
Entre la calma y el movimiento: así se vive el verano en San Pedro del Colalao

Con temperaturas agradables, paisajes verdes y un ritmo que cambia sin perder su esencia, San Pedro del Colalao comenzó a transitar una nueva temporada turística. A diferencia del vértigo de otros destinos, aquí el verano se vive con calma, entre mates a la sombra, caminatas y el reencuentro con visitantes que vuelven año tras año.
“Está hermoso, la verdad. El clima nos está ayudando: unos 24 grados, nublado, ideal para disfrutar”, cuentan a LA GACETA Play Dani y Armando, turistas que recorren el pueblo y destacan la tranquilidad como uno de los grandes atractivos del lugar.
Pero no solo los visitantes disfrutan la temporada. Para quienes eligieron San Pedro como lugar de vida, el verano tiene un sabor especial. “Vivir acá es hermoso. Hay tranquilidad, serenidad. Para nosotros, que somos personas mayores, es una gran ayuda”, relata una vecina que reside desde hace seis años en la localidad. Aunque reconoce que disfruta tanto del silencio como del movimiento turístico, valora ver al pueblo lleno de gente: “Me gusta cuando San Pedro tiene vida, cuando vienen a disfrutar”.
La llegada de turistas también reactiva el ánimo local. “El año pasado fue una linda temporada y ojalá este año también lo sea. Se nota entusiasmo, ganas de venir”, señala la mujer, quien además destaca las “joyas ocultas” del lugar: senderos, ríos y paisajes que muchos aún no conocen y que se redescubren, incluso, a través de las nuevas generaciones.
Entre los jóvenes, San Pedro también tiene su lugar. Turistas que llevan cuatro días de estadía, aseguran que el destino no es solo para descansar: “Es ideal para salir en bici, correr, hacer senderismo. Yo salí a correr desde La Virgen hasta la cruz, es increíble”, cuenta un joven de 19 años.
Además de los clásicos paseos y ríos, la temporada llega con novedades: nuevas propuestas de senderismo, actividades como kayak y una agenda cargada de eventos y festivales, tradicionales que convocan tanto a turistas como a vecinos.
Cuando baja el sol, cerca de las cinco o seis de la tarde, San Pedro muestra uno de sus mejores momentos. “Ahí se siente la frescura, la sombra, es cuando más se disfruta”, resumen las personas que viven ahí; y, claro, dejan una invitación abierta: caminar, explorar y animarse a ir más allá de la plaza.







