Las cuatro señales silenciosas que advierten que tu hijo va camino al sedentarismo

Fatiga rápida al subir escaleras, dificultad para dormir, inactividad los fines de semana y aumento del perímetro abdominal sin cambios en la dieta.

ALERTAS. Incluso antes de nacer, el ser humano ya puede ser moldeado para no ser sedentario. ALERTAS. Incluso antes de nacer, el ser humano ya puede ser moldeado para no ser sedentario.
19 Febrero 2026

No existe una "bola de cristal" genética que nos permita saber qué puede suceder con el estado del cuerpo de cada ser humano. Pero sí hay marcadores biológicos y factores ambientales que inclinan la balanza desde muy temprano. 

Evitar el desarrollo de la obesidad o de la hipertensión arterial, por poner de ejemplo solo dos de las enfermedades que más drama causan en el planeta, depende de una observación activa desde el año cero. Ahí, el protagonismo es plenamente de los adultos y es clave porque, según con qué actitud encaren esa responsabilidad, generarán el estilo de vida en el niño.

En este sentido, hay pistas muy claras que cuando aparecen deberían preocupar a los padres. Que los chicos pasen gran parte del tiempo libre sentados atenta a la vida, más en la actualidad cuando las pantallas tomaron un rol que sobrepasa el entretenimiento porque se las toma como “cuidadoras virtuales”. Ya que los pequeños se quedan casi hipnotizados ante un dispositivo, esto permite que los adultos desarrollen tareas. Pero el costo de tantas horas frente a las luces y sin interactuar con personas es altamente nocivo.

Si se percibe que el niño se fatiga muy rápido al subir escaleras o con juegos de patio, su personalidad ya se está perfilando hacia el sedentarismo. Una actividad que provoque esa incomodidad será evitada. 

Físicamente se notará que el perímetro abdominal aumenta, pero sin cambios en la alimentación, no es que comen más. De que el rumbo que está tomando el niño hacia una personalidad sedentaria es claro si le cuesta conciliar el sueño y si además de los días habituales, pasa los fines de semana sentado sin pausas.

La ciencia ha identificado que la genética influye entre un 30% y un 50% en nuestros niveles de actividad física. Algunas personas nacen con receptores de dopamina (hormona que genera placer) que responden con mayor euforia al movimiento. Para ellos, el ejercicio es una recompensa natural; para otros, el cerebro no emite esa señal placentera con la misma intensidad.

Cuidados durante el embarazo

Lo que sucede antes del "año cero" cuenta más allá del mapa genético. Los estudios sugieren que la nutrición y los niveles de estrés de la madre durante el embarazo pueden generar cambios epigenéticos. No alterarán el ADN, pero los hábitos pueden afectar a genes relacionados con el metabolismo y la propensión a la obesidad o el letargo. 

Se puede nacer con una mala genética que puede ser identificada pronto mediante el temperamento del bebé y sus reacciones. Las asociaciones son proporcionales: un recién nacido activo busca constantemente moverse, patear o explorar su entorno apenas ganan control motor que les de seguridad de comportarse de esa manera. Los más tranquilos prefieren estímulos visuales o auditivos antes que el esfuerzo físico.

La culpa del sedentarismo, no es exclusiva de la biología, hay agentes externos que negativamente hacen que sea un comportamiento aprendido. Así un niño que presenta una genética de atleta puede volverse sedentario si vive en un entorno propicio a la obesidad con muchas pantallas, poca salida al aire libre, alimentos poco saludables. 

Incluso, sin que esos parámetros se presenten en el entorno del bebé, la psicomotricidad gruesa en los primeros dos años debe desarrollarse lo más fuerte posible. Hay que estimular que el niño gatee y el juego físico con los cuidados lógicos; dos maneras que vencerán a una predisposición genética hacia la quietud si es que la hay. En la actualidad hay tests que con una muestra de saliva pueden analizar genes del recién nacido y calcular las probabilidades de que sea un humano sedentario o no. El “enemigo” puede ser identificado rápidamente con el informe del laboratorio, también combatido con rapidez, pero en ese momento la responsabilidad no es del bebé.

Desde ese "año cero" que se mencionaba, anticipar las tendencias no es solo una curiosidad genética, sino una forma de evitar que una persona entre en las estadísticas de las enfermedades que lideran los rankings mundiales.

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