
Quinta de trece hermanos, Isabel Aráoz (1937-2026) fue parte de una generación luminosa e irrepetible. Su palabra, sagaz y llena de humor, alegró el alma y enseñó su manera de mirar la vida.
En los años 60, 70 y 80 fue productora de numerosos programas de radio y televisión en Buenos Aires. A fines de esa década regresó a Tucumán junto a su único hijo, Bernabé Pico Estrada, y se dedicó a la costura, llevando adelante un taller que fue también un espacio de encuentro y transmisión, donde muchas mujeres aprendieron un oficio y compartieron saberes.
De alma libre y feminista, vivió fiel a sí misma. Se la recuerda en aquellos años de juventud caminando por la 25 de Mayo junto a sus hermanas, las Aráoz, dejando un halo de belleza al pasar que todos recuerdan.
Su mesa, siempre vestida con manteles, guardaba el sabor de un tiempo especial, tiempo de dulce de limas y sobremesa. En los años 2000 llegaron sus nietos, Aurelio y Livio, a quienes llamaba simplemente “mi alegría”.
Desenfadada, canchera, con una mirada profunda del otro, sus dichos nos dejan risas y un modo único de estar en el mundo. Generosa como pocas, siempre quiso ser ella misma.
En los últimos tiempos no amaba la vida social, pero cuando concedía su presencia era el centro de la escena con risas, charlas y relatos traídos de tiempos idos, de Villa Nougués y de Tapia.
Su partida deja un gran vacío. Aquella casa que ya no existe en la 25 de Mayo conserva el fulgor de todo lo vivido, charlas, risas, amores y desamores. Isabel Aráoz fue, ante todo, profundamente humana. Y así será recordada.







