Cansada de los robos, puso carteles para rogar a los ladrones que la dejen en paz

Planteos en Concepción. Las pancartas que María Inés Chequer colocó no sirvieron para detener al menor que ingresó el martes en su local. Decepcionada, la mujer decidió cerrar el negocio.

DESESPERADA. María Inés Chequer apeló a una inusual forma de protesta para evitar que le sigan robando.
DESESPERADA. María Inés Chequer apeló a una inusual forma de protesta para evitar que le sigan robando.
18 Abril 2005
CONCEPCION.- La panadería "Las Marías", ubicada en la esquina de Colón y Haimes, de Concepción, fue víctima el martes pasado del quinto robo en un año. Su propietaria, María Inés Chequer, cansada de ser despojada de sus bienes y de que los delincuentes, tras ser aprehendidos por la Policía, fueran liberados por la Justicia, decidió apelar a una inusual protesta: colocó pancartas en su negocio con leyendas destinadas a los ladrones y al Poder Judicial.
"Sr. ladrón: ya nos robaron todo. Hasta las esperanzas de que la Justicia nos proteja. Queremos trabajar tranquilos", dice uno de los carteles. Otro reza: "La Policía pone presos a los ladrones; la Justicia los larga".
La protesta no tuvo efecto, sin embargo, por lo que Chequer decidió cerrar definitivamente su negocio. La decisión, según confesó, fue tomada cuando supo que las personas que fueron detenidas el martes, luego de robar su panadería, habían quedado en libertad tras declarar ante la Justicia local.

Escondido en un armario
El autor material del hecho fue un menor que, aprovechando que a la siesta el comercio estaba cerrado y sin ocupantes, destrozó una vidriera e ingresó al local. Dos adultos, que se situaron al frente del negocio, habrían actuado de apoyo.
Un vecino advirtió lo que estaba sucediendo y de inmediato avisó a Chequer.
Cuando la propietaria de la panadería llegó, se encontró con los vidrios destrozados y con la caja de dinero vacía, pero adentro, según creyó, no quedaba nadie.
Cuando arribó la Policía, de inmediato se abocó a tratar de ubicar a los ladrones, desplazándose por los alrededores. Más tarde, una empleada llegó al negocio para cumplir su jornada de trabajo. Fue ella quien escuchó ruidos extraños en el negocio y pensó que se trataba de un roedor. Llamó a un vecino para pedirle ayuda y juntos empezaron a registrar el local.
Grande fue la sorpresa que recibieron al abrir un pequeño mueble y darse con el ladrón, que estaba acurrucado. Lo tomaron y lo entregaron a la Policía, que patrullaba cerca del lugar.
El adolescente, que después confesó, había sido enviado por dos hombres, a los que identificó de inmediato. Luego los uniformados procedieron a detenerlos en el barrio Costanera. "La Policía, como en otras ocasiones, actuó con eficacia. Pero estoy harta de que los ladrones sean detenidos un día, y al otro queden en libertad. Es el quinto robo que sufro en casi un año. Aquí me queda muy poco de lo que tenía. Se llevaron casi todo", lamentó. La comerciante aseguró que cerrará la panadería porque los saqueos que sufrió le provocaron un daño económico y moral irreparable. "Yo me pregunto, si la Justicia deja muy pronto libres a los ladrones, ¿quién nos va a resarcir por los despojos de que somos víctimas los que trabajamos en esta actividad?", planteó.
Chequer lamentó que su decisión de bajar las persianas deje sin trabajo a cinco empleados. "Todo esto, por culpa de los delincuentes", acotó indignada. La comerciante quiere ahora formalizar un planteo ante el Centro de Defensa Comercial del Sur. "Muchos empresarios somos víctimas frecuentes de los malhechores en esta ciudad. Por eso creo que todos van a estar dispuestos a exigir medidas para mejorar la seguridad", dijo la mujer.

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