Datos matan relato y riesgos para la libertad de expresión. Bullrich y Lali salen a escena

Patricia Bullrich en una disputa con Luis Caputo por la Ley de Discapacidad
Patricia Bullrich en una disputa con Luis Caputo por la Ley de Discapacidad
Hace 1 Hs

Por Hugo E. Grimaldi

La semana política se cerró con una victoria que el gobierno nacional pudo exhibir sin rodeos: la aprobación de la Ley de Inocencia Fiscal II, aunque su éxito se medirá en el futuro si hay interés de blanqueo un año antes de las elecciones. En esos términos, lo concreto es que el presidente Javier Milei no ha perdido la iniciativa y que tiene aún un activo favorable que ha sabido administrar poniendo al kirchnerismo como oponente. “¡A quién vas a votar!” es la reflexión que está en la calle. Sin embargo, la semana que termina ha dejado en claro que el gobierno nacional empieza a administrar más contradicciones que antes.

Entre una economía que volvió a mostrar números difíciles de acomodar en el relato oficial y una política que ya empieza a mirar con mayor insistencia hacia el año próximo, hubo muchos vaivenes: las negociaciones con los gobernadores ganaron peso y las diferencias dentro de la propia Administración quedaron más que expuestas, sobre todo cuando se dio a conocer el alcance de esas tensiones.

En este sentido, la disputa entre Patricia Bullrich y Luis Caputo por la Ley de Discapacidad no ha sido algo para nada menor y habrá que seguir la tensión en ese frente, ya que resultó ser algo más que un episodio lateral del día a día. La senadora, junto a Mauricio Macri ambos factótum de la llegada de Javier Milei a la Casa Rosada, mandó mensajes para mostrar su bronca públicamente. Eso obligó al Presidente a ponerle paños fríos a la situación y decir que “algunos temas” de Lali Espósito le habían llegado a gustar. “Me parece una tontería politizar el arte”, señaló quien más de una vez la había cruzado ideológicamente. Con años de zorrería política, Bullrich se había hecho filmar escuchando un tema de la artista: “No me importa”.

Es que la senadora sintió el ninguneo básicamente de parte del ministro Caputo, quien con el Presupuesto 2027 borró lo que como jefa del bloque de LLA, venía negociando con senadores aliados para extender por un año la emergencia en Discapacidad y ella dice que eso la dejó en offside, ya que lo presume provocativo de parte de la mesa Política. Para pegar la vuelta, el Gobierno tuvo que admitir “problemas de coordinación” y abrió la puerta a modificar el texto, aunque la desconfianza con la senadora ya quedó instalada.

La “Piba” tiene años de experiencia, gran ambición política y se sabe fuerte, pero es probable que la apelación pública no se olvide. Ahora, desde la Casa Rosada han prometido cambios en el Presupuesto para compatibilizar las posiciones, pero el daño de imagen de ambas partes ya sucedió. Por eso, la última palabra tampoco aún está dicha: Bullrich es todoterreno y Karina Milei no olvida. Fue muy fuerte la chicana con Lali, un gesto de despecho que seguramente dejó alguna huella.

El Presidente venía transitando una pendiente desfavorable desde el affaire Adorni para acá y en las últimas semanas encontró algunos elementos para recuperar parcialmente el aire perdido. El discurso sobre Malvinas y el dato de una inflación de agosto menor a la esperada ayudaron a recomponer parte del escenario, aunque todavía sea temprano para hablar de un cambio de la tendencia. Por eso, gran parte de lo ocurrido en estos días merece ser leído menos como un quiebre de la misma que como una combinación de señales contradictorias: mientras el oficialismo pudo anotar algún avance en el Congreso, las mismísimas cifras económicas oficiales empezaron a poner en caja un relato que suele presentarse en términos políticos, ya que la mirada está puesta en 2027.

Si hubo algo que volvió a hacer ruido con lo que se dice fueron los números del mismísimo INDEC. El PBI creció 2% interanual en el segundo trimestre, pero cayó 0,6% frente al primero. La inversión se desplomó 11,1% interanual y retrocedió 0,8% desestacionalizada, mientras el consumo privado apenas avanzó 0,4% en la comparación anual y se contrajo 2,4% respecto del trimestre previo. La discusión, como siempre, depende de la ventana elegida: el dato interanual muestra actividad por encima de 2025, pero la foto más reciente señala retroceso.

