Una emprendedora creó una IA que busca frenar el uso automático de ChatGPT en la escuela
Daniela Bujan impulsó Aurora, una plataforma con inteligencia artificial diseñada para fomentar el pensamiento crítico dentro del aula, que se aplica en instituciones de Buenos Aires y apunta a expandirse al resto del país.
DANIELA BUJAN. La especialista en tecnología diseñó Aurora para que la IA no sea solo un atajo escolar. / GENTILEZA DE DANI BUJAN
La expansión de herramientas de Inteligencia Artificial como Chat GPT cambió en menos de tres años la dinámica escolar. Resolver consignas, resumir textos o redactar monografías completas ya no requiere horas frente a un libro, sino se resume a un buen prompts.
El problema no es la herramienta en sí, sino el modo en que se utiliza. Docentes de distintos niveles advierten que cada vez más estudiantes entregan producciones que no podrían defender oralmente. La brecha entre lo que se presenta y lo que realmente se comprende empieza a generar preocupación.
“Lo que vemos no es solo copiar y pegar. Es reemplazo del proceso”, sostiene Daniela Bujan, especialista con más de 13 años de experiencia en ciberseguridad y desarrollo tecnológico. “La inteligencia artificial puede ser una aliada extraordinaria, pero si sustituye el pensamiento crítico, estamos formando usuarios eficientes y no personas que entienden”.
Una mirada desde la tecnología
Bujan trabajó durante más de una década en prevención de fraudes digitales y análisis de riesgos. Desde ese lugar, asegura, aprendió una lección clave: no existe tecnología infalible, todo depende del uso humano.
“Siempre digo que el eslabón más fuerte y más débil es la persona. Con la IA pasa lo mismo. No es buena ni mala por sí misma. El problema es si la dejamos actuar sin un marco”, explica.
La inquietud no surgió solo desde su experiencia profesional, sino también como madre. “Empecé a ver cómo chicos muy capaces delegaban todo en la herramienta. No contrastan la información, no se preguntaban si lo que devolvía tenía sentido. Ahí entendí que el desafío no era prohibir, sino acompañar”.
Aurora como alternativa
Con esa premisa nació Aurora, una plataforma educativa pensada para integrar inteligencia artificial en el aula sin que reemplace el proceso pedagógico. El proyecto comenzó a implementarse en colegios privados de Buenos Aires y, según su creadora, el objetivo es expandirlo a otras provincias en el corto plazo.
A diferencia de los modelos tradicionales, Aurora no entrega respuestas cerradas ante una consigna. Devuelve preguntas, sugiere caminos de análisis y propone distintas fuentes para contrastar información. “No queremos que la herramienta haga la tarea. Queremos que ayude a pensarla”, resume Bujan.
La plataforma permite a las instituciones adaptar configuraciones según edades y objetivos curriculares. También incorpora filtros para evitar que se generen textos finales listos para entregar. “La idea es que el docente siga siendo el centro. La tecnología tiene que potenciar la clase, no reemplazarla”, agrega.
El debate que recién empieza
El uso de inteligencia artificial en educación todavía transita una etapa experimental. Algunas escuelas optan por prohibiciones estrictas; otras, por integración total. Entre esos extremos, la discusión sobre cómo formar criterio y pensamiento crítico aparece como el verdadero desafío.
Para Bujan, el riesgo no es tecnológico sino cultural. “Si naturalizamos que cualquier proceso intelectual puede delegarse, estamos perdiendo una parte esencial del aprendizaje. Aprender implica equivocarse, dudar, revisar”, señala.
La especialista insiste en que el fenómeno es irreversible. “La IA no va a desaparecer de las aulas. Entonces la pregunta es: ¿la vamos a dejar sola o vamos a diseñar marcos responsables para usarla?”
Mientras el debate avanza, herramientas como ChatGPT continúan expandiéndose y sofisticándose. En paralelo, surgen iniciativas que intentan equilibrar innovación y formación crítica.
“Esto no se trata de competir con la inteligencia artificial”, concluye Bujan. “Se trata de que las nuevas generaciones aprendan a usarla sin dejar de pensar por sí mismas”.
Aurora todavía es una experiencia acotada y reciente. Pero abre una pregunta que atraviesa a todo el sistema educativo: cómo incorporar innovación sin resignar el proceso. La respuesta no está cerrada. Lo que sí parece claro es que ignorar el fenómeno ya no es una opción.








