Resumen para apurados
- El DJ neerlandés Joris Voorn se presentó en Buenos Aires el 29 de agosto y destacó en una entrevista la cultura musical y la conexión del público argentino con la electrónica.
- Con más de 20 años de trayectoria internacional, el productor adapta sus sets en vivo y valora que los asistentes locales bailen enfocados en la música en vez de sus teléfonos.
- Su paso por el país ratifica a Buenos Aires como una plaza clave del circuito global, donde los artistas pueden explorar repertorios más complejos y profundos.
A las cuatro de la tarde, la noche todavía parecía bastante lejos. Joris Voorn acababa de llegar de Chile y, unas horas después, volvería a ponerse detrás de una cabina, esta vez en Buenos Aires. Recibió a La Gaceta Lifestyle en el patio de su hotel. Se sentó frente a una mesa y conversó con nosotros sin apuro.
“Siempre estoy contento de estar en Buenos Aires. Definitivamente es una de mis ciudades favoritas del mundo”, dijo.
No era su primera vez acá, tampoco era una ciudad ajena a su recorrido. Desde hace más de dos décadas, Voorn vive buena parte del año entre aeropuertos, hoteles, clubes y festivales. Nacido en Rotterdam, empezó a trabajar como DJ a fines de los noventa y con el tiempo se convirtió en uno de los nombres fuertes de la electrónica neerlandesa, con presentaciones en festivales como Awakenings, Tomorrowland, Time Warp y Ultra Music Festival.
Pero sentado esa tarde en Buenos Aires, su historia empezó mucho antes de todo eso.
De los cassettes para amigos a las cabinas del mundo
“Me gustaba tanto la música que siempre estaba haciendo playlists —en aquel momento, cassettes— para mis amigos”, recordó. Su hermano era DJ y él disfrutaba viendo tocar a otros. Le atraía la posibilidad de estar frente a mucha gente compartiendo la música que le gustaba. En su casa, además, la música ya formaba parte de la vida cotidiana. Tocó la guitarra, pasó por bandas y probó distintas maneras de acercarse a ella.
“Hacer cualquier cosa relacionada con la música siempre fue algo que realmente amé”. Aquella costumbre de elegir canciones nunca desapareció. Hoy llega a cada presentación con playlists preparadas, pero no con un set completamente cerrado. Mira a la gente, escucha lo que está haciendo el DJ que toca antes y, a partir de ahí, decide: “mi set nunca es el mismo”.
Para Voorn, una ciudad se escucha también a través de su público. Y después de tantas visitas encuentra algo particular en Buenos Aires: “hay mucha música electrónica acá, hay una gran historia y la gente sabe mucho de música”, explicó. “Sé que no tengo que tocar solamente las cosas fáciles. Puedo ir un poco más profundo y tocar cosas que quizás la gente no conoce tan bien”.
También hay algo que observa desde la cabina y que, para él, diferencia al público argentino: “la gente acá realmente baila. No está tan enfocada en sus teléfonos. Está en su propio mundo o con sus amigos, disfrutando y escuchando la música”.
Y agregó: “Debería ser así en todos lados, pero desafortunadamente no lo es”.
Su relación con la Argentina no pasa solamente por las pistas. Cuando le preguntamos qué encuentra en el país, habló de una mezcla que le resulta familiar. Percibe una conexión con Europa dentro de una identidad sudamericana propia y dice que, de alguna manera, estar acá se siente como volver a casa. Después se rió y agregó: “quizás ayuda que soy de Holanda y tenemos una reina argentina”.
Esa libertad con la que arma sus sets también aparece cuando produce. No habló de un ritual especial ni de esperar el momento indicado para que llegue una idea. A veces abre un loop en la computadora. Otras, toca unas notas en el sintetizador. Una lleva a la siguiente, suma otros elementos y la música comienza a aparecer. “Antes de que te des cuenta, es un proceso que va automáticamente”, explicó.
Joris Voorn fuera de la cabina
En un trabajo atravesado por aviones, hoteles y horarios poco convencionales, sostener una rutina tampoco es sencillo. Su fórmula para cuidarse no tiene demasiados secretos. Intenta dormir cada vez que puede —en el avión, antes de un show o después— y, cuando vuelve a tener días más tranquilos, busca recuperar horas de sueño, ir al gimnasio y comer bien.
Pero hay otra cosa que ocupa un lugar importante en sus viajes. “Me encanta la fotografía. Siempre tengo una cámara conmigo”, contó. No hizo falta preguntarle demasiado más para comprobarlo: durante toda la entrevista, una cámara descansó sobre la mesa.
No solo disfruta sacar fotos. También le gusta sentarse después a seleccionarlas y editarlas. Cuando tiene tiempo, además, anda en skate, cocina y lee. “Todas las cosas buenas de la vida”, resumió con una sonrisa.
Unas horas después
Antes de despedirnos le preguntamos qué tenía pensado para Buenos Aires esa noche. Habló de un recorrido que comenzaría por sonidos más melódicos, avanzaría hacia un techno minimalista y sumaría elementos groovy y algunos momentos de mayor intensidad.
“Creo que va a ser un viaje muy lindo y estoy muy entusiasmado por llevar a la gente de Buenos Aires en este viaje”.
Unas horas más tarde, La Gaceta Lifestyle volvió a encontrarse con Joris Voorn, esta vez en AMK. El patio silencioso del hotel había quedado atrás. La pista estaba llena y el público bailó durante un set que terminó confirmando buena parte de lo que nos había contado esa tarde.
La presentación del 29 de agosto formó parte de Trip to Galaxy, con Elements y External al frente de la fecha en AMK. De acuerdo con los créditos de producción facilitados a La Gaceta Lifestyle, también participaron FBA Hub Studios.
Y entre una escena y la otra quedaron apenas unas horas. Primero, Joris Voorn sentado en un patio, con su cámara sobre la mesa. Después, frente a una pista llena de Buenos Aires haciendo aquello que, según contó, imaginaba desde que veía tocar a su hermano: compartir con otros la música que le gusta.







