Resumen para apurados
- Lionel Messi se despide este martes de la Selección Argentina en el estadio Monumental tras anunciar su retiro definitivo y culminar un ciclo histórico de resiliencia deportiva.
- Tras perder cuatro finales y renunciar brevemente en 2016 ante duras críticas, el capitán revirtió la adversidad al consagrarse campeón de América en 2021 y del mundo en Qatar 2022.
- El adiós del astro consagra un legado de perseverancia que trasciende los títulos, redefiniendo el valor del esfuerzo y la superación en la historia del fútbol internacional.
DESDE BUENOS AIRES.- El 26 de junio de 2016, en el estadio MetLife de Nueva Jersey, Lionel Messi pateó el primer penal de la definición contra Chile y la pelota se fue por arriba del travesaño. Argentina perdió su tercera final consecutiva. Minutos después, con los ojos rojos, el capitán dijo que para él la Selección se había terminado. Tenía 29 años y parecía que la historia había llegado a su punto final.
No era la primera caída. En 2007, con 20 años, había perdido la final de la Copa América con Brasil. En 2014, en el Maracaná, la Copa del Mundo se le escapó en el alargue con Alemania. En 2015, en Santiago, Chile le ganó otra final por penales. Cuatro finales, cuatro derrotas. Para muchos, la explicación era sencilla y cruel: el problema era él.
Pocos futbolistas fueron tan discutidos en su propio país. Le decían pecho frío. Le reclamaban que no cantaba el himno. Lo acusaban de dejar todo en Barcelona y guardarse en la Selección. Lo comparaban con Diego Maradona en cada partido, como si ganar un Mundial dependiera de un solo hombre. Las críticas llegaban desde las tribunas, desde los programas deportivos y desde las mesas de café. Él escuchaba y callaba.
"No te vayas Lio"
Lo que vino después de aquella renuncia explica buena parte de su grandeza. En las calles apareció un pedido masivo para que no se fuera, con carteles y una movilización al Obelisco. Semanas más tarde, en agosto de 2016, el rosarino anunció que volvía. No puso condiciones ni dio discursos. Simplemente regresó a ponerse la camiseta que tanto le había hecho sufrir.
El camino siguió siendo empinado. En octubre de 2017, en la altura de Quito, la Argentina estaba al borde de quedarse afuera del Mundial de Rusia. "Leo" convirtió los tres goles del triunfo ante Ecuador y metió al equipo en la Copa del Mundo casi por su cuenta. El mismo al que acusaban de no sentir la camiseta la salvó cuando más pesaba. Después llegaron la eliminación con Francia en los octavos de Rusia 2018 y una Copa América 2019 que terminó con una expulsión polémica. Otra vez las dudas. Otra vez las críticas.
Caerse no es el final, la enseñanza que nos dejó Messi
Pero el "10" había aprendido algo que no se enseña en ninguna escuela de fútbol: que caerse no es el final, sino una parte del camino. En 2021, en el Maracaná, ganó por fin su primera Copa América. Un año después, en Qatar, el debut fue una derrota inesperada ante Arabia Saudita. Muchos volvieron a preguntarse si la historia no se repetía. El capitán pidió que la gente confiara, que ese grupo no los iba a dejar tirados. Cumplió con creces. Argentina terminó levantando la Copa del Mundo en Lusail.
Lo más notable de su recorrido no son los títulos que ganó, sino las veces que se levantó antes de ganarlos. Messi podría haberse quedado con la renuncia de 2016 y nadie le hubiera reprochado nada. Ya era el mejor jugador del planeta, tenía todo resuelto en su club, no necesitaba exponerse a otra frustración. Eligió volver. Eligió intentarlo otra vez, sabiendo que podía volver a perder.
En la carta con la que anunció su retiro, el 31 de agosto, dejó una frase que resume esa historia. “Les juro que siempre dejé todo, no solo los últimos años que se ganó todo, antes también”. Es un mensaje para quienes lo criticaron en los años difíciles. También es un recordatorio de que el esfuerzo existe aunque el resultado no acompañe.
El destino le guardó una última coincidencia. El 19 de julio de este año, su último partido oficial con la Selección fue la final del Mundial ante España, en el mismo estadio MetLife donde diez años antes había renunciado. Volvió a perder, 1 a 0. Esta vez, sin embargo, nadie le reprochó nada. El hombre que en 2016 había salido llorando de allí se fue aplaudido, con la sensación de que ya no le debía nada a nadie.
Esa es, quizás, la enseñanza más grande que deja. No la de un genio que nunca falla, sino la de alguien que falló muchas veces y siguió adelante. En un país acostumbrado a caerse y a levantarse, el capitán mostró que se puede volver a intentarlo una y otra vez. Este martes, en el Monumental, se despide el que nos enseñó a volver.