El mismo informe de actividad completa el cuadro: las exportaciones crecieron 13,7% interanual y 2,5% trimestral, mientras el consumo público cayó 4,1% y 2,3% respectivamente. La demanda interna perdió fuerza, aunque la buena noticia fue que la “tendencia” marcó una suba de 0,8%, lo que indica que la curva suavizada aún refleja un leve crecimiento. Así, los números oficiales no desmienten del todo su propio relato de recuperación, pero obligan a ser leídos en su verdadera dimensión: sectores que empujan, otros que retroceden y un consumo que se enfría.

Los datos de empleo tampoco terminaron de acompañar la recuperación. Según la secretaría de Trabajo, el ingreso de los asalariados privados mostró una nueva baja en junio, mientras que la medición de julio quedó 1,1% por debajo de un año atrás. A eso se le suma otro dato particularmente sensible para las familias: el Banco Central blanqueó que la mora del financiamiento llegó en julio a 12,9%, el nivel más alto en más de dos décadas y más del doble que un año atrás, cuando era de 5,6%. Los datos muestran que la recuperación todavía convive con dificultades concretas en el mercado laboral y con la capacidad de pago de los hogares. 

La confianza de los consumidores, por su parte, ofreció en septiembre una señal distinta. El índice de la Universidad Torcuato Di Tella subió 2,4% mensual, hasta llegar a 41,18 puntos, después de dos meses de retroceso, aunque todavía permanece 13,1% por debajo del máximo alcanzado en enero de 2025. El comportamiento tampoco fue uniforme: el indicador aumentó con fuerza entre los hogares de menores ingresos, mientras cayó entre los de ingresos altos. Es otro dato que obliga a mirar la economía sin una sola fotografía: hay recuperación de algunos indicadores, pero la percepción de la misma no es igual para todos.

Otro frente que quedó abierto en el Congreso es el Presupuesto 2027. Diego Santilli -¿será futuro candidato a gobernador de LLA/PRO en Buenos Aires?- quedó a cargo de la negociación con los mandatarios provinciales para conseguir votos, no solamente para la “Ley de leyes”, sino también para los todos los demás proyectos que el Gobierno pretende impulsar. Y los interlocutores saben que la billetera electoral es abultada.

Sin embargo, el proyecto que le dio a la semana un peso político distinto fue el de Defensa de la Soberanía Nacional, enviado el jueves al Congreso, varios días después del discurso del Presidente sobre Malvinas. La iniciativa crea un régimen para actuar frente a lo que define como “amenazas externas” y prevé sanciones administrativas contra quienes, vinculados con estados u organizaciones extranjeras, interfieran en decisiones de autoridades argentinas “mediante mecanismos clandestinos, engañosos o coercitivos”.

Allí, el punto más delicado aparece en la reforma del Código Penal. El proyecto propone penas de cinco a doce años de prisión para quien, por cuenta, orden o financiamiento extranjero, procure alterar procesos electorales o “manipular la opinión pública mediante campañas coordinadas de desinformación masiva”, con agravantes que elevan la pena hasta quince años. El texto no define con precisión qué debe entenderse por “desinformación masiva” ni por “manipular la opinión pública”, aunque es evidente que esa amplitud puede afectar además el ejercicio legítimo del periodismo, la crítica política y la libertad de expresión.

El Gobierno sostiene, por su parte, que se trata de herramientas destinadas a proteger al país frente a operaciones extranjeras y que las decisiones administrativas quedarán sometidas al control judicial. De ese modo, una proyecto presentado como instrumento para defender el caso Malvinas abre también una discusión sobre hasta dónde puede llegar el Estado cuando busca protegerla. El límite es difuso, hasta ahora.

El proyecto de Defensa de la Soberanía, lejos de ser un capítulo más, se ha convertido en un escalón muy resbaloso de la tensión porque cambia la naturaleza de la discusión y coloca el riesgo en libertades fundamentales. El tablero político -Bullrich incluida- y el económico se han movido con señales cruzadas, mientras el relato oficial ya no alcanza para tapar las grietas que se abren en su propia gestión.

Comentarios