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El número de migrantes internacionales en el mundo alcanzó los 304 millones, casi el doble que en 1990, según estimaciones de la División de Población del Departamento de Asuntos Económicos y Sociales (DESA). En un contexto de creciente movilidad social, migración y educación online, el valor de la identidad cultural y el rol que cumple el aprendizaje de idiomas, con el acompañamiento de profesores nativos, en la construcción de oportunidades personales y profesionales es fundamental.
Argentina no es un caso aislado a lo que sucede a nivel mundial, dado que 46.234.830 habitantes del país son inmigrantes según el último censo. Teniendo en cuenta que recientemente se conmemoró el día de la lengua materna, más allá de su función comunicativa, las lenguas son vehículos de historia, tradiciones y formas de comprender el mundo.
A través de un estudio internacional, Preply, plataforma global de aprendizaje de idiomas que conecta estudiantes con tutores expertos en clases personalizadas 1 a 1, analizó cómo la lengua materna influye en la identidad y el sentido de pertenencia. Con base en 3.608 participantes de seis países, los resultados mostraron que el vínculo con el primer idioma no se debilita con el uso de otras lenguas, sino que suele mantenerse e incluso fortalecerse con el tiempo.
Entre los datos más relevantes del informe, se destaca que el 77% de las personas considera que su lengua materna es una parte esencial de su identidad. Además, entre familias migrantes, el 85% de los padres afirma que es importante conservar la lengua de origen con sus hijos, más allá de su utilidad práctica. Incluso quienes utilizan varios idiomas en su vida cotidiana mantienen una conexión emocional más fuerte con el primero.
El estudio revela que la lengua materna está asociada con emociones como comodidad, orgullo, pertenencia e identidad cultural. Este anclaje emocional tiene un impacto en la autoconfianza y en la forma en que las personas se posicionan frente a nuevos desafíos académicos o laborales.
Migración, raíces e identidad
Vivir entre idiomas es cada vez más común. Procesos de migración, movilidad laboral o formación internacional llevan a millones de personas a desenvolverse en más de una lengua. Sin embargo, el idioma con el que crecimos continúa funcionando como un puente hacia la historia personal y familiar.
La adaptación lingüística no implica una sustitución total del idioma de origen, sino una convivencia dinámica entre lenguas.
En contextos familiares, esta convivencia cobra especial relevancia: conservar la lengua materna permite transmitir valores, relatos y referencias culturales a nuevas generaciones, reforzando el sentido de pertenencia aún cuando se integran nuevas culturas.
Multilingüismo: identidad que se amplía
Según la Unesco al menos la mitad de la población mundial utiliza más de un idioma o dialecto en su vida diaria. Si bien se puede creer que tener una lengua materna divide la identidad de uno, el estudio de Preply indica lo contrario. Tener más de un idioma nativo demuestra que la identidad se comparte. De hecho, tres cuartas partes de las personas que cuentan con más de una lengua materna afirman tener una conexión emocional con todas ellas. Esto demuestra que el multilingüismo no diluye la identidad, sino que la expande y la potencia.
Además, el estudio señala que la mayoría de las personas que hablan más de un idioma se sienten más auténticas al expresarse en su lengua materna que en cualquier otra. Es decir, el primer idioma sigue siendo un ancla emocional. Sin embargo, esto no implica que la identidad multilingüe busque sustituir una lengua por otra, sino integrarlas.
En este contexto, plataformas de educación online como Preply cumplen un papel estratégico. Al conectar estudiantes con profesores nativos de todo el mundo, no solo facilita el aprendizaje personalizado, sino que también promueve el intercambio cultural auténtico.
El acceso a clases 1 a 1 permite adaptar el proceso de aprendizaje al contexto lingüístico de cada persona, respetando su lengua materna como punto de partida. Esta metodología reconoce que cada estudiante trae consigo una identidad cultural que no debe ser desplazada, sino integrada en el proceso formativo.
Además, el entorno digital amplía las oportunidades de aprendizaje sin fronteras geográficas, favoreciendo el desarrollo profesional en un mercado laboral cada vez más globalizado. Hablar más de un idioma ya no es una ventaja opcional, es una competencia clave.
Cuidar la lengua de origen refuerza la identidad cultural y la seguridad personal; aprender otras lenguas amplía horizontes, multiplica oportunidades y promueve el diálogo intercultural. En un mundo interconectado, el verdadero desafío no es elegir entre una u otra, sino integrar ambas dimensiones.







