Quería ver Argentina-Austria, pero se quedó sin batería: la historia de Marcelo Romero en un pueblo sin electricidad

Marcelo Romero nació y creció en Piruaj Bajo, una comunidad del norte santiagueño donde todavía no llegó el tendido eléctrico. Mientras la Selección enfrentaba a Austria en el Mundial 2026, una falla en el sistema solar le impidió seguir el partido y volvió a exponer las dificultades que enfrenta el pueblo.

Por Benjamín Papaterra 23 Junio 2026

Resumen para apurados

  • Marcelo Romero no pudo ver el partido de Argentina ante Austria en Piruaj Bajo, Santiago del Estero, al fallar su panel solar en un paraje que aún no tiene tendido eléctrico.
  • Los vecinos de este paraje dependen de paneles solares autogestionados, pero el alto costo de las baterías de repuesto impide que muchas familias mantengan el servicio activo.
  • El caso expone la brecha de infraestructura en el norte del país. Los habitantes esperan que la llegada de la red eléctrica transforme su calidad de vida y desarrollo local.
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Mientras Argentina enfrentaba a Austria por la segunda fecha del Mundial 2026, Marcelo Romero no podía ver el partido. No era por falta de interés. Tampoco porque estuviera trabajando. El problema estaba en la batería que alimenta el sistema solar de su vivienda. "Justo ahora empezó a fallar", contó a LA GACETA desde Piruaj Bajo, una comunidad ubicada en el norte de Santiago del Estero donde todavía no existe tendido eléctrico.

Nacido y criado en el paraje, Romero pertenece a una de las familias fundadoras de la localidad. Desde hace décadas vive en una comunidad que aprendió a convivir con las dificultades que genera la falta de servicios básicos.

Por eso, mientras miles de argentinos seguían el encuentro desde televisores, celulares o computadoras, él buscaba alternativas para enterarse de lo que ocurría en la cancha. "Las baterías tienen una vida útil. Llegan a un límite y empiezan a fallar", explicó.

La situación no es nueva. En Piruaj Bajo, gran parte de las viviendas dependen de paneles solares para cubrir necesidades básicas de energía. Sin embargo, mantener esos sistemas funcionando implica inversiones que muchas familias no pueden afrontar. Romero lo sabe bien.

Hace algunos meses intentó mejorar su equipamiento para poder seguir los partidos con mayor comodidad. Buscó una pantalla nueva, pero rápidamente se encontró con una realidad imposible de ignorar. "La pantalla salía cerca de $400.000. Después hay que comprar baterías, cables y hacer toda la instalación", relató. Los números se vuelven aún más difíciles cuando habla de las baterías.

"Una batería puede costar entre $700.000 y $800.000", detalló. Por eso, la posibilidad de ver un partido muchas veces depende de que el sistema siga funcionando correctamente.

Cuando eso no ocurre, aparecen otras alternativas. Algunos vecinos se trasladan a otras casas. Otros intentan escuchar las transmisiones radiales. Y muchos simplemente se resignan a seguir el resultado cuando la señal vuelve.

A pesar de los inconvenientes, Romero reconoce que la situación actual es mejor que la que vivió durante buena parte de su vida. Recuerda épocas en las que la iluminación dependía exclusivamente de lámparas y mecheros. También los años en los que las noticias llegaban con varios días de demora y las comunicaciones eran mucho más complejas.

Hoy existe internet y paneles solares. Sin embargo, la falta de electricidad sigue condicionando gran parte de la vida cotidiana. "Con la luz sería otra cosa", aseguró.

Para él, la llegada del tendido eléctrico representa mucho más que la posibilidad de ver un partido sin interrupciones. Significa acceder a heladeras, freezers, ventiladores y herramientas que podrían mejorar la calidad de vida de cientos de familias. "Todo cambiaría", resumió.

Las dificultades tampoco terminan en la energía. El acceso al trabajo continúa siendo un desafío permanente para muchos habitantes de la zona. Romero vive actualmente de una jubilación para adultos mayores y complementa sus ingresos con pequeñas actividades vinculadas al campo.

Como otros vecinos, conoce de cerca lo que significa recorrer grandes distancias para resolver cuestiones básicas. Por eso sigue con atención las obras y los proyectos que podrían modificar la realidad de la comunidad.

Romero observa lo ocurrido en localidades cercanas que lograron desarrollarse después de acceder al servicio de electricidad.

Mientras tanto, la vida continúa. Los vecinos siguen organizándose para enfrentar las dificultades diarias. Los chicos juegan al fútbol. Las familias se reúnen para compartir los partidos de la Selección cuando las condiciones lo permiten. Y Marcelo Romero espera. Espera que la batería resista. Y, sobre todo, espera que algún día los cables lleguen hasta Piruaj Bajo.

Porque mientras Argentina disputaba el Mundial frente a Austria, él volvió a comprobar algo que conoce desde hace años: en algunos rincones del país, ver un partido todavía depende de mucho más que prender un televisor.

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