Sbrocco anotó dos tries en el duelo frente a Selknam. OSVALDO RIPOLL/LA GACETA.
La efectividad no siempre premia al que más intenta, pero casi siempre castiga al que no concreta. En el rugby, donde rara vez hay empates y casi nunca hay segundas oportunidades, esa verdad se transforma en ley. Tarucas lo entendió a tiempo: sufrió en el primer tiempo (8-3), corrigió en el complemento y terminó goleando 41-13 en su debut en el Súper Rugby Américas, ante uno de los rivales llamados a pelear arriba.
No fue sencillo. El equipo del NOA atravesó una primera mitad incómoda, espesa, de esas que ponen a prueba la paciencia y la estructura. Selknam, dirigido por Jacob Mangin, salió con una presión asfixiante, como si buscara quebrar la moral de la franquicia tucumana desde el primer contacto. Y durante varios pasajes lo consiguió.
En apenas 20 minutos, el conjunto de Álvaro Galindo cometió seis penales. Seis. Una cifra demasiado alta para un arranque de torneo. La disciplina sigue siendo un punto a corregir por la franquicia del NOA. El equipo chileno, sin embargo, no supo capitalizar ese dominio territorial y disciplinario: apenas sumó tres puntos mediante un penal convertido por Tomás Salas. Buscó mucho la línea de touch, pero sin los resultados esperados. Mucho esfuerzo, poca recompensa. Selknam, asimismo, mostró dudas en el line y sufrió en el juego del pack. Intentó lastimar con el maul, pero sin eficacia.
Tarucas, en tanto, no lograba hacer pie en “La Caldera del Parque” y parecía jugar más pendiente de corregir errores que de imponer condiciones. Ignacio Cerrutti intentaba levantar al equipo: buscaba opciones, encontraba conexiones interesantes, pero no podía romper la línea defensiva. El apertura fue el encargado de poner la paridad en el marcador: convirtió un penal y estableció el 3-3, un resultado que no concordaba con el trámite del partido. Ese punto fue el “despertador” del equipo de Álvaro Galindo. Ring, ring. El partido empezaba a cambiar.
El line, que había sido uno de los aspectos a corregir frente a Dogos, se transformó en una de las fortalezas. Así nació el primer try: Agustín Sarelli ganó en las alturas y, tras la continuidad, Ignacio Marquieguez apoyó la primera conquista. El envión anímico fue evidente. Cerrutti no logró ampliar la ventaja y el encuentro se fue al descanso con un 8-3 que dejaba la sensación de que había margen para mucho más.
El rugby permite algo que pocos deportes ofrecen: la posibilidad de ajustar sobre la marcha. Y en el segundo tiempo, la franquicia norteña cambió el tono. Ajustó la disciplina, ganó profundidad en ataque y comenzó a traducir cada aproximación en puntos. Donde antes había dudas, apareció contundencia. Donde hubo nervios, surgió claridad.
Todo comenzó con Francisco Moreno. Tras una serie de pick and go, el “Tanque” apoyó su primer try en la historia del Súper Rugby Américas y amplió la ventaja. Thiago Sbrocco, a los 55’, volvió a capitalizar un line bien ejecutado y consolidó el dominio en el juego de contacto. El marcador ya reflejaba una superioridad clara.
Selknam intentó reaccionar con un try de Alfonso Escobar, pero la imprecisión de Salas a los palos terminó siendo un condicionante para el conjunto chileno. El local, en cambio, mantenía la presión alta: tackles firmes, buenas conexiones y velocidad en los contragolpes exponían los pilares del equipo.
A los 67’, llegó la jugada que terminó de inclinar la balanza: un try-penal que estableció el 29-8 y quebró definitivamente la resistencia visitante. Selknam volvió a descontar por intermedio de Cristóbal Game, pero ya era tarde. No alcanzaba.
La historia se cerró con las conquistas de Tomás Vanni y nuevamente Sbrocco, que sellaron el 41-13 final en una noche que pasó de la incertidumbre a la autoridad.
El resultado fue categórico. La goleada no sólo dejó atrás las dudas iniciales, sino que envió un mensaje claro al resto de la competencia: cuando encuentra eficacia, Tarucas se vuelve peligroso. Muy peligroso. Porque en este deporte, la lógica no la dicta quien más intenta. La dicta quien mejor concreta. Y en su estreno, Tarucas aprendió la lección a tiempo.






