Resumen para apurados
- Lionel Scaloni y el plantel argentino expresaron en Buenos Aires su profunda conmoción ante la inminente despedida de Lionel Messi de la Selección.
- Tras anunciar su retiro mediante una emotiva carta a los 39 años, el astro cerró un ciclo de dos décadas marcado por duros tropiezos y la gloria absoluta.
- El homenaje en el estadio Monumental consagrará su legado deportivo, marcando el fin de una era irrepetible en la historia del fútbol internacional.
DESDE BUENOS AIRES.- “Va a ser difícil no llorar ese día, es un privilegio poder estar”. Lionel Scaloni lo dijo el 24 de septiembre, en el predio de Ezeiza, cuando le preguntaron por la despedida de Lionel Messi. El entrenador que ganó un Mundial, dos Copas América y una Finalissima, el hombre que conoce al capitán como pocos, reconoció en público lo que millones sienten en privado: hablar de "Leo" emociona.
No le pasa solo a él. El 31 de agosto, cuando se conoció la carta del retiro, los mensajes de sus compañeros llenaron las redes. Rodrigo De Paul le escribió que no se imaginaba cuántas sonrisas había sacado. Lisandro Martínez admitió que uno nunca se prepara para estas cosas. Leandro Paredes lo definió como el más grande de todos. Cristian Romero fue todavía más lejos: le agradeció por todo lo que había dejado en él y en el país. Eran futbolistas campeones del mundo, hombres curtidos en vestuarios de Europa, hablando como hinchas.
La pregunta, entonces, es inevitable: ¿por qué se nos quiebra la voz cuando hablamos de Messi?
Las respuestas son muchas y se mezclan.
- La primera tiene que ver con el tiempo. Lo vimos debutar con 18 años y lo despedimos con 39. Lo acompañamos durante más de dos décadas, una vida entera de fútbol. Cuando un jugador está tanto tiempo, deja de ser solo un jugador. Se convierte en parte de la historia personal de cada uno. Despedirlo es, un poco, despedir también una etapa propia.
- La segunda razón es el sufrimiento compartido. Con él perdimos finales que dolieron como pocas cosas en el fútbol: Brasil 2014, las Copas América de 2015 y 2016. Lo vimos llorar en un banco de suplentes, lo vimos renunciar en Nueva Jersey, lo vimos volver. Esas lágrimas también fueron nuestras. Por eso, cuando finalmente ganó, el festejo tuvo algo de desahogo colectivo. No celebramos solo un título: celebramos el final de una angustia que habíamos cargado juntos.
- La tercera razón es más incómoda. Durante años, muchos argentinos lo criticaron con dureza. Lo acusaron de no sentir la camiseta, de jugar mejor en Barcelona que en la Selección, de no estar a la altura de Diego Armando Maradona. Él nunca respondió con palabras. Respondió con fútbol, con paciencia y con títulos. Hoy, una parte de esa emoción tiene sabor a disculpa. Lo queremos tanto, también, porque sabemos que alguna vez no lo supimos querer.
- La cuarta razón es la forma en que se mostró vulnerable. El capitán nunca fue un líder de gritos ni de frases hechas. Lloró de rodillas en el Maracaná en 2021, cuando ganó su primera Copa América. Lloró en el debut del último Mundial, después de convertir ante Argelia, en días en los que atravesaba un momento familiar muy duro. Lloró en la final contra España. Un ídolo que llora en público rompe la distancia: deja de ser una figura inalcanzable para convertirse en alguien de carne y hueso.
- La quinta razón está en su carta. Un hombre que ganó todo lo que se puede ganar escribió, a los 39 años, una frase que parece salida de un chico de inferiores. “Amo, amé y amaré siempre estar en la Selección”. En esas palabras no hay cálculo ni marketing. Está el amor por una camiseta en su forma más pura. Unas líneas más abajo, cerró la idea con otra frase que suena a abrazo. “Fue una locura haberlo vivido con ustedes”. Es imposible leerlas sin que algo se mueva por dentro.
- Existe, por último, una razón que tiene que ver con el fútbol en sí. Messi nos regaló una forma de jugar que probablemente no volvamos a ver. Las gambetas imposibles, los goles de tiro libre, los pases que solo él imaginaba. Saber que eso termina, al menos con la camiseta argentina, produce una nostalgia anticipada. Extrañamos algo que todavía no se fue del todo.
Este martes, en el Monumental, esa emoción va a tener un lugar donde expresarse. Estarán los campeones de Qatar, invitados por la AFA junto con sus familias. Estará Scaloni, que ya avisó que le va a costar contener las lágrimas. Estarán miles de hinchas, muchos con la camiseta 10 puesta, que esperaron años para decirle gracias en persona. Seguramente nadie podrá explicar del todo por qué llora. Tampoco hará falta. Con Messi, la emoción nunca necesitó explicación.












