29 Abril 2005 Seguir en 
La historia de Stella Maris Alderete, una niña de 12 años, tuvo un final triste. Pero al mismo tiempo fue un alivio para dos personas que esperaban ser trasplantadas.
La niña fue baleada en la cabeza cuando estaba en la casa de una amiga el viernes 22. Después de seis días de agonía, los médicos del Hospital de Niños le declararon la muerte cerebral.
A Juan Alderete y a Ester Lobo, los padres de la pequeña, tomar la decisión de donar los riñones y el hígado de Stella les costó mucho. "Ella quería vivir, era muy alegre. Ahora ya sé que sus órganos van a poder salvar la vida de otra persona", dijo la madre ayer durante el sepelio de su hija en el cementerio de Lules.
Al equipo del CUCAI-Tucumán, le costó mucho convencer a los padres de la necesidad de donar los órganos de la pequeña. Eduardo Duhalde, jefe del Centro Unico de Ablación e Implante, explicó que el hígado de la niña ya está en Buenos Aires, y será implantado a una mujer de 32 años, que estaba en la lista de emergencia nacional. Los riñones, en tanto, quedaron en Tucumán, aunque hasta ayer no se sabía quiénes serían los beneficiarios. "Como aquí realizamos trasplante renal, primero están los pacientes tucumanos", explicó Duhalde, quien señaló que la mayoría de los familiares de las personas que fallecen es reticente a la donación.
"Stella Maris era una chica muy especial, muy juguetona y cariñosa. Siempre estaba sonriendo, llena de vida y alegría", contó Mónica Romano, quien era maestra de la niña en el sexto grado de la escuela 130 Alberto Rougés. Stella Maris tenía siete hermanos. Una de sus hermanas, María Isabel, de 17 años, contó que su último recuerdo es la cara de Stella, sonriéndole mientras se bañaba. "Siempre trataba de ayudar en la casa. Era muy solidaria con todo el mundo, la voy a extrañar mucho", dijo.
Durante el funeral de la niña, los familiares insistieron en el pedido de que la Justicia investigue a fondo las circunstancias en que fue baleada la víctima. Todavía sigue detenido Carlos Villagra, el suboficial adicional de la Dirección de Vialidad de la provincia, autor del disparo que dio en la niña, dijo Miguel Correa, jefe de zona. Villagra estaba jugando a las cartas en la casa de María López, donde estaba la niña. A pesar de que se cree que el hecho fue accidental, los allegados de Alderete creen que la muerte se podría haber evitado. "Villagra estuvo tomando alcohol. Después, empezó a gatillar el arma. Parecía que estaba jugando", dijo el testigo Marcos López.
La niña fue baleada en la cabeza cuando estaba en la casa de una amiga el viernes 22. Después de seis días de agonía, los médicos del Hospital de Niños le declararon la muerte cerebral.
A Juan Alderete y a Ester Lobo, los padres de la pequeña, tomar la decisión de donar los riñones y el hígado de Stella les costó mucho. "Ella quería vivir, era muy alegre. Ahora ya sé que sus órganos van a poder salvar la vida de otra persona", dijo la madre ayer durante el sepelio de su hija en el cementerio de Lules.
Al equipo del CUCAI-Tucumán, le costó mucho convencer a los padres de la necesidad de donar los órganos de la pequeña. Eduardo Duhalde, jefe del Centro Unico de Ablación e Implante, explicó que el hígado de la niña ya está en Buenos Aires, y será implantado a una mujer de 32 años, que estaba en la lista de emergencia nacional. Los riñones, en tanto, quedaron en Tucumán, aunque hasta ayer no se sabía quiénes serían los beneficiarios. "Como aquí realizamos trasplante renal, primero están los pacientes tucumanos", explicó Duhalde, quien señaló que la mayoría de los familiares de las personas que fallecen es reticente a la donación.
"Stella Maris era una chica muy especial, muy juguetona y cariñosa. Siempre estaba sonriendo, llena de vida y alegría", contó Mónica Romano, quien era maestra de la niña en el sexto grado de la escuela 130 Alberto Rougés. Stella Maris tenía siete hermanos. Una de sus hermanas, María Isabel, de 17 años, contó que su último recuerdo es la cara de Stella, sonriéndole mientras se bañaba. "Siempre trataba de ayudar en la casa. Era muy solidaria con todo el mundo, la voy a extrañar mucho", dijo.
Durante el funeral de la niña, los familiares insistieron en el pedido de que la Justicia investigue a fondo las circunstancias en que fue baleada la víctima. Todavía sigue detenido Carlos Villagra, el suboficial adicional de la Dirección de Vialidad de la provincia, autor del disparo que dio en la niña, dijo Miguel Correa, jefe de zona. Villagra estaba jugando a las cartas en la casa de María López, donde estaba la niña. A pesar de que se cree que el hecho fue accidental, los allegados de Alderete creen que la muerte se podría haber evitado. "Villagra estuvo tomando alcohol. Después, empezó a gatillar el arma. Parecía que estaba jugando", dijo el testigo Marcos López.







