SIMULACIONES. Hay cuatro escenarios posibles que se podrían constituir dentro de 200 años.

Hace aproximadamente 300 millones de años, todas las masas continentales estaban unidas en un único superbloque: Pangea. Su fragmentación dio origen al Océano Atlántico, separó América de África y Europa, y dio forma al mapa que conocemos actualmente.
Pero este proceso no fue el final de la historia, sino un capítulo más dentro de un ciclo geológico profundo. Un estudio publicado en Geological Magazine, basado en modelos climáticos tridimensionales desarrollados por Michael Way, del Instituto Goddard de la NASA, y João Duarte, de la Universidad de Lisboa, sostiene que esta futura reunificación no solo alterará el mapa, sino que también provocará cambios climáticos globales extremos. Las simulaciones actuales sugieren que, dentro de unos 200 millones de años, los continentes volverán a reunirse en un nuevo supercontinente.
Las consecuencias
Las implicaciones biológicas de un único supercontinente serían profundas. Con menos costas, zonas cruciales para la biodiversidad, y vastos interiores continentales con temperaturas extremas, Duarte advierte sobre la posibilidad de “extinciones masivas” debido a la intensa competencia y la transformación de hábitats.
Si bien estos cambios no ocurrirán en nuestra vida, el proceso ya está en marcha. Como recuerda Way, cada día se produce un terremoto de magnitud 6 en algún lugar del planeta. Las placas tectónicas continúan moviéndose, centímetro a centímetro. La Tierra nunca ha estado quieta, y aunque no lo notemos, el próximo supercontinente ya se está formando.







