El dato de inflación: qué dicen los analistas y qué pasará con las tarifas en 2026

La inflación de enero se ubicó en 2,9% y volvió a colocarse por debajo del umbral simbólico del 3%. Aunque el dato confirma la tendencia de desaceleración respecto de los picos registrados dos años atrás, el contexto en el que se conoció -con la salida del titular del Indec, la postergación de la actualización de la canasta de medición y la comparación con el índice de la Ciudad de Buenos Aires (3,1%)- reavivó el debate sobre la credibilidad y la percepción social del proceso inflacionario.
Para el economista Bernabé Salas, referente del espacio Federalismo y Libertad, el episodio fue “totalmente evitable” y generó un desgaste innecesario en términos de confianza institucional.
“Que te dé 2,9% con la canasta actual ya es un dato que indica que no estamos en los niveles de 18% o 20% mensual que veíamos hace dos años. El cambio de canasta que se estaba planificando no iba a alterar drásticamente el resultado”, sostuvo en LA GACETA. Incluso señaló que, al simular el cálculo con la nueva estructura de ponderaciones, el resultado podría haber sido “ligeramente menor, en torno al 2,8%”.
En ese sentido, consideró que la postergación de la actualización metodológica terminó generando “una erosión de credibilidad innecesaria”, en un momento en el que la consistencia estadística resulta clave para consolidar expectativas.
Percepción social y presión de los servicios
Más allá del dato puntual, Salas advirtió que la sensación en el bolsillo difiere de la cifra oficial por una razón estructural: la composición del gasto de los hogares cambió sustancialmente en los últimos años. “La canasta vigente todavía responde a patrones de consumo de 2004, cuando el peso de los servicios era mucho menor. Hoy los servicios tienen una incidencia muy superior y son justamente los que más aumentaron en estos dos años”.
De cara a 2026, anticipó que las tarifas seguirán teniendo un rol central. “Este año va a ser de recuperación tarifaria para reducir subsidios. En los últimos meses los servicios crecieron a la par de la inflación, pero no recuperaron terreno. Es probable que vuelvan a presionar sobre las finanzas personales”, indicó.
El problema, añadió, es que esa dinámica no encuentra un correlato en los ingresos. “Hace más de un año que el índice salarial está prácticamente estancado. El salario público se pulverizó a comienzos de 2024 y recuperó muy poco. El privado todavía está por debajo de noviembre de 2023 en términos reales”, detalló. Con una canasta actualizada -que refleje mejor el peso de los servicios- la pérdida sería aún mayor, advirtió.
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Empleo: más informalidad, menos calidad
El análisis de Salas también se extendió al mercado laboral. Si bien los datos oficiales muestran crecimiento del empleo en los últimos dos años, la composición cambió de manera significativa. “Los puestos formales se redujeron y crecieron con fuerza el cuentapropismo y la informalidad. Es una reconfiguración laboral de peor calidad”, sostuvo. Esa transformación, según explicó, tiende a generar mayor vulnerabilidad y salarios más bajos.
En ese marco, vinculó el debate inflacionario con la discusión por la reforma laboral que se trata en el Congreso. A su entender, la actualización del régimen busca adaptarse a un mercado de trabajo que cambió profundamente en las últimas décadas.
Entre los puntos centrales del proyecto destacó la creación de un fondo de cese laboral, que reemplazaría el esquema tradicional de indemnizaciones. El empleador aportaría mensualmente un 8% del salario bruto a un fondo individual del trabajador. “Es un intercambio entre eliminar el riesgo de litigiosidad -que hoy es muy alto- y otorgar previsibilidad mediante un costo mensual”, explicó.
También señaló modificaciones en el rol de los sindicatos y ajustes en contribuciones patronales, aunque subrayó que finalmente no se incluyó la reducción del impuesto a las ganancias para empresas, una demanda resistida por los gobernadores debido a su impacto en la coparticipación.
Industria y presión tributaria
Salas planteó además que el sector productivo todavía espera una reforma fiscal más profunda. Si bien hubo reducción de aranceles y alivios impositivos en algunos segmentos, consideró que el sector industrial, especialmente el orientado al mercado interno, no recibió un alivio sustancial.
“El índice de actividad industrial todavía está más de ocho puntos por debajo de 2023. Y cuando uno desagrega, encuentra sectores muy golpeados como textiles, metalurgia, minerales no metálicos o maquinaria”, indicó. Muchos de ellos, agregó, coinciden con ramas donde se profundizó la apertura comercial.
Para el economista, el desafío es avanzar hacia una reforma tributaria integral que reduzca la carga sobre el aparato productivo sin desatender el delicado equilibrio fiscal. “El entramado federal argentino hace muy complejo cualquier cambio profundo. Cada nivel de gobierno defiende sus recursos. Pero si no se alivia la presión sobre el sector que produce y genera empleo formal, la recuperación será frágil”, concluyó.







