Se recibió de abogada a los 64 y creó un proyecto para proteger a los varitas agredidos

Clara Pistán comenzó a estudiar a los 53 años. Para su tesis investigó la violencia que sufren los inspectores y propuso crear la figura de defensor legal.

SATISFECHA Y ORGULLOSA. Clara Pistán se dejó ver emocionada luego de lograr su gran sueño.
SATISFECHA Y ORGULLOSA. Clara Pistán se dejó ver emocionada luego de lograr su gran sueño.
Lucía Lozano
Por Lucía Lozano Hace 2 Hs

A los 53 años, cuando para muchos la vida parece entrar en una etapa en la que los grandes sueños quedan archivados bajo la etiqueta de “ya es tarde”, Clara Pistán decidió hacer exactamente lo contrario: empezar.

Tenía trabajo, una familia, responsabilidades y una vida construida. Pero también tenía una certeza que, con el tiempo, se volvió más fuerte: todavía podía aprender, crecer y proponerse algo nuevo. Así fue como hace 11 años comenzó la carrera de Abogacía en la Universidad San Pablo-T, una decisión que implicó volver a estudiar después de décadas, enfrentarse a textos extensos, noches enteras de lectura, materias que tuvo que recursar y una economía que muchas veces hizo difícil sostener el camino.

Hace una semana, a los 64 años, se recibió de abogada, con orientación política. Pero la historia no termina en ese diploma. En realidad, quizás allí comienza otra. Porque Clara no estudió Derecho solamente para tener un título. Lo hizo porque quería contar con las herramientas necesarias para transformar en propuestas concretas los problemas que veía todos los días en su lugar de trabajo: la Municipalidad de Yerba Buena, donde se desempeña hace más de 20 años y donde pasó la mayor parte de su trayectoria vinculada a la Dirección de Tránsito.

Su tesis fue una consecuencia directa de esa experiencia. Investigó la violencia que sufren los inspectores municipales en la vía pública y analizó la potestad contravencional del municipio. Entrevistó a trabajadores, escuchó situaciones de amenazas, insultos y agresiones físicas, y decidió que esa investigación no podía quedar encerrada en una biblioteca.

BIEN ACOMPAÑADA. Clara  recibió un fuerte apoyo de su entorno. BIEN ACOMPAÑADA. Clara recibió un fuerte apoyo de su entorno.

Por eso, mientras estudiaba, elaboró un proyecto de ordenanza destinado a brindar asesoría legal a los empleados municipales que sufren situaciones de violencia durante el ejercicio de sus funciones. La propuesta contempla la creación de un defensor legal de los agentes municipales, que pueda acompañarlos y brindarles asistencia jurídica.

Para Clara, ese es el verdadero sentido de haber estudiado durante 11 años. “Siempre podemos mejorarnos, siempre podemos superarnos a nosotros mismos”, dice. Y en su caso, esa superación no fue individual: tiene la intención de que lo aprendido vuelva a la comunidad que la vio crecer.

Prioridades

Clara proviene de una familia humilde. Vivió durante años en la zona conocida como la Vía Vieja, en Yerba Buena (detrás del shopping viejo), y habla de ese lugar con orgullo. Durante muchos años, el trabajo, la familia, los hijos y las responsabilidades cotidianas fueron ocupando los espacios que quizás alguna vez había imaginado para estudiar.

Hasta que un día decidió que todavía había tiempo. La elección de la carrera tampoco fue casual. Para Clara, el Derecho tiene una relación directa con la vida cotidiana y con los problemas que aparecen dentro de una comunidad.

Su razonamiento fue sencillo: primero necesitaba prepararse. Después, podía proponer. Y no quería quedarse solamente con la propuesta. Quería aprender a defenderla y recorrer los canales institucionales necesarios para intentar convertirla en una realidad. Ese fue el camino que la inspiró a llegar a la universidad.

El comienzo no fue sencillo. Clara reconoce que tuvo que recuperar hábitos que hacía mucho tiempo no practicaba. Leer durante horas, enfrentarse a textos jurídicos extensos, memorizar conceptos y prepararse para exámenes fueron desafíos que, al principio, parecían enormes.

