Castañuelas, fe y tradición en la Romería de la Virgen del Rocío

Cientos de personas, entre ellas, el gobernador, celebraron la tercera edición de la festividad en el Museo Sanmartiniano de La Ramada de Abajo.

COLORES. El patio de frente al edificio del museo sanmartiniano se convirtió en una pista de baile, donde las bailaoras desplegaron su arte.
COLORES. El patio de frente al edificio del museo sanmartiniano se convirtió en una pista de baile, donde las bailaoras desplegaron su arte.

Por donde quiera que uno se moviese en el enorme predio del museo Sanmartiniano de La Ramada de Abajo (sobre el kilómetro 4 de la ruta provincial 317, en el departamento Burruyacu) podía percibir España mediante todos los sentidos: desde la comida -paella, arroz a la valenciana y empanada gallega, entre otros-, la música, el canto, el baile y hasta los colores de las vestimentas. Todo invitaba a hacer un viaje imaginario hacia aquel país.

La excusa para la jornada por demás ibérica fue una nueva edición de la Romería de la Virgen del Rocío, inspirada en una de las manifestaciones religiosas y populares más arraigadas de Andalucía, que cada año congrega a peregrinos y a hermandades en torno de una tradición en la que la devoción se entrelaza con la música, el canto, el baile, la gastronomía y las costumbres populares. El evento fue organizado por el Ente Cultural de Tucumán.

El gobernador, Osvaldo Jaldo, participó junto a su familia. “Venimos a acompañar a la Virgen, a pedirle que derrame bendiciones sobre esta zona de Burruyacu, sobre La Ramada y sobre toda nuestra Argentina”, dijo a LA GACETA. También apeló a la memoria familiar: “Son momentos de reflexión para que no olvidemos de dónde venimos. En mi caso, de mis abuelos y mis padres, que fueron inmigrantes españoles. Todo esto nos hace pensar en el esfuerzo y el trabajo que le dieron a nuestra patria argentina”.

BAILE. El gobernador y su esposa participaron activamente de la fiesta. BAILE. El gobernador y su esposa participaron activamente de la fiesta.

Respecto del contenido de la homilía del sacerdote, agregó: “En un mundo convulsionado por la guerra, la fe es donde más tenemos que profundizar; su palabra nos marca un camino”. El mandatario se quedó a almorzar y disfrutó del espectáculo de música y baile español. Incluso, se permitió bailar un tema junto a su esposa, Ana María Grillo, que al igual que en la edición del año pasado volvió a hacer tronar las castañuelas.

LAS PEQUEÑAS. Verónica (derecha) junto a niñas vestidas de flamencas. LAS PEQUEÑAS. Verónica (derecha) junto a niñas vestidas de flamencas.

Hacia las 12.40 de ayer, la imagen de la Virgen ingresó al predio escoltada por las castañueleras y por cadetes del Instituto de Enseñanza Superior de Policía “Gral. José de San Martín”. Un sacerdote la recibió y acompañó la procesión hasta el oratorio inaugurado el año pasado, donde comenzó de inmediato la celebración de la misa.

La banda Sinfónica de la Provincia, dirigida por el maestro Jorge Bulacia Soler, interpretó un repertorio de temas españoles. En tanto, el ballet de la Sociedad Española, conducido por la presidenta del Ente Cultural de Tucumán, Sandra Maldonado, desplegaba flamenco, coplas y pasodobles.

Además de estos, por el escenario montado cerca del edificio del museo actuaron, entre otros, las Sevillanas Virgen del Rocío; Gervasio Sánchez -guitarra española-, los ballets Alegrías, Bulerías, Caracoles -juvenil-, Burundanga -infantil- y Rumba Flamenca; Ricardo Carrero y Mónica Moya; Ana Karina Morales y Cecilia Brito, y la orquesta de Castañuelas.

Para Analía Sánchez Vicari (55), que se recibió de profesora de baile el año pasado luego de ocho años de estudio, la fiesta tiene un significado especial. “Lo estoy viviendo con mucha emoción y mucha devoción hacia nuestra ‘Blanca Paloma’, la Virgen del Rocío. Me gusta que las costumbres de Sevilla alrededor de la virgen se incorporen acá, y terminen siendo nuestras también”, celebró.

TODOS FUERON PARTE. La caniche Uma también llegó con su atuendo. TODOS FUERON PARTE. La caniche Uma también llegó con su atuendo.

Empezó a bailar de grande, impulsada por su hija Antonella, bailarina profesional, con doble nacionalidad -argentina y española-: “Era una cuenta pendiente en mi vida, y también una forma de demostrarle a la gente que me decía que no iba a poder. En el flamenco no hay edad: se puede empezar cuando uno quiera. Lo llevo en la sangre. Es algo muy liberador”.

Verónica (39), que participa por tercer año consecutivo, explicó el sentido del encuentro: “La Virgen del Rocío tiene un santuario hermoso cerca de Sevilla, y nosotros queremos traer ese pedacito de España para acá. Es hermoso, porque te transmite un amor a la virgen”. Y agregó: “Acá hay muchos descendientes de españoles, algunos con sus abuelos, bisabuelos o incluso padres nacidos allá. Queremos transmitir un poquito de eso”. Los trajes, contó, se confeccionan especialmente para la romería, pero también se usan en otros eventos que se dan durante el año.

Instrumento particular

Claudia Muñoz (56) integra la única orquesta de castañuelas de Tucumán y, según cree, del país, que se formó hace un año, bajo la dirección de Maldonado. “Hay que hacer una muy buena coordinación entre los dedos y guardar el ritmo, porque no todas las castañuelas son iguales. Las de orquesta son triple caja y en el país no se venden: hay que traerlas de España. Y solo las puede tocar la castañuelera, porque, como todo instrumento musical, se desafina”, explicó.

Su pasión por el instrumento y por la práctica le llega por la sangre: es nieta de andaluces, y su abuela tocaba las catañuelas, aunque de forma autodidacta. Agregó que ella recién pudo estudiarlas de grande, cuando se formó la orquesta. “El flamenco es una mezcla de costumbres gitanas, judías y españolas: así se fue formando, con las castañuelas. En sus principios la gente que las tocaba era mal vista, como sucedió acá en la Argentina con el tango”, contó.

Cerca del escenario y de las mesas donde las familias almorzaban se montaron puestos de comidas, de dulces regionales y de recuerdos alusivos a la virgen. En uno de ellos, Agustín (11) vendía pines, lapiceras, llaveros y rosarios hechos por su madre, Silvana, y por su hermana, Rocío.

Iván (36) fue con su familia y con su caniche Uma a ver bailar a su esposa, Romina (36), que practica flamenco desde que tenía tres años. “Esta festividad nos hace recordar nuestras raíces, porque somos descendientes de españoles”, dijo. La fiesta se extendió hasta entrada la tarde dominical, entre castañuelas, guitarras y el aroma a paella flotando sobre el predio... Y España, por un rato, un poquito más cerca de Tucumán.

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