02 Abril 2005 Seguir en 
"Alguien va a tener que pagar por todo lo que sufrimos mi familia y yo", dijo Rubén Darío Ovejero, quien, finalmente, luego de 518 días de estar en prisión por un crimen que aparentemente no cometió, salió anoche de Villa Urquiza. Una mezcla de sensaciones lo embargó. "Estoy muy feliz; siempre dije que era inocente. Sufrí muchísimo. No le deseo a nadie lo que yo pasé", dijo Ovejero que, desde el martes, estaba en huelga de hambre, para protestar por la falta de resolución de su caso.
El 23 de setiembre de 1993, a la vera del río Salí apareció el cuerpo de un hombre, asesinado a golpes. Nadie lo reconoció, por lo que lo sepultaron. En base a un dibujo que realizó un policía, un menor lo reconoció como Pedro "Ojota" Roldán. Otro vecino dijo que este había peleado con Ovejero y con Juan Carlos "Pelé" Juárez, quienes vivían en Los Vallistos. Entonces la Policía los detuvo y los acusó por el crimen. Juárez recuperó poco después su libertad, tras pagar una fianza, pero a Ovejero le dictaron la prisión preventiva. Desde entonces está preso. Pero el 30 de diciembre, el defensor oficial Jorge Rafael Montero recibió la declaración de una persona que decía llamarse Pedro Roldán. Sí, sorpresivamente, el hombre al que decían que habían matado apareció vivo. Entonces, Montero pidió el inmediato cese de prisión de Ovejero, hecho que recién se cumplió ayer luego de que los jueces de la Cámara de Apelaciones, Eudoro Albo, Elva Jiménez y Liliana Vitar, hicieron lugar a un recurso de hábeas corpus que había presentado Montero, y ordenaron su libertad, luego de que el juez Juan Francisco Pisa puso su rúbrica.
Ayer, cuando LA GACETA le nombró a Roldán, Ovejero se estremeció: "no quiero tenerlo ni cerca. Si pasa a mi lado, salgo corriendo", aseguró. Roldán -quien según los vecinos está siempre borracho y no tiene domicilio fijo- hace un mes que no aparece.
Ovejero que lo peor que le pasó en la cárcel fue estar en medio de dos motines, y agradeció el trato que le dieron los otros presos, como algunos guardiacárceles. "Los policías que me acusaron me destrozaron. Me quebraron los dedos, me ?picanearon?, me querían hacer disparar un arma para que me quede pólvora en la mano. Me torturaron. Aún tengo en el cuerpo las marcas de lo que me hicieron", dijo Ovejero, al reafirmar que le iniciará juicio al Estado por su situación. "Lo único que quiero es poder trabajar y ayudar a mi hermana Rosa, que peleó todo el tiempo desde afuera para que yo saliera", afirmó. Rosa Ovejero lo abrazaba y no se separó ni un minuto de él. En varios momentos, Ovejero se cubrió la cara con las manos y lloró. Siempre dijo que es inocente.
El 23 de setiembre de 1993, a la vera del río Salí apareció el cuerpo de un hombre, asesinado a golpes. Nadie lo reconoció, por lo que lo sepultaron. En base a un dibujo que realizó un policía, un menor lo reconoció como Pedro "Ojota" Roldán. Otro vecino dijo que este había peleado con Ovejero y con Juan Carlos "Pelé" Juárez, quienes vivían en Los Vallistos. Entonces la Policía los detuvo y los acusó por el crimen. Juárez recuperó poco después su libertad, tras pagar una fianza, pero a Ovejero le dictaron la prisión preventiva. Desde entonces está preso. Pero el 30 de diciembre, el defensor oficial Jorge Rafael Montero recibió la declaración de una persona que decía llamarse Pedro Roldán. Sí, sorpresivamente, el hombre al que decían que habían matado apareció vivo. Entonces, Montero pidió el inmediato cese de prisión de Ovejero, hecho que recién se cumplió ayer luego de que los jueces de la Cámara de Apelaciones, Eudoro Albo, Elva Jiménez y Liliana Vitar, hicieron lugar a un recurso de hábeas corpus que había presentado Montero, y ordenaron su libertad, luego de que el juez Juan Francisco Pisa puso su rúbrica.
Ayer, cuando LA GACETA le nombró a Roldán, Ovejero se estremeció: "no quiero tenerlo ni cerca. Si pasa a mi lado, salgo corriendo", aseguró. Roldán -quien según los vecinos está siempre borracho y no tiene domicilio fijo- hace un mes que no aparece.
Ovejero que lo peor que le pasó en la cárcel fue estar en medio de dos motines, y agradeció el trato que le dieron los otros presos, como algunos guardiacárceles. "Los policías que me acusaron me destrozaron. Me quebraron los dedos, me ?picanearon?, me querían hacer disparar un arma para que me quede pólvora en la mano. Me torturaron. Aún tengo en el cuerpo las marcas de lo que me hicieron", dijo Ovejero, al reafirmar que le iniciará juicio al Estado por su situación. "Lo único que quiero es poder trabajar y ayudar a mi hermana Rosa, que peleó todo el tiempo desde afuera para que yo saliera", afirmó. Rosa Ovejero lo abrazaba y no se separó ni un minuto de él. En varios momentos, Ovejero se cubrió la cara con las manos y lloró. Siempre dijo que es inocente.







