Ríos fuera de control en Tucumán: advierten que sin un plan integral de cuencas, el riesgo de inundaciones seguirá latente

Tras una semana marcada por lluvias e inundaciones en distintos puntos de Tucumán, especialistas advierten que, más allá de la actual mejora en las condiciones climáticas, la provincia continúa expuesta a nuevos eventos críticos si no se avanza en un manejo integral de las cuencas hídricas.
Según informaron la Dirección Provincial de Vialidad y Defensa Civil, el caudal de los ríos comenzó a retroceder, lo que llevó alivio a las zonas más afectadas. A esto se suma la tregua climática anticipada por el Servicio Meteorológico Nacional, que no prevé precipitaciones significativas en los próximos días, permitiendo continuar con las tareas de asistencia y monitoreo.
No obstante, los diques de la provincia se mantienen en niveles de alerta y crecida, aunque dentro de los márgenes de seguridad establecidos. La apertura de válvulas tanto en Escaba como en El Cadillal generó preocupación por el posible aumento del caudal en ríos como el Marapa y el Salí, aunque desde Defensa Civil aseguraron que la situación permanece bajo control.
Mientras tanto, en el sur provincial persisten anegamientos en localidades como Los Gómez, Villa Chicligasta y Ataona, donde continúan trabajando equipos del Ministerio de Desarrollo Social y de Salud. En paralelo, se mantiene una alerta amarilla en la zona de los Valles y áreas de montaña, ante la posibilidad de tormentas de variada intensidad, con actividad eléctrica, ráfagas de viento y eventual caída de granizo.
LA GACETA/FOTO DE ANALÍA JARAMILLO
La mirada del especialista
En este contexto, el ingeniero agrónomo Marcelo Arzelan, experto en manejo de cuencas, advirtió en LA GACETA que las inundaciones registradas en Tucumán y en otras provincias del NOA no son hechos aislados, sino el resultado de procesos acumulados durante décadas.
“El NOA tiene características fisiográficas muy particulares, con serranías de alta pendiente y lluvias concentradas en verano. Cuando se combinan precipitaciones intensas con un uso del suelo inadecuado, se generan descargas rápidas hacia ríos y arroyos, provocando desbordes”, explicó.
Arzelan señaló que el avance de la actividad humana modificó profundamente el comportamiento natural de las cuencas. “El cambio en el uso del suelo lo vuelve cada vez más impermeable. Eso hace que el agua no infiltre y escurra violentamente hacia los colectores naturales”, indicó.
Para el especialista, la respuesta del Estado suele ser reactiva. “Venimos actuando como bomberos, con paliativos que mitigan el problema en el momento, pero no lo solucionan de fondo. Esto no se va a revertir si no se implementa un programa integral de manejo de cuencas, que es necesariamente a largo plazo”, advirtió.
Impacto productivo y necesidad de planificación
El ingeniero agrónomo remarcó además el fuerte impacto que estos fenómenos generan en el sector productivo. “Las consecuencias en los campos son nefastas: erosión, inundaciones, pérdida de suelos y conflictos graves en fincas productivas”, sostuvo, y aclaró que las acciones aisladas -ya sea de productores o municipios- resultan insuficientes.
“El manejo debe ser integral, con participación del sector público y privado, y responder a un plan maestro con un horizonte de 20 o 30 años. De lo contrario, incluso algunas obras puntuales pueden terminar yendo en contra de la solución que se busca”, señaló.
Arzelan consideró que las recientes inundaciones deberían funcionar como un llamado de atención. “Estas situaciones tan negativas tienen que servir como disparador para tomar conciencia. Sin planificación y sin un manejo serio de las cuencas, vamos a seguir sorprendiéndonos cada verano cuando los ríos se salen de su cauce”, concluyó.







