

Los neurocientíficos reconocieron en las personas con depresión una reducción de la expresividad facial, los gestos y las posturas. Se trata, como lo denominan, de una pérdida del vocabulario emocional del cuerpo. Ante este trastorno del estado de ánimo, los movimientos se acotan y hasta se limitan. Pero diversas actividades demostraron que sirven para mejorar el estado de ánimo. Entre ellas, la más destacada es la danza.
La revista médica The BMJ publicó una revisión de 218 ensayos clínicos y descubrió que la danza disminuye los síntomas de la depresión más que otras actividades como el yoga y los entrenamientos de fuerza. Incluso ofrecía mayores beneficios que los antidepresivos estándar.
De estos estudios, solo 15 se centraron específicamente en la danza y, aunque todavía se necesitan muchos más estudios de gran escala, los números fueron suficientes para sorprender a los investigadores.
Para la salud mental
La evidencia recogida demostró que anticipar una melodía ayuda a secretar dopamina; el movimiento físico, endorfinas; y, bailar con otras personas, oxitocina. La triple liberación de estas hormonas puede facilitar los vínculos sociales y reducir el estrés.
En Argentina, una de cada tres personas mayores de 20 años padece un problema de salud mental, siendo el consumo de sustancias y la depresión dos de los que aparecen con más frecuencia. Un estudio respaldado por el Conicet determinó que, de una serie de países analizados, Argentina es el que menos invierte en salud en general, y en salud mental en particular, como porcentaje del PBI.
Bailar, en este sentido, puede funcionar como una alternativa para las personas que no pueden acceder a una cobertura de salud mental. Aunque la danza no reemplaza la terapia, se demostró que tiene buenos efectos sobre los síntomas de depresión. “Cuanto más vigorosamente bailan las personas, especialmente al ritmo de la música, mayor es la reducción de los síntomas”, sostiene un artículo de National Geographic.
“Nuestro cerebro entiende los gestos que hacemos al bailar como un lenguaje expresivo”, sostiene Julia F. Christensen, neurocientífica del Instituto Max Planck de Estética Empírica. “En la terapia de movimiento y danza, por ejemplo, la reducción real de la ansiedad y los síntomas depresivos está relacionada con el componente expresivo del baile”, detalla.
Para finalizar, Christensen señala que la danza está adoptando una veta más curativa últimamente, conforme avanza la atención que se presta a la salud mental. A su vez, invita a las personas a encontrar cuál, de los miles que existen, es su tipo de danza.




