El cañón más impactante de Argentina: dónde queda el santuario de paredones y ríos turquesa

En el corazón de la Patagonia, un cajón natural oferce una experiencia de deleite.

Cajón del Azul, un rincón esocndido en el sur del país. Cajón del Azul, un rincón esocndido en el sur del país. (Imagen web)
Por Luisina Acosta Hace 2 Hs

Resumen para apurados

  • El Cajón del Azul, un cañón de aguas turquesas en El Bolsón, Río Negro, se destaca como destino clave de la Patagonia por sus paredes de 40 metros y pozones de agua cristalina.
  • Se accede tras un trekking de 8 km desde Chacra Wharton. El recorrido de dificultad media requiere registro obligatorio y atraviesa bosques nativos hasta alcanzar puentes colgantes.
  • Este santuario natural consolida a la región como polo de turismo de aventura sustentable, fomentando la preservación del ecosistema andino y el cumplimiento de normas de seguridad.
Resumen generado con IA

Paredes de piedra se alzan como fortalezas alrededor de los pozones de agua cristalina que completan el cuadro que solo puede formarse entre las subidas y bajadas de la Cordillera de los Andes. En un rincón llamado El Cajón del Azul, un entramado de roca y agua verde azulada se esconde en el corazón de El Bolsón, en la Patagonia Argentina

Al Sudoeste de la Provincia de Río Negro, justo en el límite con la provincia de Chubut, la conjunción de macizo y agua forma un cañón al que solo se accede sorteando desniveles empinados. Esta impresionante garganta natural es un sistema de rocas verticales que imponen su fuerza desde 40 metros de altura. Entre medio, un río insiste en hacerse parte del paisaje.

El Cajón del Azul, un cañón donde el río se hace lugar 

El Cajón del Azul es un estrecho de piedra profundo por el que circula, encajonado, el cauce. Acercarse a la naturaleza de la Patagonia a través de una caminata es transcurrir entre un verdadero tesoro de las montañas. Por valles y cerros, entre lengas, coihue, ñires y ciprés, transitar por el sur de la provincia es una experiencia de espectáculo.

Este rincón recibe su nombre por la imagen que este sistema ofrece. El río celeste que nace en la cordillera y fluye entre paredones y pozones de aguas mansas, forma este cuadro de corriente y muros naturales. Llegar a este rincón invita a amigarse con la aventura, lo que a la vez exige vivir una experiencia única, ya que solo se puede llegar a pie o a caballo. Los glaciares, ríos, lagunas, mallines y praderas se ponen a merced del visitante.

Cómo llegar a la "perla" de la Patagonia

Para quienes buscan sumergirse en este paraíso rionegrino, la travesía tiene un punto de partida definido: la Chacra Wharton. Ubicada a unos 17 kilómetros del centro de El Bolsón —siguiendo la ruta 40 hacia el norte y desviándose hacia Mallín Ahogado—, este es el último vestigio de civilización antes de que el sendero se vuelva puramente silvestre. Desde allí, los caminantes inician un trekking de dificultad media que demanda entre tres y cuatro horas de marcha, recorriendo aproximadamente 8 kilómetros de pura contemplación.

Antes de dar el primer paso, la seguridad es la prioridad. Es indispensable realizar el registro de trekking obligatorio del Área Natural Protegida Río Azul-Lago Escondido y verificar el pronóstico meteorológico, ya que el clima andino puede ser tan cambiante como el color de sus aguas. El sendero, perfectamente señalizado, guía al visitante a través de una geografía que alterna pendientes pronunciadas con momentos de calma.

Entre paradas estratégicas y puentes colgantes

A mitad de camino, el paisaje regala un respiro en La Playita. Situada a unos 6 kilómetros del inicio, esta costa de río marca un antes y un después en el trayecto: a partir de aquí, el terreno se vuelve más llano y amable, permitiendo que las piernas descansen mientras el espíritu se prepara para el tramo final. Es el preámbulo ideal para lo que viene: la famosa pasarela de metal que cruza el río Azul, el último umbral antes de alcanzar el refugio.

Sin embargo, el verdadero "tesoro" se esconde apenas unos metros antes de cruzar el puente. Bordeando la ribera, aparecen los famosos piletones, donde el agua se detiene en cuencos naturales de una transparencia irreal. Es el sitio predilecto para los más valientes que se animan a un chapuzón en aguas gélidas o para quienes, simplemente, eligen sentarse en las rocas a escuchar el murmullo del cauce encajonado.

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