Por qué los hombres deberían comer tomate caliente más seguido: reduce el riesgo de un tipo de cáncer

Durante una reciente emisión de La cocina rebelde, la nutricionista Romina Pereiro puso el foco en un alimento cotidiano que suele pasar desapercibido en la mesa diaria, pero que aporta beneficios clave para la salud: el tomate. En medio de una receta que preparaba Jimena Monteverde, la especialista explicó por qué recomienda incorporarlo con mayor frecuencia, especialmente en versiones cocidas.
El comentario surgió mientras se armaba una tarta salada y se debatía sobre la mejor forma de sumar tomate al relleno. Allí, Pereiro señaló que este fruto —considerado verdura en el uso culinario— contiene licopeno, un antioxidante natural que fue ampliamente estudiado por su vínculo con la prevención de distintas enfermedades. “Es un compuesto que se asocia con la reducción del riesgo de algunos tipos de cáncer, en particular el de próstata”, explicó.
Uno de los puntos que remarcó la nutricionista es que el tomate potencia sus propiedades cuando se cocina. A diferencia de otros alimentos que pierden nutrientes con el calor, el licopeno se vuelve más biodisponible tras la cocción, lo que facilita su aprovechamiento por el organismo. Por ese motivo, salsas, tartas o preparaciones calientes pueden ser una buena alternativa para quienes no disfrutan del tomate crudo.
Además, Pereiro alentó a buscar estrategias para incorporarlo incluso cuando no es del agrado personal. Cortarlo en pequeños cubos o combinarlo con otras preparaciones permite sumar sus beneficios sin que resulte invasivo en sabor o textura.
El tomate llegó a Europa desde América en el siglo XVI y durante mucho tiempo fue considerado un alimento peligroso. Hoy, lejos de aquella creencia, forma parte esencial de la dieta mediterránea y de numerosas cocinas del mundo, no solo por su versatilidad, sino también por su aporte nutricional y preventivo.
La recomendación de Pereiro refuerza una idea clave: pequeños cambios en la alimentación diaria pueden tener un impacto positivo a largo plazo, especialmente cuando se trata de alimentos simples, accesibles y habituales.







