

Paradojas de la política: los mismos que condenan la captura de Nicolás Maduro omiten censurar la invasión rusa a Ucrania y la permanencia de regímenes totalitarios en Cuba y Nicaragua. Son condescendientes con quienes revelan poderes autocráticos, pero se muestran severamente críticos con una incursión que, sin embargo, promete avizorar la entronización en el cargo de autoridades que padecen el exilio y fueron elegidas en comicios libres. A diferencia de Putin, obsesionado por el afán de conquista, Trump reconoce, como fin último de su accionar, el restablecimiento del ejercicio democrático en Venezuela por imperio del voto ciudadano. La falta de ecuanimidad, por parte de encumbrados exponentes de la más rancia izquierda local (Cristina Kirchner, Kicillof y Grabois, entre otros), desvirtúa el libre albedrío de los pueblos y la no injerencia en cuestiones externas que dicen defender. Hoy, ocho millones de venezolanos, obligados a emigrar de su país debido a paupérrimas condiciones económicas y a flagrantes violaciones a los derechos humanos, vislumbran, alborozados, la posibilidad de retornar a suelo caribeño.
Alejandro De Muro