“Me costó bastante”, admite. Hubo noches enteras de estudio. Hubo materias que se resistieron más que otras. Una de ellas fue Concursos y Quiebras. La recursó varias veces. En una de esas oportunidades, recuerda con humor, que un profesor la miró y le preguntó: “¿todavía sigue aquí?”.

La respuesta de Clara fue permanecer. Insistir. Y no tardó en convertirse en un ejemplo de lucha dentro del aula. La experiencia universitaria también le regaló algo que no esperaba: una nueva generación de compañeros. Clara era la estudiante de mayor edad en clase. Y lejos de sentirlo como una distancia, terminó convirtiéndolo en un puente.

Sus compañeros la ayudaron cuando necesitó comprender algún tema, se reunieron con ella a estudiar y compartieron horas en las bibliotecas de la universidad.

Ella, a su vez, intentó devolverles algo de esa experiencia. Durante estos últimos días, después de recibir su título, Clara comenzó a comunicarse con algunos compañeros que habían abandonado sus carreras. Les decía que volvieran. “Ustedes son jóvenes. Su proyección a futuro es mucho más que la mía”, les repetía.

También guarda un recuerdo especial de sus profesores. Destaca no solamente su formación académica, sino también la generosidad con la que algunos compartieron experiencias que excedían los libros. Durante una de sus pasantías, por ejemplo, un docente vinculado al Poder Judicial llevó a los estudiantes a conocer la actividad de los tribunales para saber desde adentro cómo es el funcionamiento de la justicia tucumana. Para Clara, esas experiencias fueron “impagables”. Porque estudiar, para ella, nunca significó solamente memorizar.

Cómo llegó

Antes de ingresar a la Universidad San Pablo-T, Clara se enteró de que existían convenios con instituciones que permitían acceder a descuentos en las cuotas de las carreras en esa institución. En ese momento, la Municipalidad de Yerba Buena no tenía un convenio con la universidad. Entonces presentó una nota al Ejecutivo municipal solicitando que gestionara un acuerdo. Y eso permitió a los empleados municipales acceder a un descuento del 30% en la universidad.

Para Clara, era una ayuda enorme. Ella misma es una empleada municipal con una categoría baja y explica que estudiar en una universidad privada implicó un esfuerzo económico considerable. Incluso ahora, después de recibir el título, está buscando alternativas para afrontar los gastos vinculados a la documentación y a la gestión de sus títulos.

Viuda, madre y abuela

Clara cuenta que tiene tres hijos y cinco nietos. Dos de sus hijos viven con ella. Es viuda desde hace aproximadamente 26 años. Durante buena parte de ese tiempo estuvo a cargo de su hogar. Por eso, cuando habla de haber terminado la carrera, no habla solamente de una conquista individual. Habla de todo aquello que tuvo que postergar. “Sentís que has dejado parte de tu vida, porque había que ocuparse de la familia, de los hijos y todo. Y después ya con nietos decidí a cumplir mi sueño”, detalla. “Sí se puede estudiar, no importa cuándo”, sostiene. No fue sencillo ni rápido. Hubo cansancio, frustraciones, momentos en los que seguramente abandonar habría parecido más fácil. Pero llegó. Y ahora que la jubilación está a la vuelta de la esquina, Clara no parece tener esa intención. Todavía le faltan algunos años de aporte y espera que la Municipalidad reconozca formalmente el esfuerzo y el nuevo nivel académico alcanzado.

Pero hay un objetivo más grande: ejercer. “¿Tanto tiempo estudiando, con tanto sacrificio, tiempo, economía, todo eso, y que no vaya a ejercer? No”, sostuvo. Mientras la vida y la salud se lo permitan, quiere hacerlo, dice y adelanta que ya se prepara para gestionar sus títulos, inscribirse en el Colegio de Abogados y prestar juramento.

¿Qué significa este título?, le preguntamos. No lo duda: “es la prueba de que todavía se puede empezar, de que una vida llena de responsabilidades no necesariamente cancela los sueños”. Y de que, a veces, aquello que parece llegar demasiado tarde llega exactamente cuando tiene que llegar.

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