extraño asociar la idea del cigarrillo y del tabaco y que el humo esté ausente. Sin embargo, con aquel objetivo puesto hacia el futuro se hizo una inversión de 16.000 millones de dólares para el desarrollo de la validación científica y la comercialización de productos libres de humo. Y se incorporaron puestos y tareas muy diferentes a los que venían desempeñando, llegando a sumar 1.600 empleados entre científicos y técnicos.
Ellos llegaron a la elaboración de las bolsitas de nicotina que ya se están comercializando en la Argentina que no contienen tabaco, pero sí nicotina y que se colocan en la boca y se absorben. El segundo producto son vaporizadores que también contienen nicotina derivada del tabaco y el producto vedette son los denominados Tabaco caliente que son dispositivos electrónicos a los cuales se les introduce un cigarrillo muy parecido al tradicional con filtro incluido y que no genera ni humo ni ceniza.
Estas nuevas formas de fumar tuvieron su inicio en la experiencia de un ciudadano chino que a principios de este siglo, en el 2000, se vio acosado por la situación que atravesaba su padre al no poder dejar de fumar y al consumir dos paquetes de cigarrillos por día. Según comentó Di Giovanni, en la búsqueda de darle una mejor vida a su progenitor, pergeñó lo que sería el primigenio cigarrillo electrónico que era de un tamaño bastante más grande que el actual.
El negocio
La pregunta que dio vueltas en la estructura del salón Origami es por qué este desafío y estas inversiones. La respuesta es el negocio en sí y la cantidad de millones que danzan alrededor de esta industria. Actualmente hay 1.000 millones de fumadores en el mundo que siguen sufriendo efectos en su salud debido al cigarrillo tradicional. De ellos, 60 millones residen en América Latina y unos 8 millones son argentinos que no pueden abandonar el hábito de fumar.
Según la visión desplegada por los expertos de la empresa anfitriona, es la combustión del tabaco la que hace que los cigarrillos sean perjudiciales. Y la nicotina es una sustancia de origen natural que está en el tabaco, que es adictiva y no está libre de riesgo, pero que no es la causa principal de las enfermedades relacionadas con el tabaquismo. El ejemplo citado fue Suecia, que ha promovido durante mucho tiempo los productos orales de nicotina y ahora cuenta con la tasa de tabaquismo más baja de la Unión Europea al pasar del 15% a cerca del 5% en los últimos 15 años.
La ilegalidad
El negocio descripto afronta una competencia desleal que es la ilegalidad. Se calcula que en América Latina y Canadá se consumieron 77.000 millones de cigarrillos ilegales, lo cual arrojó una pérdida de 8.500 millones de dólares en la recaudación impositiva. A la hora de hacer comparaciones, se calcula que se podrían haber construido más de 50 hospitales en el continente o decenas de miles de aulas. En la Argentina el consumo de cigarrillos ilegales representa el 10 por ciento aproximadamente del total. Sobre 36.300 millones de cigarrillos, el 10,7% fue ilícito y las pérdidas estimadas de recaudación impositiva llegan a los 332 millones de dólares. En Brasil, la situación es mucho peor ya que cuatro de cada 10 cigarrillos que se consumen son ilegales y, por lo tanto, el Estado deja de percibir unos 2.600 millones de dólares.
Di Giovanni sostuvo que los países que mantienen únicamente políticas restrictivas muestran una disminución más lenta de las ventas de cigarrillos frente a aquellos que también promovieron la adopción de alternativas libres de humo. En ese marco, destacó el cambio regulatorio ocurrido este año en la Argentina y planteó que las restricciones previas no habían impedido que estos productos llegarán al país a través de internet y del comercio ilícito. “La calidad de los productos no estaba controlada y, lo que es aún más importante, tampoco había controles sobre quién utilizaba esos productos”, concluyó.
Al proyectar cómo podría verse un escenario de futuro sin humo, Christos Harpantidis, jefe de Philip Morris International planteó la necesidad de lograr una combinación de educación, información y regulación. Según el directivo, la primera alternativa debería ser que los consumidores abandonen completamente el consumo de nicotina. No obstante, manifestó que existe otro grupo de adultos que no puede o no quiere hacerlo y para el cual los productos alternativos pueden ser una salida. “Al mismo tiempo, hay personas que no pueden o no quieren abandonar la nicotina y, para ellas, las mejores alternativas tienen un sentido”. Para que ese esquema funcione, es fundamental tener políticas fiscales razonables, controles sobre las ventas y acciones contra el comercio ilícito.
En distintos idiomas, la jornada se fue canalizando por la existencia de un consumo muy alto de cigarrillos y por lo tanto, un negocio que se abre a los productos alternativos a través de una industria que acepta el desafío de no generar humo y reducir a más de un 95% el daño en la salud y con la necesidad de que cuanto más se controle y legalice, mejor será el resultado. Siempre con la consigna de que si no fumás, no empieces. Si fumás, dejalo. Y si no lo dejás, cambiá por productos alternativos. (Producción periodística: Federico van Mameren)












