La pintura, la poesía y la música se encuentran en las bellísimas páginas de “Acorde”

Nazarena Pereyra presentó el libro publicado por Dichosa Editorial. La artista trabajó sobre viejas partituras descartadas mientras iba emergiendo su voz poética. El resultado es pura delicadeza e imaginación.

LA AUTORA, SU OBRA. “Nacha” Pereyra y el libro al que tanto le dio. FOTOS GENTILEZA DE AGUSTINA SALVATIERRA
LA AUTORA, SU OBRA. “Nacha” Pereyra y el libro al que tanto le dio. FOTOS GENTILEZA DE AGUSTINA SALVATIERRA

Los tiempos de Nazarena Pereyra son propios e impenetrables. Por eso escucharla invita a un remanso, impregnado por la cadencia de la voz y los suaves movimientos de sus manos de artista. A ese mundo tan particular pertenece “Acorde”, libro que presentó en Tucumán de la mano de Dichosa Editorial, proyecto independiente en el que las letras y el arte dialogan desde el cuidado del detalle y el buen gusto.

Como “libro-objeto”, “Acorde” es precioso, tan delicado como las pinturas que Pereyra plasmó sobre una serie de partituras. Entre pentagramas, notas y colores navega la poesía, esa que habla de musicalidades aromáticas y de palabras chiquitas plantadas como semillas de lino.

“Eran partituras antiguas que alguien tiraba. Las agarré y pinté sobre ellas durante un buen tiempo, sin saber que se convertirían en un libro”, cuenta Pereyra. La historia se cruza con su vínculo temprano con las letras. “Escribía desde niña; eran cartas, diarios y otros textos -explica-. En 2019 me sumé a un taller literario de poesía, con un grupo muy lindo que se armó. Justo vino el encierro pandémico y quedé agarradísima de ese espacio, que para mí fue muy bueno”.

Lo que hizo fue reunir materiales que hasta ese momento estaban dispersos. En algún punto descubrió que las dos producciones -las pinturas y la escritura- podían encontrarse en un mismo camino. “‘Acorde’ rescata algo de la escritura original de la partitura, que son indicaciones para estudiantes de piano -apunta-. Y ese material lo puse en juego con mis propias palabras, con mi poesía. Resultó algo que reúne una capa de memorias personales en tono bastante acústico”.

Esa memoria sonora aparece vinculada a la infancia, a la provincia, al modo de “hablar tucumano” y a determinadas experiencias familiares. También la figura de una abuela pianista y una fascinación por el sonido de las teclas más agudas. “Pero no soy música, no vengo de ahí”, aclara. Pereyra nació en La Plata, se educó aquí -es licenciada en Artes Plásticas por la UNT- y reside en Buenos Aires, donde ejerce la docencia. Es un extenso recorrido.

Lo que “Acorde” representa es el encuentro de tres lenguajes. “Está lo musical, está lo literario y está lo visual -sintetiza Pereyra-. Son como capas que van apoyándose entre sí, aunque ninguna prepondera. Es una fusión donde estos lenguajes se integraron”.

Incluso el título llegó después, elegido una vez que el cuerpo del libro estuvo armado. “Acorde” le interesó porque abre distintas asociaciones. “También tiene algo que ver con la memoria y al acuerdo, todas las derivas a las que nos puede llevar la palabra”, resume.

PINTAR SOBRE VIEJAS PARTITURAS. El giro original de la propuesta. PINTAR SOBRE VIEJAS PARTITURAS. El giro original de la propuesta.

Lo distinto

Hay algo paradójico en trabajar sobre un papel que ya está escrito. El tradicional lienzo en blanco, símbolo de la libertad artística, puede ser también en una superficie cargada de expectativas. Para Pereyra, en cambio, las partituras viejas ofrecieron una libertad diferente. Los signos ya impresos, más que una limitación, se transformaron en un punto de partida.

“No estás condicionada por todos esos signos que están ahí. Al contrario, es como que interactúo con lo que hay -comenta-. El diseño aleatorio que haya en la página me da pie”. También está la materialidad del papel: el color amarillento, el envejecimiento, la huella del tiempo. Y, sobre todo, el hecho de que había sido descartado: “yo lo rescaté, para mí tiene otro valor. Es una zambullida, no hay error en ese momento”.

