En la mitología griega y romana se encuentran incontables referencias a lo sexual. Entre las más conocidas figura Príapo, un dios menor cuyo rasgo característico era un falo siempre erecto y tan grande como su cuerpo. Por eso no es de extrañar que se convirtiera en un símbolo de virilidad y de deseo sexual. A su vez, el nombre ha dado origen al término médico “priapismo”, que designa un estado anormal de erección prolongada y dolorosa.
Pero además Príapo encarnaba la fuerza fecundadora de la naturaleza, y era guardián de los jardines, las viñas, las cosechas y el ganado. Por eso sus estatuas se colocaban en los huertos para alejar a los ladrones. Su imagen también era usada como amuleto contra el mal de ojo y la envidia. Y, como otras divinidades protectoras agrícolas, se le creía poseedor de poderes proféticos.
Existen varias versiones sobre el origen de Príapo. La más aceptada afirma que era hijo de Dionisio y Afrodita, quien le fue infiel con Adonis durante una expedición de Dionisio a la India. Y luego marchó a Lámpsaco para dar a luz a su hijo. Otra tradición cuenta que fue concebido por Zeus y Afrodita y que Hera, en un ataque de celos, puso sus manos en el vientre de Afrodita, lo que dio origen a un bebé deforme. Al nacer, su madre lo rechazó y abandonó en una montaña; fue rescatado y criado por pastores.
La imagen de este dios se popularizó en la literatura latina, siendo tema de una colección de versos, algunos obscenos y humorísticos, llamados los “Priapeos”. Por lo mismo se infiltró en el arte erótico romano: aparece representado en un mural de Pompeya, donde se lo ve pesando su enorme falo y equilibrando así un saco de monedas de oro que se encuentra en el otro plato de la balanza. Los antiguos dueños de esta casa, dos esclavos libertos -los Vettii- habían logrado amasar una gran fortuna y al parecer quisieron con este fresco protegerse de la envidia. Otros piensan que, además, es una imagen que capta a la perfección el sentir masculino respecto de esta porción de su cuerpo.
Príapo suele ser representado como un hombre barbudo, enano y a menudo grotesco, con su pene desproporcionado. Dicen que los actuales enanos de jardín, con su gorro rojo, bastante fálico, son su reminiscencia. Al igual que la creencia en la “ley de la L”, que sostiene que existe una relación inversamente proporcional entre la estatura de un hombre y el tamaño de su órgano sexual.








