Abatido, el padre de Jorgito intenta recomponer su hogar

El fiscal apelará la medida. Tras casi cinco meses de prisión, el acusado afirma que ha sido víctima de una injusticia. Dice que su esposa padece una gran depresión y que necesita tratamiento.

INCONSOLABLE. “Perdimos mucho. Nuestra libertad y a un hijo”, dijo resignado Julio Jorge Guerra.
INCONSOLABLE. “Perdimos mucho. Nuestra libertad y a un hijo”, dijo resignado Julio Jorge Guerra.
24 Abril 2005
Los padres de Jorgito Guerra, el niño de 12 años que apareció muerto en noviembre dentro de un gran recipiente que estaba en el patio de su casa, recuperaron su libertad. Pero aunque ya lograron reunirse con sus otros tres hijos, están lejos de poder reconstruir el hogar que tuvieron.
En la humilde vivienda del barrio Nicolás Avellaneda IV (cerca de la rotonda de Camino del Perú y avenida Perón) reinan el silencio y el abatimiento. Beatriz Banda y Julio Jorge Guerra siguen acusados por el hecho y podrían volver a ser encarcelados si se acepta una apelación que prepara el fiscal."Estar en la cárcel es lo peor que puede sucederle a alguien. Más si es un castigo injusto. En la cárcel he vivido momentos penosos", murmura con la voz quebrada el padre de Jorgito. No puede contener el llanto.
"Cinco meses sin poder ver a mi esposa. Ella, detenida en otro lado. Mis hijos desparramados... Es algo que no se lo deseo a nadie", confesó el herrero y electricista de 35 años, que en el barrio es considerado un hombre trabajador.

Una versión confusa
Sin embargo, las sospechas de la Justicia cayeron sobre los Guerra cuando -a poco de conocerse la muerte del niño- trascendió un informe de una asistente social que aseguraba que Jorgito había mostrado los síntomas de un chico golpeado. Luego se aclaró que esas presunciones no habían podido ser confirmadas.
"No sé de dónde puede haber salido esa versión. A nosotros nos han encerrado casi cinco meses en la cárcel por algo que no hemos hecho -insistió Guerra-. No tienen pruebas para acusarnos. Durante la última declaración que hice, el propio fiscal me pedía que acusara a mi hijo mayor de ser el culpable de todo".
El hombre se refirió a una hipótesis en la investigación en la que se aventura que el hermano de Jorgito podría haber cerrado la tapa del tacho sin prever las consecuencias. "Yo no puedo acusar a nadie sin saber", sentenció el padre, mientras recuerda a Jorgito, un chico juguetón al que le gustaba el fútbol. "Pasaba mucho tiempo en la calle... Pero eso pasa con la mayoría de los chicos en este barrio. Desde la mañana hasta la noche salen a la vereda a conversar o jugar con los amigos", aclaró.
A pesar de que salió de la cárcel hace apenas unas horas, Guerra ya piensa en la necesidad de conseguir trabajo, porque su familia atraviesa una situación económica muy difícil. "Mi esposa está muy mal, muy deprimida; a veces se queda con la mirada perdida. Tengo que hacerla tratar", dijo.

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