Para las pinturas empleó principalmente acrílicos, con una paleta deliberadamente acotada: cian, azul, blanco y negro. Cuenta que eso no la restringió; más bien le entregó una llamativa libertad cromática. Claro que las partituras no fueron su único soporte, porque al mismo tiempo trabajaba sobre telas pegadas o clavadas en la pared del taller. Los colores podían variar, pero existía una continuidad entre ambos trabajos. “Simplemente me hace bien sentarme a pintar -celebra-. Es un ritual, es un momento para mí más allá de las obligaciones, el trabajo y la rutina. Ese momento, aunque sea tirar unas manchitas, ya es un estado en sí mismo”.

Cuando todo el proceso se transformó en un libro cuidadosamente diseñado y editado, Pereyra sintió que la experiencia había quedado consustanciada con el objeto.

LIBRO-OBJETO. El trabajo de edición de Dichosa resultó impecable. LIBRO-OBJETO. El trabajo de edición de Dichosa resultó impecable.

En comunidad

La presentación en Tucumán fue una extensión de esa lógica de cruces. Pereyra reconoce que el modo de mostrar “Acorde” no habría sido posible sin la participación de otros artistas. Esa noche, en la Casa Museo de la Ciudad la acompañaron Ana Teitelbaum desde su experiencia con la danza, el teatro y lo escénico; Natalia Acosta desde la poesía y la música; Mateo Carabajal, Myriam Agüero, Agus Salvatierra y Damián Miroli. Se trata del núcleo creativo del proyecto Dichosa. Música, poesía, iluminación y escena terminaron formando parte de una misma experiencia.

Pereyra conoció el sello a través de una artista tucumana y, cuando terminó de darle forma al libro decidió enviarlo. Era un momento particularmente complejo. “Acababa de entrar Milei al gobierno y estábamos todos bastante golpeados anímicamente”, recuerda. Aun así, tomó la decisión de escribirle a Dichosa. “Les dije: ‘salió de mi cocina calentito, quiero que lo vean y que lo consideren’”. La respuesta fue favorable, aunque todo llevó su tiempo, porque la editorial también atravesaba una etapa de reacomodamiento.

Ese período terminó siendo parte de la identidad del libro, ya que Dichosa aportó ideas de diseño, modificaciones y una mirada colectiva que Pereyra valora especialmente. “Quizás si lo hacía con otra gente en Buenos Aires salía parecido, pero no tenía toda esta unión de cabezas, de corazones, de gente tan apasionada o entregada a lo artístico, a lo que creen y a lo que convoca eso -subraya-. Me encantó trabajar con ellos”.

¿Qué espera Pereyra de quien tenga “Acorde” entre sus manos? “No tengo una pretensión de conmover al otro -sostiene-. Espero que pasen un buen momento, quizás puedan en un puntito verse reflejados o encontrar algo de su propia experiencia. No te digo que el libro los atraviese, pero que los roce ya es un montón”.

Tiempos complejos

La charla se desplazó de “Acorde” hacia el contexto en el que el libro fue producido y presentado. ¿Cómo sostener la cultura cuando las condiciones se vuelven cada vez más difíciles? Pereyra responde desde el lugar de quien escribe, pinta, participa de proyectos artísticos y entiende la creación también como una forma de resistencia.

“Nos interpela a todos los que estamos de este lado, en espacios que permiten alzar la voz y constituir una fuerza de vida frente a las políticas que están decapitando a la cultura. El desfinanciamiento y los ataques son como un ensañamiento -advierte-. Como que quieren cerrar todo”.

“Desarmar la cultura es aplacar también la fuerza de resistencia desde su intención -añade-. Tengo mucha esperanza de que eso no suceda, porque igualmente, aunque nos cuesta más, no paramos de hacer lo que amamos. Es un momento muy doloroso, por eso con más razón tiene valor lanzar una acción y decir: ‘vengan, vamos a leer unos poemas, vamos a escuchar música, vamos a encontrarnos a conversar’. Creo que ahí está el salvavidas para todos nosotros”.

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