FESTEJO. Desde hace unos años los niños y adolescentes festejan el último día previo a las clases.
Para un adolescente que está terminando el secundario, el Último Primer Día (UPD) no es una fiesta más. Es un ritual de cierre, de pertenencia, de identidad grupal. Allí se juegan emociones intensas: entusiasmo, ansiedad, necesidad de ser parte, miedo a quedar afuera. El problema de esta celebración es que se caracteriza por el exceso en el consumo de alcohol y esta situación preocupa a los padres y a las autoridades escolares.
A días del inicio del ciclo lectivo en nuestra provincia, ayer el Ministerio de Educación lanzó una advertencia formal sobre el UPD, dirigida a estudiantes y familias. La cartera educativa recordó que no se permitirá el ingreso a la escuela de alumnos en estado de ebriedad y pidió a los padres acompañar y supervisar los festejos.
Al debate se sumó la mirada de una médica que propone priorizar la contención ante situaciones de riesgo. La pediatra María Cecilia Rea, miembro de la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP), planteó que ante la presencia de un alumno alcoholizado la prioridad debe ser la contención y no cerrarles la puerta.
“Estamos hablando de menores de edad. Dejarlos en la calle es realmente un riesgo”, advirtió.
La profesional sostuvo que un adolescente alcoholizado es un menor en situación de vulnerabilidad. Por eso, ante estos casos, propuso permitir el ingreso, garantizar un espacio de cuidado, dar aviso inmediato a la familia y evitar exponer al estudiante a mayores peligros.
“El UPD, aunque se presenta como un ritual de cierre, en la práctica no está exento de riesgos”, sostuvo la médica. Entre las situaciones preocupantes, nombró: consumo agudo y excesivo de alcohol (práctica conocida como “binge drinking”), privación total de sueño antes del primer día de clases, exposición a situaciones de violencia o accidentes y viralización de imágenes que pueden afectar la reputación futura.
“El cerebro adolescente aún está en desarrollo”, recordó la pediatra. Y, en ese sentido, aclaró: el alcohol impacta directamente en áreas vinculadas al juicio, el control de impulsos y la toma de decisiones.
"Minimizar es desconocer"
Para la profesional, minimizar el UPD como “una noche más” implica desconocer evidencia científica consolidada. No se trata de moralizar, sino de prevenir, especificó. Entre las complicaciones más frecuentes que se observan en guardias pediátricas durante estas fechas figuran: la intoxicación alcohólica aguda que puede requerir internación, vómitos con riesgo de broncoaspiración, deshidratación severa, accidentes de tránsito y conductas sexuales sin protección.
ADVERTENCIA. Susana Montaldo, ministra de Educación de la provincia, avisó que dejará afuera a los estudiantes que quieran ingresar luego de los festejos del UPD.
“La intoxicación aguda puede provocar vómitos y aspiración, pérdida de la conciencia, convulsiones y coma etílico. No es exageración. Es fisiología”, aclaró.
Rea insiste en que el rol de la familia debe ser acompañar con presencia y límites. “Antes de que llegue esa noche, hay algo más importante que el outfit, la previa o las fotos: la conversación en casa”, remarca la pediatra.
Algunas pautas que recomienda son: hablar antes, no después, fijar límites claros y explícitos, conocer el plan real del festejo; por ejemplo, dónde será y quién supervisa. También ofrecer alternativas de celebración sin descontrol.
“La adolescencia necesita adultos presentes. La ausencia de límites no es confianza: puede convertirse en abandono”, reflexionó.
¿Prohibir o acompañar? es la gran duda. “No hay una respuesta única. Cada familia conoce su contexto y a su hijo. Pero hay un principio que los especialistas consideran innegociable: no naturalizar el consumo excesivo de alcohol en menores”, aclara la especialista.
“Si se decide permitir un encuentro, debe existir supervisión responsable y reglas claras. Si se decide no autorizarlo, la postura debe explicarse desde el cuidado y no desde el castigo”, añade. Y finalmente remarca que el UPD no define la adolescencia ni el valor de un grupo.
El acompañamiento
“Lo que sí marca una diferencia es el acompañamiento adulto. Cuidar no es exagerar. Cuidar es anticiparse. El objetivo no es generar miedo, sino conciencia”, sostiene. La verdadera celebración del último año no debería ser una competencia de quién tolera más alcohol, concluye.
A comienzos de esta semana, el secretario de Políticas Integrales sobre Adicciones, el psicólogo Lucas Haurigot Posse, abrió el debate sobre este tema que interpela a distintos ámbitos de la sociedad. Muchos padres reconocen sentir presión por parte de sus hijos, que no se quieren quedar afuera del festejo.
“La clave es el diálogo anticipado, fijar límites claros y la supervisión responsable. Presencia no significa invadir, sino estar disponibles, escuchar y acordar reglas”, resumió.
El mensaje es claro: no dejarlos solos y ayudarlos a reflexionar qu la consigna debe ser festejar, no descontrolarse.








