EN ACCIÓN. Gastón Monroy, Santiago Briñone (en el medio) y Elías López participan de la práctica en Cebil Redondo. Foto CASM.
A Santiago Briñone el fútbol no lo llevó de la mano: lo empujó, lo frenó y estuvo a punto de soltarlo. Por eso su llegada a San Martín no se explica sólo con estadísticas o campañas recientes, sino con una historia de insistencia, frustraciones y decisiones tomadas cuando parecía que el camino se cerraba. El volante cordobés aterrizó en la provincia con 28 años, experiencia en el ascenso y una convicción que se fue construyendo desde atrás, lejos de los flashes. En ese sentido, el primer contacto con el “Santo” fue directo. “Fue bastante rápido porque un sábado me llamó Andrés Yllana para saber cómo era mi situación, me preguntó cómo estaba. Le comenté que estaba sin club, buscando, y me preguntó si tenía ganas de venir. No lo dudé”, contó Briñone en diálogo con LA GACETA. “Sabía que era un club muy grande, en el que la gente te apoya un montón, más que nada en La Ciudadela, que siempre está llena. Fue el convencimiento de venir a un club grande”, explicó.
Pero antes de este presente hubo un momento en el que el fútbol dejó de ser un sueño. Briñone se crió en Villa Santa Rosa de Río Primero, un pueblo chico de Córdoba donde empezó a jugar a los cinco años siguiendo a su hermano mayor. “Es un ‘pueblito’ de 7.500 u 8.000 habitantes. Ahí arranqué a jugar en el club de mi pueblo, Atlético Santa Rosa”, recordó Briñone, que a los 14 años dio el salto y se fue a un fútbol más competitivo con Talleres de Córdoba.
PRESENTACIÓN. Briñone buscará aportar lo suyo en el medio campo.
No obstante, un cambio dirigencial en “La T” lo dejó libre cuando todavía estaba en etapa de crecimiento. Ese golpe fue decisivo. “Fue una frustración muy grande. Cuando me dejan libre sentí como que no servía para el fútbol y ya no quería saber más nada”, admitió Briñone. Ahí apareció una figura clave en su historia: su pareja.
EN FAMILIA. Briñone posa junto a su esposa y sus dos hijos en la cancha.
Su apoyo constante
La conocía desde antes, del entorno familiar. “La conocía porque era amiga de mi hermano, que es un poco más grande. Nos juntábamos siempre”, contó. Cuando él dudó, ella sostuvo. “Mi mujer me apoyó mucho en ese momento y me pidió que jugara al menos un tiempo más, en el pueblo de ella, para estar tranquilos”, recordó el mediocampista.
Fue un año lejos de cualquier proyección profesional, jugando por gusto, casi como despedida. “No quería saber más nada del fútbol”, insistió.
La segunda oportunidad llegó desde Patronato, pero otra vez estuvo a punto de no tomarla. “Justo mi mujer había quedado embarazada y yo no quería saber nada, ya pensaba quedarme ahí”, explicó. Sin embargo, volvió a probar. Arrancó en Cuarta de AFA, pasó a Reserva y durante más de un año se entrenó sin contrato. “Después mi mujer me incentivó para que siguiera, que probara otra vez, que el fútbol no se había terminado”, relató.
EN LA BOMBONERA. Briñone sumó minutos con la camiseta de Patronato en Primera.
Cuando finalmente firmó su primer contrato como profesional, lo vivió como un logro colectivo. “Fue hermoso. Uno sueña con vivir del fútbol, pero también con mantener a la familia”, dijo. Y dejó una frase que explica todo lo que hubo detrás. “Mis ‘viejos’ me bancaron mucho. Tuvieron que vender una casa para poder mandarme plata a Paraná porque el club todavía no me podía ayudar”, contó. Mientras se entrenaba, su familia sostenía el día a día.
El debut en Primera llegó el 21 de septiembre de 2018, contra San Lorenzo, en el Nuevo Gasómetro. “Ese día mi mamá cumplía años. Fue mi debut y su cumpleaños; un regalo para ella”, recordó.
En 2021 quedó relegado y decidió rescindir su contrato con Patronato. Otra vez empezar de cero. “Fue durísimo. Mi hija creció ahí, mi mujer tenía un emprendimiento de ropa de bebés y nos costó irnos. Eso nos salvaba muchas veces a fin de mes”, contó. El fútbol, una vez más, no alcanzaba solo.
GRAN TEMPORADA. Briñone viene de tener un buen desempeño en Estudiantes de Caseros.
Después llegaron Sportivo Las Parejas, Estudiantes de San Luis y finalmente Estudiantes de Caseros. En este último club encontró continuidad y su mejor versión reciente: 35 partidos y cuatro goles en la última temporada, con regularidad y presencia constante. “Al principio jugaba más de cinco. Después, con el cambio de técnico, pasé a jugar de interno o media punta y ahí llegaron los goles”, explicó Briñone, cuya versatilidad hoy es uno de sus principales argumentos.
Lo que le puede aportar a San Martín
En San Martín lo imaginan como un volante mixto, capaz de sostener intensidad, recuperar y acompañar la ofensiva. Él lo define simple. “Me gusta tener la pelota, ser uno de los primeros pases de salida. Me gusta llegar al área y disfruto mucho cuando un compañero hace un gol con un pase mío”, señaló.
La adaptación a Tucumán fue rápida. “Desde los médicos hasta los utileros, todos te hacen sentir como en casa”, destacó Briñone, que todavía sufre las altas temperaturas. “Hacía mucho que no sentía un sol tan fuerte, pero con el tiempo me voy a acostumbrar”, dijo el cordobés, que antes de cerrar, dejó una frase que resume toda su carrera. “Siempre digo que la gloria no te la regala ni quita nadie”, concluyó.








