Resumen para apurados
- El tucumano Santino Cisneros, de 22 años, se consagró campeón del Cuesta del Viento Big Air en San Juan, logrando el título más importante de su carrera profesional en el kitesurf.
- Iniciado a los 9 años en El Cadillal, el rider perfeccionó su técnica compitiendo en Europa y Brasil. El triunfo llega tras ganar recientemente la fecha inicial del torneo nacional.
- Este logro posiciona a Tucumán en la élite deportiva e impulsa la formación de nuevos talentos a través de su escuela local, demostrando el potencial regional sin acceso al mar.
Santino Cisneros no ganó un torneo más. Ganó el torneo que soñaba desde chico. En el Cuesta del Viento Big Air, en San Juan, uno de los escenarios más emblemáticos del kitesurf a nivel sudamericano, el tucumano de 22 años se quedó con el primer puesto y escribió la página más importante de su carrera. Después de años de intentos, podios y aprendizajes, finalmente llegó el momento que tanto había esperado.
“Era el evento al que quería ir desde chico. Tuve podios, estuve cerca, pero nunca había podido ganarlo. Este año se dio”, contó, todavía con la emoción fresca de haber alcanzado la cima. No fue casualidad: dos semanas antes también había ganado la primera fecha del campeonato argentino, una señal clara de que su nivel estaba en ascenso.
Su historia tiene un punto de partida bien definido. A los nueve años se subió por primera vez a una tabla y desde entonces no se bajó más. En Tucumán, lejos del mar y con condiciones de viento mucho más limitadas que en otros puntos del país, empezó a formarse con lo que tenía a mano. El dique El Cadillal y Tafí del Valle fueron sus primeros “spots”, esos lugares donde los kiteboarders entrenan y desarrollan su técnica.
“Muchos se sorprenden cuando digo que soy de Tucumán. Me preguntan si se puede hacer kitesurf ahí. Y sí, se puede. Tenemos lugares muy buenos, aunque no haya tanto viento como en San Juan”, explicó. En sus inicios, aprendió con la ayuda de otros practicantes locales, que le enseñaban por turnos. El viento escasea y el tiempo en el agua se comparte, pero eso no fue un obstáculo.
Antes de dominar el agua, Cisneros ya había pasado horas viendo videos, practicando en skate y estudiando cada movimiento. “El día que me pusieron la tabla, había visto tanto que salí andando casi de entrada”, recordó. La pasión fue total: pensaba, vivía y respiraba kitesurf.
El impulso definitivo vino de su padre, Gonzalo Cisneros, quien también practica el deporte. Fue él quien encendió la chispa. “Cuando lo vi, me volví loco. Ahí empezó todo”, dijo. Desde entonces, su familia entendió que lo suyo iba en serio. El punto de quiebre fue su primera competencia en San Juan: ahí, el sueño dejó de ser un juego.
Con el paso de los años, el proyecto se volvió profesional. Para encontrar mejores condiciones de entrenamiento, comenzó a viajar. Brasil fue uno de los destinos clave, donde el viento sopla casi todos los días. Luego llegaron Europa, Australia y Sudáfrica. En ese recorrido, no solo creció como deportista, sino también como trabajador dentro del mundo del kitesurf.
Actualmente forma parte del equipo de marketing de una marca internacional y cumple el rol de demo tour manager, una tarea que combina promoción, logística y contacto con el público. En 2025 recorrió más de 18.000 kilómetros en una van por Europa, visitando distintos spots y permitiendo que riders prueben equipamiento. “Es un equilibrio entre entrenar y trabajar. Dependemos del viento, pero el gimnasio es todos los días”, explicó.
El kitesurf no es un deporte sencillo. Requiere condiciones específicas: viento constante, agua y una preparación física importante. Además, es una disciplina de riesgo, donde las lesiones están siempre al acecho. Por eso, la constancia y el entrenamiento son fundamentales.
Dentro del agua, Cisneros encontró su identidad en el freestyle, la modalidad más espectacular, donde los riders vuelan, hacen trucos y llevan el cuerpo al límite. “Probé el race, que es la disciplina olímpica, pero no es lo mío. A mí me gusta la libertad, volar, disfrutar. No estar atado a reglas”, explicó.
Su crecimiento no fue en soledad. Destaca el acompañamiento de Lisandro Fase, referente del deporte en Argentina, quien lo ayudó a entender el profesionalismo más allá de lo deportivo. “Me enseñó que también hay que trabajar, que no todo es competir. Eso me abrió muchas puertas”, contó.
Hoy, además de competir, Santino también transmite lo aprendido. Junto a su padre lleva adelante una escuela en Tucumán, “Viento Andino”, donde buscan acercar el deporte a nuevos practicantes. “Queremos que la gente vea que acá también se puede. Es un deporte que cambia vidas”, afirmó.
En la provincia, el crecimiento es sostenido. Aunque no es una disciplina masiva, la comunidad es cada vez más grande. “Somos más de 200 en el grupo y hay días en los que hay 50 o 60 personas en el agua. Es un montón”, destacó.
El triunfo en San Juan no solo representa un logro personal. También es un mensaje. Desde una provincia sin mar, con recursos limitados y muchas dificultades, se puede llegar a lo más alto. “Mi idea es dejar una marca, inspirar. En Argentina hubo muy pocos riders en la escena internacional. Yo quiero demostrar que se puede”, aseguró.
A sus 22 años, Santino Cisneros no solo cumplió un sueño. También abrió una puerta. Y lo hizo volando.








