ENFOCADO. Yllana habla con "Pupi" Ferreyra y le da indicaciones para mejorar en la ofensiva. Foto de Ariel Carreras/ESPECIAL PARA LA GACETA.
Resumen para apurados
- San Martín de Tucumán avanzó en la Copa Argentina tras vencer a Estudiantes en Córdoba. El equipo de Yllana logró el objetivo, pero mantuvo su déficit de eficacia en el ataque.
- El entrenador rotó a todo el plantel, logrando solidez defensiva y orden táctico. Sin embargo, el juego sufrió por la falta de precisión y lentitud en la toma de decisiones finales.
- Este triunfo otorga un valioso envión anímico de cara al cruce del domingo contra Güemes. El desafío será equilibrar su firmeza defensiva con una versión más punzante en el área.
La clasificación en Córdoba dejó una imagen que admite dos lecturas al mismo tiempo. La primera, la más inmediata, es positiva: San Martín avanzó en la Copa Argentina, sostuvo el arco en cero, mostró variantes competitivas y se llevó un impulso anímico valioso en una semana corta, con poco descanso y con el viaje a Santiago del Estero ya en el horizonte. La segunda, más profunda, obliga a detenerse en los detalles: el equipo de Andrés Yllana volvió a evidenciar limitaciones ofensivas que ya no pueden interpretarse como algo circunstancial, sino como un rasgo repetido que necesita corrección urgente de cara al duelo del domingo frente a Güemes, en el Madre de Ciudades.
Desde el comienzo, el partido entregó un dato central para el análisis. Yllana modificó todo el equipo. No hizo retoques aislados ni preservó una base: cambió todos los nombres y, aun así, San Martín mantuvo varios comportamientos reconocibles. Esa, sin dudas, es una buena noticia. El equipo alternativo sostuvo el orden, tuvo intensidad para presionar y mostró una idea clara sobre cómo disputar el partido. Hubo debuts, regresos y futbolistas con poco rodaje que respondieron dentro de una lógica colectiva. “Yo siempre les digo a todos que, cuando saco a uno y pongo a otro, no es porque no confíe en el que sale, sino porque también confío en el que entra. Hoy eso se vio”, explicó el DT en la conferencia de prensa.
Ese punto no es menor. San Martín demostró que tiene un plantel con herramientas para competir y que la rotación no implica, necesariamente, una caída brusca del rendimiento. Sin embargo, el análisis futbolístico no puede detenerse sólo en esa conclusión. Porque, aun con otra formación, los problemas estructurales volvieron a aparecer. Es decir, cambiaron los intérpretes, pero no desaparecieron las dificultades en la generación de juego ni en la resolución de las jugadas.
En fase defensiva, el equipo volvió a ofrecer una plataforma confiable. El bloque se mantuvo corto, no concedió demasiados espacios y casi no sufrió situaciones limpias. Más allá de una acción aislada nacida de un error de Nahuel Manganelli, San Martín transitó el partido sin entrar en desorden ni en apuros prolongados. La presión en la zona media resultó eficaz por momentos, la segunda pelota tuvo dueño en varios pasajes y el rival rara vez logró instalarse con continuidad cerca del área. “En líneas generales, salió lo que habíamos planificado. Los chicos lo interpretaron muy bien, lo llevaron adelante de la mejor manera, generamos muchas situaciones de gol y, la verdad, el rival tuvo pocas llegadas claras”, sostuvo Yllana.
Allí aparece el primer punto de discusión analítica: San Martín controló bastante, pero produjo menos de lo que ese control insinuaba. El equipo recuperó bien y empujó con decisión en varios tramos, pero esa ventaja táctica se fue diluyendo a medida que avanzaba hacia los últimos metros. El problema no estuvo tanto en la recuperación ni en el primer pase, sino en la secuencia posterior. Faltó precisión en el último tercio, mejores perfiles corporales para recibir, más agresividad para atacar el área y, sobre todo, una toma de decisiones más veloz.
Ese déficit no es nuevo. San Martín logra, por momentos, construir un escenario favorable, pero no consigue transformarlo en un volumen real de peligro. En Córdoba volvió a repetirse: ataques que parecían promisorios terminaron en un control largo, en un pase lateral innecesario, en un centro sin ventaja o en una jugada que pedía remate y terminó en un toque de más. Es un equipo que todavía piensa demasiado la acción final. Pero, en una categoría como la Primera Nacional, donde abundan los partidos cerrados, ese segundo de demora suele marcar toda la diferencia.
El "Santo" necesita los goles de Pons
La actuación de Facundo Pons volvió a quedar dentro de esa lógica. El centrodelantero se mueve, ofrece referencias y trabaja para el equipo, pero sigue sin encontrarse con el gol ni imponerse en el área con continuidad. No se trata de un problema exclusivamente individual. También influye el poco abastecimiento limpio que recibe. Pero San Martín necesita que su “9” sea una terminal ofensiva y no apenas un receptor aislado. Lo mismo vale para los mediocampistas y los futbolistas de banda: hace falta que los volantes lleguen más, que los laterales aporten una profundidad útil y que los jugadores de mejor pie logren asociarse con mayor naturalidad.
Debe aprovechar la envión anímica
La clasificación, de todos modos, sí puede funcionar como punto de apoyo. Luciano Ferreira la definió como algo “muy positivo para seguir ganando confianza como grupo”. También Ezequiel Parnisari habló de “un envión anímico muy grande”. Eso importa, porque el contexto no dará demasiado margen de trabajo: habrá poco descanso, análisis exprés del rival y una preparación condicionada por la carga física.
Contra Güemes, entonces, el desafío será doble: sostener la solidez que el equipo viene mostrando y, al mismo tiempo, traducir ese orden en una versión más punzante.








