Es uno de los fondistas más destacados de la región y divide su vida entre las pistas y un turno nocturno como custodio
Arón Quiroga tiene 33 años, se entrena con sueño acumulado, compite contra rivales que pueden dedicarse de lleno al deporte y sueña con un respaldo que le permita correr sin cargar también con el peso del cansancio y las cuentas.
INCANSABLE. Quiroga apuesta a seguir creciendo en el mundo del atletismo y a poder dedicarse de lleno al deporte.
Detrás del atleta que cruza la meta y levanta los brazos hay una historia de resistencia que excede al deporte. Arón Quiroga, de 33 años, se consolidó como una de las referencias del atletismo regional, pero su recorrido está lejos de las comodidades del alto rendimiento. El tucumano divide sus días -sobre todo, sus noches- entre la exigencia de las pistas y la soledad de la portería de un edificio, donde trabaja para sostenerse mientras espera un respaldo oficial que le permita dedicarse de lleno a su vocación.
A pesar de su notable talento, Aron transmite una serenidad y una humildad que conmueven. Y con esa misma calma, comienza su relato. “Al principio me costó mucho encontrar el equilibrio. Lo más difícil es el agotamiento físico y mental al salir de trabajar; a eso hay que sumarle el entrenamiento, que también es muy desgastante. No es sólo el trabajo y el deporte, sino hacerse ese tiempo de calidad aparte para compartir con la familia”, explica. Es padre de tres hijos, entre ellos Aitana, de apenas dos meses.
Su día a día tiene la precisión de un cronómetro. Cumple 50 horas semanales en turno nocturno, realizando tareas de seguridad, limpieza y mantenimiento. Esa carga lo obliga a competir, muchas veces, sin descanso previo. “Entreno seis días y descanso uno. A veces lo hago apenas vuelvo de trabajar, si la sesión es suave. Si no, voy cerca de las 19, por el calor y a las apuradas, para después irme otra vez al trabajo”, relata. El sueño fragmentado y el cansancio acumulado son parte del paisaje.
Un año bisagra y el motor familiar
A pesar de esas condiciones, 2025 marcó un punto de quiebre. Después de una década “peleándola desde abajo”, consiguió sus mejores marcas personales en 5.000 y 10.000 metros. Se impuso en competencias exigentes en Santiago del Estero y La Banda, y brilló en los 10K del Maratón de LA GACETA, en donde dejó su sello.
El impulso tuvo un nombre propio: su hija menor. “Fue una motivación enorme para lograr todo lo que se alcanzó el año pasado”, asegura. Para 2026, su objetivo va más allá de los registros. “Mi gran meta es subir al podio de una carrera importante con mi bebé en brazos. Puede parecer algo simple, pero para mí sería inmenso”, confiesa.
EL SUSTENTO DE VIDA. Por las noches, Quiroga trabaja como custodio en un edificio. Ese sueldo le ayuda a sobrevivir.
La otra carrera
El atletismo de elite exige inversión constante: alimentación específica, suplementación, calzado técnico, indumentaria y controles médicos. En ese terreno, Quiroga compite en desigualdad frente a rivales que pueden dedicarse exclusivamente a entrenar. “Tengo amigos que me ayudan cuando pueden, pero los gastos son muchos”, admite.
Por eso, no elude el pedido. “Espero contar con el apoyo de organismos estatales para poder dedicarme más de lleno y cubrir detalles que hoy, por lo económico, no puedo trabajar en mis preparaciones”, sostiene. No habla de privilegios, sino de condiciones mínimas para potenciar lo que ya demostró en competencia.
Mientras aguarda esa respuesta, el calendario no se detiene. En mayo correrá los 21K de Yerba Buena, luego volverá a competir en Santiago del Estero y buscará revancha en la carrera de LA GACETA, esta vez en los 21K, tras haber pulverizado el récord del circuito de 10K el año pasado. “No pierdo la fe de recibir el apoyo que falta para representar a Tucumán a nivel nacional. Mientras tanto, seguimos firmes y soñando alto”, afirma.
Por eso, cada amanecer, la rutina de Arón marca el final de una jornada y el comienzo de otra. En ese punto, el hombre cuyo trabajo es abrirle la puerta a los demás, sale a la calle convencido de que sus piernas son la única llave que tiene para abrirse su propio camino. Y así lo siente: corre, no sólo para ganar, sino para demostrar que los sueños, a diferencia de los turnos de trabajo, no tienen horario.








